Ángeles en el infierno: No puedes escapar de quién eres

Recuerdos que queman.

Los ojos de Angeles se abrieron pesadamente, encontrándose con una escena idéntica a la de la primera vez que despertó a su lado, a ese sueño triste del cual no acababa de despertar nunca...
 

Los primeros rayos del sol comenzaban a filtrarse por las ventanas iluminando tenuemente la habitación cuando abrió los ojos por primera vez en su nueva vida. Porque si, La que era había perecido en aquella infernal noche y ahora le tocaba comenzar una vida completamente diferente que La que supo tener. Todo a su alrededor era completamente blanco, frío e impoluto, y solo un 
–pip– que se repetía una y otra vez rompía con el completo silencio reinante. Sus ojos volvieron a cerrarse. Se sentía tan cansada que incluso mantener los ojos abiertos se sentía como un esfuerzo sobrehumano. Todo su cuerpo dolía. Trato de recordar que había ocurrido, pero solo veía fuego a su alrededor. Se quemaba... y esa infernal sensación de no poder respirar... ¿aquello había sido solo una pesadilla? ¿seguía dentro de un sueño?

-Ese maldito sonido es tan molesto...- susurro una voz en su cabeza. Se obliga a abrir los ojos nuevamente para buscar la fuente y se ver rodeada de maquinas. Se mira a si misma, los vendajes cubriendo todo su cuerpo le indicaban que todo había sido real. Con dificultad logra girar la cabeza
No esta sola, Leo se encontraba durmiendo a su lado. Su cuerpo esta aun mas cubierto de vendajes que el de ella.

–Leo...–susurro. –Estas bien...– una sonrisa se dibujo en los labios del chico como respuesta. Sus ojos azules se abrieron con pereza y se fijaron en los de ella, levantó una de sus manos y acarició con suma delicadeza
su mejilla, casi como queriendo comprobar que no era un espejismo o una mala pasada de los medicamentos, ella estaba allí, despierta, recuperándose.

-Al fin abres los ojos mí ángel, me tenias muy preocupado.- Ángeles intento ponerse de pie, pero una fuerte puntada atravesó su cuerpo de atrás hacia adelante dejando escapar de sus labios un pequeño grito lleno de dolor.

-Despacio... te operaron hace muy poco, tú herida puede abrirse.- dijo Leo alarmado.

-¿Operación? ¿que paso?- trata de hacer retroceder el tiempo. Todo era nebuloso. Nuevamente volvieron a su cabeza las imágenes del fuego, mucho fuego, gritos, disparos, muchos disparos, el silencio, el maldito e infernal silencio... La invade una asfixiante sensación de angustia y las lagrimas comienzan a rodar por sus mejillas, mientras se acerca más y más a La última escena de esa película de terror.

Las fuerzas los abandonaban cada paso generaba un dolor indescriptible, el calor abrazado les quemaba cada centímetro de piel expuesta, y para culminar con todo, el fuego los tenia acorralados. Cada vez que creían haber encontrado una salida de aquel laberinto de arboles y fuego, se encontraban con que el camino estaba bloqueado, con que no tenían por donde pasar.

Ya no había dirección en La cual escapar. Ambos se miraron con resignación sabiendo que el final era inevitable. Si no morían presos de la llamas, lo harían por el humo
toxico que inundaba sus pulmones.

–No quería que esto terminara asi... Lo siento Leo...–

–Morir a tú lado no es tan malo...– dice con una melancólica sonrisa dibujada en sus labios. –Es mejor que vivir sin ti mí ángel.–

–Acaso ni en estas circunstancias puedes tomar las cosas enserio?– Soltó la chica en tono de reproche. Leo la sujeto bruscamente por la cintura y la apego a su cuerpo, logrando que soltara un suspiro.

–Nuca hablé tan enserio en toda mí vida. Te amo. No se cuando empecé a sentir esto, pero es lo mas real que he sentido nunca y no me arrepiento de absolutamente nada... porque prefiero morir a tú lado esta noche que vivir una eternidad sin ti- Sorprendida ante aquellas palabras, sus ojos se abrieron de par en par y sus mejillas se tornaron rosadas, gesto adorable que no paso desapercibido para Leo. 
Desde que lo vio por la primera vez quiso escuchar aquellas palabras salir de su boca, y ahora al borde de desaparecer, el derriba la última muralla de miedo que resguardaban su corazón. Se inclino hacia ella y se fundieron en un último beso. La chica cerró los ojos y se dejo guiar por sus labios expertos que acariciaban 
los suyos con suavidad y ternura. Su primer beso, ciertamente nunca, ni en sus mas alocadas fantasías espero que fuera así, en aquellas terribles circunstancias, tampoco imagino que sentiría como si algo estallara dentro de su pecho, que se besaba con todo el cuerpo, con cada centímetro de piel, que cuando se separara de él se sentiría débil y de cierto modo vacía y terminaría por suplicarle con la mirada que lo volviera a hacer una vez mas.

-Esto no es justo.- Logro articular con la voz rota.

-¿Que no es justo?- pregunto mientras con delicadeza La obligaba a mirarlo. Sus ojos se habían vuelto cristalinos y no precisamente por el humo.

-Que mi primer beso tambien sea el último...-

-La vida no es justa pequeña... pero quien te dijo que sería el último...- Se separo un poco y pudo ver una sonrisa picara en sus labios antes de que terminara por acallar las palabras con un beso aun mas apasionado e intenso que el anterior, uno que despertaba sensaciones desconocidas y la insaciable necesidad de aumentar el contacto, de acortar aun mas la distancia si es que aquello tenía sentido. Despertó un fuego en su interior aun mas intenso que el que los rodeaba y amenazaba con destruirlos. Leo era capaz de robarle la cordura y hacerla sentir que sus pies dejaban de tener contacto con la tierra, el mundo estando a su lado dejaba de girar y todo lo malo desaparecía, sin embargo tenía miedo. No quería que todo terminara asi, que el muriera por su culpa, todos sus planes, lo que quería para 
su futuro, todo acabaría esa noche... no podía respirar, su garganta se le cerraba, quemaba, y el olor a Humo inundaba todo. Sus piernas comenzaban a fallar. Luchaba por mantenerse de pie, no quería rendirse, no podía, pero el cuerpo ya no le daba para más. Recostó su cabezo sobre su pecho de Leo sintió y los latidos de su corazón, rápido y fuerte, tanto como el de ella, y La invadió una sensación de paz que pocas veces había experimentado. Nada importaba, solo una frase pudo salir de sus labios antes de que las lagrimas comenzaran a caer nuevamente.



AylenAnabelle

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En el texto hay: vengaza, romance, drama

Editado: 11.01.2020

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