Ante los ojos de los dioses

Capítulo 12

No pasaron ni cinco segundos cuando Adrienna hizo una mueca e intentó toser. Harmony en un instante estuvo a su lado para tratar de socorrerla.

—Tranquila, Adrienna, tranquila. Estoy bien, no me pasó nada, grite porque estaba feliz por Ares —dijo con rapidez Harmony intentando calmar a su prima y que no tratara de hacer más esfuerzos de los necesarios.

Adrienna cuando logró recuperar el aliento se recostó de lado en la cama con la mirada en dirección a la puerta. Sus ojos lucían perdidos, pero a pesar de eso una pequeña sonrisa apareció en su cara.

—Por favor, no intentes volver a pararte, por favor —pronunció Harmony con las lágrimas comenzando a salir de sus ojos.

Adrienna no respondió ni se movió, sin embargo, luego de unos instantes musitó muy suavemente—. No… te tuve…que… salvar —fue tan baja su voz que Harmony a pesar de tener su cabeza sobre sus piernas, tuvo que hacer un esfuerzo para entenderla y cuando lo hizo no pudo evitar que sus ojos se volvieran a cristalizar.

—No, pero la próxima deja que sea yo quien te cuide, tú ya me salvaste en una ocasión. Mi vida es mi teléfono —rio tratando de disipar el peso que se había instalado en su corazón y en el cuarto—. El que si te salvó fue Ares —agregó hasta cierto punto con picardía y alegría.

» Drienna... creo que por fin Ares te ve como de los suyos —confesó exuberante de alegría—. Aunque él no sea consciente de ello todavía, parece que por fin acepta que también eres nuestra familia —completó con una sonrisa radiante que Adrienna a pesar de no verla, la sintió en las palabras de Harmony y con una exhalación cerró los ojos sintiendo que no dejaba cabos sueltos.

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Al poco tiempo de que Adrienna se quedó dormida, llegaron Gabriel y Ares con Efesto y Carponio, así como Adara y Laila quienes habían estado preparando vendas y agua fresca para cuando llegaran los médicos. Pero no fue sino hasta un par de horas después cuando Efesto declaró que Adrienna estaba fuera de peligro y también aprovecho para darles unas pastillas más fuertes para la muchacha, teniendo una idea de que algo así podría pasar. Sin embargo, Adrienna había vuelto a adquirir una fiebre constante que mantenía a todos alertas y a pesar de que lo intentaron, tanto Laila como Gabriel fueron echados de la casa luego de cenar bajo el argumento por parte de Adara de que seis personas en vela ya eran suficientes.

Decidieron turnarse para cuidar a Adrienna, pero al ver que por fin cerca de la medianoche la fiebre dejó en paz de momento a la mujer, se dispusieron a dormir. Dejando obviamente a cargo a uno de ellos para que la cuidara y la elegida fue Harmony que decidió descansar justo en frente de la cama de Adrienna en caso de que se durmiera y la mujer despertara, pues ella bien que sabía que tan profundo era su sueño…

Los ojos de Adrienna se movían inquietos bajo sus párpados hasta que con una bocada de aire la chica despertó, muy agitada cabe decir. Vio con frenesí en todas direcciones angustiada, pero todo era oscuridad. Comenzó a respirar con calma tomando grandes bocanadas de aire para calmarse y cerró los ojos sudando frío, intentando dormirse, pero con un sollozo volvió a abrir los ojos al nuevamente ser golpeada por las escenas de su pesadilla…

Ares se levantó con cuidado intentando no despertar a Aleyda quien había caído dormida tan solo tocar la almohada tras un largo día de fuertes emociones. Caminó por el pasillo, resistiendo el entrar al cuarto de Harmony y Adrienna para ver cómo estaba la última.

Con una exhalación siguió su camino a la cocina y abrió la nevera en busca de agua cuando un sonido llamó su atención…

—Adrienna, ¿cómo… por qué estás aquí? —preguntó alarmado Ares al ver el menudo cuerpo que se sacudía encogido apoyado en un costado de la cocina.

—No hay luna —murmuro Adrienna sin dejar de lagrimear o moverse. Ares alzó la vista y vio que tenía razón por lo que con un juramente corrió a encender una vela y la puso a un lado de Adrienna.

— ¿Mejor? —interrogó con cuidado. Adrienna lentamente sacó su cabeza del refugio que había formado con sus brazos e inmediatamente se calmó al ver levemente iluminado su entorno por la vela que había encendido Ares. Con cuidado asintió y clavó su mirada en el hombre.

— ¿Hace cuánto estás aquí? —cuestionó Ares en medio de un suspiro al dejarse caer a un lado de la mujer.

—No lo sé —respondió lentamente—… No me pudo mover.

Ares se tensó y con cuidado, despacio retiró los brazos de Adrienna de sobre sus piernas viendo como la chica hacia una mueca por esto, pero no lo detenía. De igual forma la ayudó a estirar sus piernas e inmediatamente luego de un quejido, Adrienna suspiró aliviada.



Athenea

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En el texto hay: viajes, amor, dolor

Editado: 09.04.2020

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