Your Type ®©

XVIII

HARRY

Mi mejor amiga me había dejado. Se había ido. Sin despedirse, sin esperarme siquiera, sólo se fue. El día que me confesó lo que sentía, llegué buscándola por todos lados, pero no obtuve ninguna respuesta. La llamé a su celular, pero nunca me contestó, estaba empezando a desesperarme.

    A veces esa mujer me sacaba de quicio. Pero, ¿llegar a tal punto de irse y sin siquiera avisar? No sabía por dónde empezar a buscar, lo que sí sabía era que la encontraría. Iría al fin del mundo si era necesario. Fui a casa de Louis y todos dijeron que no estaba, pero sabía que mentían. Ese mismo día dejé a Sunshine a su casa y en la tarde regresé de nuevo.

    –¿Ahora qué quieres Sterling? –preguntó en cuanto regresé.

    –Dime en donde está Zoelia –ordené.

    –¡Eso a ti te vale una gran madre! –gritó–. ¡Vete de aquí!

    –¡Por favor Lou! ¡Dime en dónde está! –grité suplicando.

    –¿A caso ahora te importa amiga? –preguntó–. Tienes a tu maldita perra ¿para qué la quieres? ¿Para que siga sufriendo por alguien que nunca le va a corresponder? ¿A caso querías que también estuviera contigo, aun tú estando con la perra? Zoe es una buena persona, que sólo cometió el maldito error de enamorarse de ti. Solo espero que nunca regrese a Londres y nunca vuelva a verte. Ojalá haga su vida y sea feliz con alguien que no seas tú –eso me dolió. No quería ni pensar que se hubiera buscado otro, el sólo imaginarlo, me hacía pensar muchas cosas que podría hacerle al tipo, Zoe era mía y de nadie más. Espera...

¿Harry que mierda te pasa?

    Traté de borrar el pensamiento en vano, Zoe ni siquiera era mía, nunca habíamos llegado lejos para reclamarla como mía. Y si se había ido para empezar de nuevo con alguien, al menos me hubiera avisado. Aunque pensándolo bien, no conocía a nadie, el último novio que tuvo fue hace más de tres años y al que ella quería cómo uno no le correspondía, sí señoras y señores, estoy hablando de .

    –Eres... –quise decirle muchas cosas a mi amigo, pero no me atreví.

    –Dime lo que quieras o llámame como quieras –replicó–. No te diré en dónde está.

    –La voy a encontrar y eso lo sabes muy bien –subí al carro y arranqué hacia la carretera. Divisé a lo lejos a Sunshine sentada afuera de la puerta de entrada.

¿Qué mierda?

    Sin decirle algo entre a casa y subí las escaleras hacia los cuartos, con ella siguiéndome. Revisé cajón por cajón del lado donde dormía, si lo dije bien, dormía, puesto que ya no vivía aquí porque se llevó todo, si, lo dije bien otra vez, todo. Buscaba que me dejara al menos una pista de donde podría estar, pero todo fue en vano. Incluso le hablé por teléfono y me mando a la mierda, como siempre lo hacía cada vez que se enojaba conmigo.

    Fue en el lapso de dos meses cuando empecé a extrañarla. Extrañarla de verdad. Extrañaba su risa, extrañaba cuando me llamaba Eddie, extrañaba cuando despertaba a lado mío. Extrañaba que siempre se reía de cualquier tontería que decía o hacía. Extrañaba todo de ella. Entonces, como extrañaba mucho a Zoe, ahora con Sunshine la situación se estaba complicando.

    Mi ahora ex novia me dejó. Así cómo lo dije, me dejó. Porque cuando empecé a buscar a Zoe, al poco tiempo empezó a quejarse de ella diciendo que era una niña malcriada y caprichosa. Una y mil veces le dije que no se atreviera a hablar así de mi amiga, Sunshine se hartó y me dio a elegir entre ella o Zoe. Yo elegí a mi amiga y ella agarró sus cosas y se fue, no sin antes confesarle que estaba enamorado de Zoe, es verdad.

    Al principio me preguntaba porque no dejaba de pensar en ella y porque la echaba de menos. Bien dicen que uno valora lo que tiene hasta que lo pierde. Así que un día desperté y no dejé de pensar en ella, cuando me di cuenta ya me traía demasiado loco. Tenía que traerla... No, eso no. Iba a traerla de vuelta quisiera ella o no.

    Un mes antes de enterarme en donde estaba me rendí; estaba dispuesto a dejarla ir, con tal de que ella fuera feliz. Le dije a mis amigos acerca de la situación y el único que me apoyaba era Liam, Louis y Niall sólo se burlaban de mí. Así qué opté por ignorarlos por completo. Desde que Zoe se había ido, nada volvió a ser lo mismo.




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