Ante los ojos de los dioses

Capítulo 13

Todo se puso en marcha en cuanto llegaron a la casa de Adara, lo más difícil sería sacar a Ares del lugar, pero Aleyda sin saberlo les facilitó eso. Adrienna estaba en su cuarto dormida al cuidado de Harmony y la chica se encargó de que no se despertara por accidente antes de tiempo. Gabriel se cambió la ropa, Adara y Laila acomodaron las sillas y sombrillas, y los mellizos trajeron películas, libros y música luego de cambiarse la ropa. Decidieron dejar a Adrienna tal y como estaba, y luego Gabriel la levantó y se la llevó con cuidado a la terraza…

Sentía como algo frío rozaba sus piernas relajándola y ronroneo ante esto.

—Hey, recuerda que estoy comprometido —bromeó Gabriel al escucharla.

Adrienna frunció el ceño al oírlo—. ¿Qué haces aquí? —murmuró adormilada.

—Evitar que te lleve la marea —respondió con simpleza.

Al principio no lo entendió, pero respingó al caer en cuenta que estaba sumergida en algo y se aferró con fuerza al cuello de Gabriel.

—Tranquila —dijo el beisbolista frotando sus hombros.

Adrienna vio con ojos asustados que estaba metida en el mar, pero al voltear atrás notó que no estaban ni a diez pasos de la orilla.

— ¡Despertaste! —celebraron los mellizos acercándose por el agua vestidos con sus trajes de baños.

— ¿Qué…?

—Aprovecha, hija —escuchó de pronto y al voltear se topó con su abuela, Harmony y Laila quienes estaban tomando el sol muy relajadas en el patio— que, si Ares nos ve haciendo esto, mínimo nos deshereda, sabes cuánto se preocupa por tu salud —señaló escuchando las palabras de las otras dos confirmando lo dicho.

Adrienna se sonrojó levemente, bajó la vista y vio que solamente tenía puesto un vestido de algodón y una camisa que no era suya, a lo que frunció el ceño por esto.

—La camisa es mía —dijo Gabriel—. Es para “proteger tu pudor” en caso de ser necesario —explicó con una sonrisa. El chico estaba sentado en la arena y el agua le llegaba a la cintura mientras tenía la tenía en su regazo y sus piernas estaban extendidas a todo su largo.

— ¡Es para ayudarte! —dijeron los mellizos sin dejar de sonreír captando su atención—. Así te puedes mover con más facilidad.

—Y el agua debería resultar como una calmante —agregó Melody con una sonrisa resplandeciente.

Adrienna sintió como sus ojos se humedecían, pero de un ademán espantó las lágrimas y les regresó la sonrisa, así que a eso se referían con ayudarla, pensó son alegría.

—Y no te preocupes, que de aquí no me voy a salir hasta que estés satisfecha y cansada de jugar en el agua —dijo Gabriel solemne.

—Tampoco para tanto, un rato y ya, hay que recordar la salud de Adrienna —rebatió con el ceño fruncido Laila.

Los dos como de costumbre comenzaron a pelear, pero se vieron interrumpidos por la risa de Adrienna.

—Muchas gracias —dijo la peli castaña recuperando el brillo de su mirada que se había perdido hace un tiempo.

» Bien, —pronunció viendo a los mellizos— ¿qué me recomiendan mis maestros? —preguntó comenzando a mover muy levemente sus piernas. Los niños saltaron en su lugar y comenzaron hablar muy animados. Los más grandes rieron por su entusiasmo y no fue sino algunas horas después que finalmente todos salieron del mar, pues luego de algunos minutos su abuela, Harmony y Laila también se les habían unido.

Ella se comportó como una niña que va al mar por primera vez y los demás rieron por su entusiasmo, pero eso no opacó su felicidad.

—Ahhh, esto es vida —suspiró Adrienna cuando por fin se tendió en una silla, sintiendo como el sol calentaba su piel casi de inmediato. Escuchó como colocaban a su lado algún jugo y también como Melody comenzaba a jugar con su cabello mojado mientras Heracleo había traído unos juguetes y jugaba a sus pies sobre la tumbona. Harmony y Laila hablaban sobre algo (moda o libros de seguro) y Gabriel había desaparecido adentro con su abuela…. Un momento.

Se sentó rígida y clavó su mirada en el interior de la casa, volteando a tiempo para ver a Gabriel salir con un delantal y una bandeja, seguido de su abuela quien le daba indicaciones.

—No vayas a derramar nada.

—No, señora Vranjes —respondió Gabriel obediente colocando un plato sobre la mesilla que había a un costado de ella. Todos habían detenido lo que hacían para ver al par incrédulos.



Athenea

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En el texto hay: viajes, amor, dolor

Editado: 09.04.2020

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