Zenara

CAPÍTULO 9 EL ARTE DE VIVIR CONSCIENTEMENTE

Hay personas que pasan años esperando que su vida cambie.

Esperan una oportunidad.

Una señal.

Una circunstancia favorable.

Un momento perfecto.

Esperan tener más tiempo.

Más dinero.

Más seguridad.

Más tranquilidad.

Más claridad.

Y mientras esperan, los días continúan pasando.

Un lunes se convierte en viernes.

Un mes termina.

Comienza otro.

Llega un cumpleaños.

Después otro.

Los hijos crecen.

Los padres envejecen.

Las personas cambian.

Las oportunidades aparecen y desaparecen.

Y una mañana podemos descubrir algo inquietante:

hemos estado viviendo, pero no siempre hemos estado verdaderamente presentes en nuestra propia vida.

Hemos cumplido obligaciones.

Hemos trabajado.

Hemos resuelto problemas.

Hemos respondido mensajes.

Hemos atendido responsabilidades.

Hemos corrido de un lugar a otro.

Pero quizá pocas veces nos hemos detenido a preguntarnos:

¿Cómo estoy viviendo?

No solamente:

“¿Qué estoy haciendo?”

Sino:

“¿Desde dónde lo estoy haciendo?”

¿Desde el miedo?

¿Desde la obligación?

¿Desde el amor?

¿Desde la costumbre?

¿Desde la necesidad de agradar?

¿Desde la fe?

¿Desde el resentimiento?

¿Desde el deseo de demostrar algo?

Esta diferencia puede cambiar una existencia.

Porque una vida consciente no es necesariamente una vida sin dificultades.

Es una vida en la que comienzas a reconocer lo que haces, por qué lo haces y qué consecuencias tiene aquello que eliges repetidamente.

No se trata de analizar cada segundo.

Se trata de dejar de vivir completamente en automático.

CUANDO LOS DÍAS SE PARECEN DEMASIADO

La rutina puede ser necesaria.

Nos permite organizar responsabilidades.

Nos ayuda a cumplir compromisos.

Nos ofrece cierta estabilidad.

Pero existe una diferencia entre tener una rutina y quedar atrapado en ella.

Cuando todos los días comienzan a parecer iguales, podemos dejar de percibir detalles.

Desayunamos sin saborear.

Caminamos sin observar.

Escuchamos sin escuchar realmente.

Hablamos mientras pensamos en otra cosa.

Comemos mirando una pantalla.

Llegamos a casa cansados y respondemos automáticamente.

Nos acostamos pensando en lo que falta.

Y así la vida puede pasar frente a nosotros como un paisaje visto desde la ventana de un vehículo en movimiento.

Está allí.

Pero no terminamos de contemplarla.

La conciencia comienza cuando recuperamos nuestra capacidad de notar.

Notar una conversación.

Notar una emoción.

Notar una reacción.

Notar una palabra.

Notar una oportunidad.

Notar el cansancio antes de convertirlo en irritación.

Notar una persona que necesita ser escuchada.

Notar una bendición que habíamos dejado de valorar porque se volvió cotidiana.

La vida está llena de cosas que dejamos de apreciar precisamente porque están siempre disponibles.

LO COTIDIANO TAMBIÉN PUEDE SER SAGRADO

Existe una tendencia a buscar lo extraordinario para sentir que la vida tiene significado.

Esperamos grandes acontecimientos.

Grandes viajes.

Grandes éxitos.

Grandes revelaciones.

Grandes cambios.

Pero quizá hemos olvidado que una parte inmensa de nuestra existencia está formada por pequeñas cosas.

Una conversación.

Un café.

Una comida compartida.

Una llamada.

Un abrazo.

Una caminata.

Una tarea terminada.

Una oración.

Una sonrisa.

Una palabra de aliento.

Una persona que confía en nosotros.

Un día en el que simplemente tuvimos la oportunidad de estar vivos.

Lo cotidiano no es insignificante.

Muchas veces es precisamente allí donde se construye la profundidad de una vida.

No necesitas esperar un acontecimiento extraordinario para agradecer.

No necesitas estar atravesando una experiencia espectacular para encontrar sentido.

Dios también puede encontrarte en lo sencillo.

En una conversación.

En una responsabilidad.

En una persona.

En una oportunidad para servir.

En un momento de quietud.

En una decisión que nadie verá.

Lo sagrado no siempre llega acompañado de acontecimientos impresionantes.

A veces aparece disfrazado de normalidad.

LA PRIMERA ELECCIÓN DEL DÍA

La manera en que comienzas una mañana puede influir en la manera en que atraviesas las horas siguientes.

No porque exista una fórmula mágica.

Sino porque los primeros pensamientos suelen establecer una dirección.

Puedes despertar y entrar inmediatamente en una cadena de preocupaciones.

O puedes comenzar con una pregunta diferente:

“¿Cómo quiero vivir este día?”

No:

“¿Qué quiero conseguir?”

Sino:

“¿Cómo quiero vivir?”

Quizá quieras vivir con paciencia.

Con honestidad.

Con serenidad.

Con generosidad.

Con firmeza.

Con fe.

Con atención.

Con gratitud.

No puedes garantizar que todo el día responda a tus deseos.

Habrá personas difíciles.

Problemas inesperados.

Noticias desagradables.

Cansancio.

Retrasos.

Errores.

Pero si eliges previamente una manera de responder, tienes un punto de referencia.

Puedes decir:

“Hoy intentaré no responder desde la ira.”

“Hoy escucharé antes de juzgar.”

“Hoy cuidaré mis palabras.”

“Hoy recordaré agradecer.”

“Hoy haré aquello que me corresponde sin obsesionarme con el resultado.”

Una intención sencilla puede modificar muchas decisiones pequeñas.

LA ATENCIÓN ES UNA FORMA DE AMOR




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