999 Las dimensiones de Dios

Capítulo 2 - ESENCIA (Primera parte)

“Una pasión ardiente quema como el fuego; no se apagará hasta consumirse. El hombre sensual con su propio cuerpo no cesará hasta que su fuego lo devore. Al lujurioso todo pan le sabe dulce, no se cansará hasta su muerte.” Sir 23:17

 

- Si la matamos a ella pasará como la vez anterior. – Dijo el shedim de ojos rojos que estaba sentado en la cama. - Everiel sólo tiene que esperar unos pocos años a que crezca su nuevo Habitante y volveremos a tener el mismo problema. Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad? – Sentados en la cama, los dos shedim hablaban sin hacer grandes aspavientos. La voz profunda, calmada y seria del mayor contrastaba con la expresión del más joven.

- Voy a hacerlo, te lo prometo. Sólo dame un poco más de tiempo. – Pidió el otro.

- Me gustaría que no tuviera que ser así. Ya lo sabes, pero…

- Ya lo sé. Sé lo que tengo que hacer. – Espetó el menor de forma más brusca esta vez. ¿Cuántas veces tenía que decírselo?

- No tienes por qué hacerlo tú. Cualquier íncubo puede solucionarlo por ti, hermano. – Afirmó el shedim de los ojos rojos.

- ¡No! ¡No te metas! Esto es cosa mía. – Aseguró el joven alzando la voz. - ¡Yo me encargo de esto, ¿de acuerdo?! – La respiración del joven estaba más agitada de lo que a su serio hermano le parecía correcto. Cogió al menor de la barbilla con fuerza y le miró a los ojos. 

- Ya decía yo que estabas muy alterado, Araxiel. Tus ojos están muy oscuros. 

- Estoy bien. – Dijo apartando con violencia el rostro.

- Deberías ir a ver a Rajab. – El íncubo bajó la cabeza y desvió la mirada. El mayor suspiró y se levantó de la cama. – Siempre esperas demasiado. – Por unos segundos, esperó una respuesta, la cual no obtuvo, y luego se marchó de la habitación.

El joven íncubo se quedó allí, sentado en la cama con la cabeza agachada. Tenía una misión que cumplir, ya que más daba cual fuera su humor o el color de sus ojos. Sólo había una manera de cumplirla.


 

Nada supo de la criatura en varias semanas. Lo único que se apareció ante ella eran las pesadillas de no la dejaban dormir por las noches. Imágenes de fantasmas se aparecían frente a ella en cualquier rincón del hospital, lo que hacía que tampoco pudiera estar tranquila durante el día. Asesinos de película se colaban en su habitación y la acompañaban mientras compraba o mientras salía con sus amigas, siempre en sueños. Estaba rodeada de gente en sus pesadillas, pero nadie hacía nada para ayudarla. Pero lo peor, lo peor de todo eran las pesadillas que tenía sobre demonios, en las que invadían los cuerpos de aquellos a los que conocía y la acosaban y la hacían despertarse cubierta de sudor frío. 

Habían pasado semanas desde su encuentro en la azotea y había empezado a pensar que aquel shedim era una más de sus pesadillas. Pero, ¿cómo diferenciar la realidad del sueño? Muy simple. Todo aquello que sueñas pertenece a imágenes y conceptos que ya conoces con anterioridad. Es decir, en un sueño no puedes aprender, y ella había aprendido las palabras “íncubo” y “shedim” durante esa experiencia. Si esas palabras existían de verdad, aquella criatura existía también. Sin embargo, si buscaba en internet si esas palabras eran reales, rompería la promesa que le había hecho a la criatura. ¿Y si él se enteraba de alguna forma? Las dudas y las posibilidades empezaban a dar vueltas en su cabeza y agobiaban su mente. Siempre se decía a sí misma: un día más, sólo le esperaría un día más. Pero un día, después de esperarle todas las noches desde la ventana, situada junto a la cama de su madre, durante tres semanas, la espera careció por completo de sentido. Todo cambió cuando su madre, sin previo aviso, empezó a agitarse en la cama del hospital. Lynn, terriblemente asustada, salió corriendo de la habitación para pedir ayuda. Tras varias horas, cuando consiguieron estabilizarla de nuevo, el médico le dijo que su estado había empeorado. Ahora, las posibilidades de que despertara disminuían drásticamente. Lynn lloró, lloró en silencio para no molestar. Se encontró completamente sola, sus amigos de verdad estaban demasiado lejos como para acompañarla y no tenía a nadie más. Si su madre no despertaba, ya nada importaría de verdad. Mucho menos la criatura. Esa noche, Lynn rezó aún llorando. Si, como el shedim había dicho, existía un ángel de la guardia, éste la ignoró.

Una noche cualquiera, un par de semanas después del ataque de su madre, le vio aparecer en el mismo lugar que la última vez. Lynn se sorprendió al verle, pero luego desvió la vista y siguió apoyada en la ventana, evitando cruzar su mirada con la de él. Él esperó a que ella se moviera y fuera hasta él como la vez anterior, pero ella no se movió. La criatura desapareció de su campo de visióm y apareció segundos después en la puerta de la habitación. En vez de entrar, permaneció en la puerta, observándola, pero ella, aun sabiendo donde estaba él, no se giró para mirarle. 



Luz Camino del Amo

Editado: 19.10.2019

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