Zward

Capitulo 2 una estrella rota☆

Mientras se dirigían a Sevilla, el grupo se encontró con sus amigos que no habían ido a la escuela. Jonathan, conocido como Tachido, y Rocío, quien abrazaba a Tachido, notaron la llegada de Moni. Sin dudarlo, Rocío se lanzó a abrazarla. Tachido, por su parte, saludó al hermano de Moni, quien le devolvió el gesto.

Entre ellos estaba Víctor, que lucía con ojos cansados, como si no hubiera dormido bien.

-¿Qué hacen aquí? Pensé que no habían venido -preguntó Said, confundido.

-Es que, wey, Rocío me dijo que nos fuéramos de pinta y yo le dije que, pues sí... total, no teníamos clases importantes. Y pues ya, nomás nos pasamos en el parque -respondió Jonathan con una sonrisa.

-A no mames, ¿apoco también Víctor se fue de pinta, wey? -preguntó Jaime.

Víctor dejó escapar un bostezo:

-No, wey, lo mío fue porque se me hizo tarde por el trabajo... y por otras cosas. Los vine a acompañar porque si regresaba temprano me iban a poner a limpiar mi casa y quiero descansar un poco -dijo con voz cansada.

Rocío, curiosa, les preguntó hacia dónde se dirigían. Jaime le respondió que iban a Sevilla, lo que había escuchado Said. Víctor se sintió confundido, ya que no había oído nada, pero notó que mucha gente se dirigía hacia Sevilla, especialmente los de secundaria y los de su prepa.

-Chale, yo pensaba que estaban dando desayunos... y más por la gente que estaba yendo -dijo Rocío.

-¿Ves, wey? No soy el único que tiene hambre aquí -replicó Jaime.

-¡Piches hambreados, no mames! -exclamó Said.

-Ay, cállate, wey, que de aquí tú eres el más hambreado -respondió Rocio con una sonrisa burlona.

-A todo esto, ¿vienen? -comentó Moni.

-Yo voy, la neta quiero chismear a ver qué pedo -dijo Rocío.

-¡Ahuevo! Entre más, mejor -añadió Jaime.

-¿Y tú, Tachido? -preguntó Said, levantando una ceja.

-No puedo, wey. Tengo que ir por mi hermana y más horita que hay tráfico... no quiero que se enoje mi mamá -respondió Tachido, resignado.

-Chaa, ya ni modo -dijo Said, y tras eso, se despidieron de Tachido y Víctor antes de comenzar a subir hacia Sevilla.

-Tus amigos son raritos, ¿sabes? -comentó Andrés, provocando risas entre el grupo.

Mientras conversaban, Said sintió vibrar su teléfono. Al sacarlo, vio un mensaje de su novia:

Hola, amor. Perdón si no te mandé mensaje, he estado ocupada con mi mamá de aquí para allá. ¿Cómo estás? ¿Ya saliste de la escuela? Te extraño mucho...

Tranquila, mi amor. Estoy bien y no te disculpes. Es más, yo te pido perdón por no mandarte mensaje, pero es que está pasando algo aquí en Urby y mis amigos y yo estamos yendo a ver qué pasa.

¿De verdad? Cuando vuelvas me cuentas todoooo, pero me tengo que ocupar.

Sí, no te preocupes, mi vida. Yo igual te amoooo.

Said guardó su teléfono y se unió nuevamente a la charla de sus amigos. Sin embargo, a mitad de camino, Móni comenzó a quejarse.

-No mames, ya estamos a la mitad, solo hay que seguir -dijo Jaime, mirando hacia la subida.

-O sea, sí, pero el sol y luego la mochila que pesa mucho -se quejó Móni.

-No es por apoyarla, pero... yo también ya me estoy cansado -añadió Said en tono conciliador.

-¡Par de huevones! -exclamó Jaime, tomando la mochila de Móni-. ¿Ya, contenta?

Móni empezó a estirarse, sonriendo.

-Sí, sí, ya estoy contenta y ligera -respondió, aliviada.

Sin embargo, Rocío los miró y, con un comentario sarcástico, dijo:

-Se nota el favoritismo.

-¿Tú qué? ¡Pinche Chio! -exclamó Jaime, pero antes de que pudieran seguir discutiendo, notaron que muchas personas comenzaban a agruparse en un lugar. Said intentó ver, pero solo alcanzó a distinguir más y más gente.

-¡No se vayan a perder! -les advirtió.

-¿Ves algo? -preguntó Móni, intentando no ser arrastrada por la multitud.

-No, solo veo personas y más personas -respondió Said.

Rocío y Jaime también intentaron asomarse, pero sin suerte. Jaime, en tono burlón, dijo:

-Espero que sí estén dando desayunos, que ya hace hambrita.

-Uyyy, sí, unos taquitos de canasta o algo -continuó Rocío.

-Qué hambreados... Aunque sí se antoja... Pero no, no están dando desayunos -dijo Said.

La gente seguía llegando, empujándolos cada vez más. Móni tomó de la mano a su hermanito Andrés para que no se perdiera, mientras Jaime buscaba un lugar donde pudieran quedarse sin ser arrastrados. Empezó a moverse entre las personas, y Said lo siguió, pero se dio cuenta de que dejaba atrás a Andrés, Móni y Rocío.

-¡Andrés! - Moni le gritó -. Agarra le mano de Rocío.

Andrés obedeció, y juntos comenzaron a avanzar hacia Jaime.

Finalmente, llegaron y se soltaron de las manos.

-Vale madres, se está juntando la gente. ¿Qué hacemos? -preguntó Said, observando cómo llegaban motos y carros.

-¿Por qué no se adelanta Jaime? Así vemos qué hay ahí -sugirió Móni.

-Yo digo lo mismo, que vaya Jaimito y que nos diga qué pedo -añadió Rocío.

-Va, yo les marco. ¿Vienes, negro? -preguntó, Said dudo un momento. Sin embargo, al ver la multitud respondió-: Me quedo. Total, si no hay nada interesante, haré lo posible para sacarlos de aquí -dijo con una sonrisa.

Jaime asintió, dejó su mochila y la de Móni, y comenzó a moverse rápidamente entre la gente.

Mientras avanzaba, empezó a escuchar susurros. Al llegar al centro de la multitud, se sorprendió al ver el pavimento agrietado. Sin embargo, lo que realmente lo impactó fue un meteorito que había dejado un gran cráter.

Este meteorito era especial; tenía cristales que brillaban de manera hermosa bajo el sol. Jaime quedó maravillado por el color morado que emitían, sintiendo una paz inexplicable. Era un sentimiento que no sabía cómo describir, pero se sentía bien.

Acto seguido, marcó a Said.




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