A donde quiera que vayas

31. Maravilloso y adorable

Más tarde, después de darme un baño y cambiarme la ropa, fui a la Estación de Policía. Había comprado un poco de comida y jugo para llevarles y que tuviesen una comida decente, al final de cuentas me sentía culpable por su recién descubierta rivalidad.

Pregunté si podía verlos por separado y el custodio me aseguró que no había problema, los habían puesto en celdas lejanas para que no pudiesen causarse más daño.

 Decidí encontrarme primero con Barto debido a los acontecimientos de la noche anterior y el amable celador me acompañó hasta la fría celda. Tuve que verlo a través de una pequeña abertura en la puerta de hierro.

—¿Estás bien? —pregunté.

  Barto asintió y pude notar que temblaba.

—Es por el frío —aseguró para disculparse—. Siento mucho lo que pasó, pero no dejaba de llamarme imbécil.

—Si, lo sé y también sé que nunca has sido un santo —sonreí débilmente y Barto colocó su mano sobre la abertura de la puerta.

Puse mi mano sobre la suya y le pedí que se inclinara un poco, quería verle.

—¿Recuerdas cuando intentaba protegerte de Erick? —preguntó con un hilo de voz—. Yo también te herí y en verdad lo siento.

—Tal vez tengo un poco de responsabilidad en todo esto —aseguré.

—No. Lucas y yo siempre hemos tenido nuestras diferencias, quizá es porque provenimos de mundos muy distintos.

—Pero estás arriesgando tu futuro y ambos sabemos que la música es lo que más amas en este mundo.

—¿Te refieres a la banda? No te preocupes, tal vez ni siquiera vamos a ser famosos. No somos tan buenos como crees.

Al fin Barto volvía a ser el chico humilde del que me había enamorado.

 —¿Sabes? He estado pensando que quizá Lucas tenga razón, soy un maldito egoísta, tal vez si haya ido a buscarte por las causas equivocadas —agregó.

Me dolió hasta el alma escucharle decir aquello.

—¿No me… amas? —pregunté temerosa.

—No se trata de eso, Lú, quizá no te amo de la manera en que te ama él.

 Guardé silencio algunos segundos para poder asimilar su confesión.

 —Salí con otras chicas, me acosté con ellas —confesó avergonzado—. Estaba maravillado de lo que podía conseguir con tan solo decirles que tocaba en una banda y que estaba grabando un disco. Tú mereces mucho más que eso. Y ya sabes como somos los hombres, en cuanto vemos perdido algo que fue nuestro, nos valemos de cualquier artimaña para intentar recuperarlo.

—Por favor, Barto —dije cerrando los ojos como si así pudiese borrar sus palabras.

—En cambio Lucas usaba su tiempo libre para venir aquí y verte —hizo una breve pausa para recuperar el aliento—. Estaba vuelto loco porque no sabía si habías dejado de amarme, puse a prueba tu amor y tu paciencia, mientras yo me dedicaba a buscarlo como un estúpido con cualquiera que se sintiese un poco atraída por mí.

—No hagas esto, Barto.

—¿Te das cuenta? De una u otra manera terminaré decepcionándote y no puedo cargar con eso.

—No —dije suplicante—. No me hagas esto, no ahora, podemos superarlo.

—No, no lo haremos. Tú dejarás que siga el curso de las cosas, volverás con Lucas. Tú misma lo dijiste, él te protege, yo solo te lastimo.

—Barto —susurré con lágrimas en los ojos.

—Ve a verlo, creo que se lo llevaron a la enfermería para darle un par de puntadas y dile que lo siento.

Retiró su mano de la abertura de la puerta y se alejó de mí.

Me quedé ahí, de pie por un par de minutos sin saber qué decir, luego el celador me dijo no debía desperdiciar mi tiempo si es que aún deseaba ver a Lucas. No tenía mucho tiempo.

—La respuesta a la pregunta que hiciste es “sí” —fue lo último que dije y luego me alejé intentando no mirar atrás.

 



Aletor

Editado: 17.01.2019

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