Anomos: Sombras del espacio

26- Regreso al pasado

504 d.d

Maes

Llevaba tanto tiempo viendo a rudos hombre llorar como niños, que nunca pensé que Romu también sería otro aguantando demasiado peso en su espalda y termino por romperse. En especial tomando en cuenta que él ha vivido siglos.

El logro superar la barrera que forme cuando Barista rompió al chico inocente y confiado que era. No me equivoque con Romu, el día que lo encontré en el desierto lo vi en sus ojos rojos, luchaba por la vida aunque por dentro estaba destrozado, se parecía a mi madre, roto pero que no deja que sus debilidades opaquen sus fortalezas.

Romu termino por caer dormido en mis brazos, lo acosté y arrope. Parezco un padre cuidando de su hijo, el criar a Tarik de verdad dejo una huella paternal en mí.

Me asegurare de entrenarte para que también protejas tu vida y darte lo que te prometí. Te saque del desierto, eres mi responsabilidad y no pienso fallarte de nuevo.

°°°

Romu

Cuando desperté me encontré directamente con un conjunto de ojos grises que me observaban con curiosidad.

- ¿estás bien? – pregunto Tarik con timidez apoyado en el borde de la cama.

- si – respondí con una voz adormilada.

- ¡genial! – grito y se encaramo a mi lado con un libro en sus manos.

- Tarik te despertó – dijo Maes al entrar al cuarto.

- lo hice – dijo Tarik, mientras abría su libro lleno de dibujos.

- ¿Te ayudo? – me ofrecí al ver que Maes traía una bandeja en sus manos y un bolso colgando de su hombro.

- Estoy bien – puso la bandeja frente a mí – come algo, llegaremos pronto a la sede – dejo el bolso a los pies de la cama – aquí tienes ropa nueva.

- Gracias – dije mientras tomaba un emparedado de la bandeja – ¿quién los hizo? – pregunte señalando el emparedado – porque sé que tu ni siquiera sabes calentar una comida ya preparada.

- gracias por alabar mis habilidades culinarias – siguió mi burla – pero estas en lo cierto, mi hermano los hizo.

- ¿tu hermano está aquí? – la puerta volvió a abrirse.

- claro que estoy aquí y en toda su galantería – dijo el hombre que entro y me congele.

¡Rayos! Su hermano mayor es un Bashar, pensé que nunca volvería a ver uno de sangre pura, como siempre su presencia parece etérea y provoca escalofríos en mi cuerpo. Todo en ellos siempre es puramente blanco, desde su cabello, ojos y piel que resaltaba por el negro traje de Anomos que se apega al delgado cuerpo del hombre que irradia poder y posee un aire que te paraliza.

- Así que, tu eres el famoso Romu de Albora, príncipe legítimo de los Gobyt...o lo fuiste al menos – un escalofrió bajo por mi espalda cuando revelo una parte de mí que me empeñaba en olvidar.

Se sentó, tomo unos de los emparedados y empezó a comer, como si no acabara de lazarme una granada a la cara.

- ¿Príncipe? – pregunto Maes en sorpresa.

- ¿Cómo lo sabes? – le pregunte al hombre y después recordé sus marcas mentales. Claro que la sabia mi pasado y el idiota quebró la diminuta tranquilidad que estaba creando en mi interior.

- algo me dices que no tengo que responde tu tonta pregunta – ¡ah! como detesto que se metan en mi cabeza.

Trate sin muchos logros de tranquilizarme y busque desviar el tema central de la conversación, pero no lo logre cuando Maes se me adelanto.

- Yo quiero saber eso del príncipe – Maes arrojo un cojín a su hermano, que lo sujeto con su mano antes de golpearlo – tú, ¿porque no me dijiste que lo conocías?

- No hace ninguna diferencia, aunque si hubieras prestado atención a sus modales refinados lo hubieras averiguado – le respondió a Maes, que me observo mientras mordía mi pan, alce una ceja, fingiendo ignorancia.

Como odiaba esa mirada que te analiza buscando que cometas un error.

- No me mires así, mis modales se fueron por el escusado hace años - volví a morder el pan y me maldije por el desliz que confirmo las palabras de su hermano.

- ¿Porque no dijiste nada? - pregunto sin quitarme la mirada.

- Nunca me gusto ser parte de la realeza, mucha responsabilidad y muy asfixiante – dije con una mueca al recordar aquellos años de soledad antes de conocer a Gaikiri y el resto que le siguieron cuando ella se casó con mi hermano.

- ¿En serio? – Alzo una ceja el Bashar – si mis fuentes no fallan tú y tu esposa solían ser mejor recibido por tu pueblo que tu hermano y su mujer – lo sentí, como una daga atravesaba mi pecho de dolor.

Qué tipo de Bashar revelo los secretos de otros como si no significaran nada, los que yo conocí era cuidadoso y reservados con lo que descubrieran de otros. Nai y su tío siempre pedían permiso antes de interferir de manera intima en la vida de otros, para saber si sus palabras eran recibidas o preferían no ser escuchadas. No a todos les gusta conocer la verdad.

- ¡¿Esposa?! – grito Maes.

Quería matar al hermano de Maes por abrir su gran boca y arrebatarme el gran momento de paz que tenía antes que el cruzara la puerta. Me pregunto si podre arrojarlo por la escotilla y sin casco.

- ¿Que tanto sabes? – le pregunte ignorando la cara de sorpresa de Maes.

- no todo, pero lo suficiente al parecer por tu cara pálida – sonrió satisfecho con su conocimiento.

¡Mierda!

Resignado tome aire y me dispuse a hablar sobre un pasado que solo quería dejar en el olvido y los sueños, además sentía que le debía a Maes una explicación, cuando el me contó su pasado le fue difícil pero lo hizo.

- sí, estaba casado – dije recordando lo delicada y amable que solía ser Sekia, ella era todo lo opuesto a Nia – pero era un príncipe sin derecho a subir al trono, asique solo debía obedecer las órdenes de mi padre.

- Eso... - dijo Maes, que tomo a su hijo en brazos y se sentó a mi lado en la cama – ¿fue un matrimonio arreglado? – asentí, recordando que lo había hecho para que mi padre no eliminara el pequeño de dónde provenía Sekia. Al menos me gustaba pensar que había salvado vidas con mi matrimonio en lugar de la verdad, que había sido amenazado si no lo hacía.



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En el texto hay: familia, amor, amistad

Editado: 24.07.2020

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