Ante los ojos de los dioses

Capítulo 18

Nota de autora: Hola a todos mis lectores, después de un tiempo finalmente les traigo el capítulo número 18 de esta historia y quería aprovechar para aparte avisarles, que solo quedan un capítulo más el epílogo para que termine esta aventura, les agradezco mucho a todos los que han seguido esta novela desde el principio y quiero que sepan que así de momentos sean unos cuantos los que estan atentos a lo que me invento, es por ustedes que me impulso para terminar mis historias e idear muchas más.

Ahora, comencemos con el capítulo.

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Ares apretó la mandíbula y con mirada seria se dirigió al edificio que comenzaba a perfilarse al final de la calle, sabiendo que se había tardado en hacer esa visita

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—Y, cuéntame nuevamente ¿cómo fue que terminaste de novia de Ares?

—Gabriel, ¿otra vez? —rezongó Adrienna por quinta vez en lo que iba de hora. La chica estaba escribiendo algunos artículos para su trabajo y Gabriel había decidido acompañarla, pero en todo ese rato no había dejado de preguntar lo mismo.

—Oye, no es mi culpa, linda, que tenga mis dudas. Hasta hace nada ese tipo estaba de novio de una chica que intentó matarte —El beisbolista hizo una mueca—. No es por nada, pero es comprensible que sea un poco escéptico.

—Ya lo sé —suspiró. Honestamente hasta ella las tenía, pero era algo que le dictaba su corazón, mas cuando este se callaba su mente entraba en acción y Gabriel no le estaba ayudando mucho precisamente.

—Pero en algo hay que estar claros, al hombre hay que darle créditos, casi acaba con las flores de la señora Adara —pronunció con una sonrisa pícara Gabriel señalando con la mirada el vaso con agua que la chica tenía junto a la ventana donde descansaban varias flores.

Adrienna sonrió de acuerdo con él, sintiéndose feliz sin poder evitarlo pese a todo.

—Y también que por tu expresión estas desvariando en tu análisis, dentro de tu mente.

— ¿Cómo sabes eso? —interrogó suspicaz.

—Baby, no por nada te conozco desde los cinco —dijo viéndola con insistencia y clavando su mirada en ella hasta que la chica suspiro, ocasionando que se sintiera triunfante—. Guarda tu trabajo y comencemos por el principio, a ver si así me ayudas a entender mejor esta historia, porque honestamente estoy viendo a Ares como alguien voluble y quiero evitar el que la sangre llegue al río si te hace daño… aunque en este caso sería mar —señalo pensativo con lo último.

Adrienna suspiro una vez más escuchando en su mente la voz de Laila diciéndole que se le escapaba la felicidad, y es que hasta cierto punto era verdad. En los momentos cuando se ponía a analizar todo lo que había pasado en tan solo DOS semanas, dos efímeras semanas, se quedaba en blanco.

Y es que, si bien el dicho decía que ‘del odio al amor solo hay un paso’, nunca pensó que fuera tan literal. Pensaba y pensaba hasta que le dolía la cabeza o aparecía Ares, y en estas últimas ocasiones se ponía tensa nada más verle, pero era que el oji gris sonriera para volver a relajarse, y eso la tenía molesta porque, ¿cómo era posible que ahora fuera tan susceptible con su entorno y sentimientos?

Adrienna gimió frustrada apoyando los codos en su escritorio y tapándose la cara. Ciertamente estaba asustada, pues como le había confesado a Laila, ni siquiera por Gabriel había sentido algo así, y con él había soñado hasta tener hijos, cosa que no era fácil de admitir, pero con Ares… se imaginaba teniéndolos.

Agradeció tener escondida la cara porque sabía que Gabriel no dejaría de molestarla al ver que se había puesto roja (para variar). Cuando soñaba con la vida que pudo tener con él, digamos que siempre se había saltado ese paso, pero con Ares era difícil obviarlo, e imaginaba todo lo que en verdad conllevaría una vida a su lado. Amanecer juntos, desayunar juntos, tener alguien con quien contar siempre, apoyarlo en los momentos difíciles, se imaginaba claramente al loco bruto egocéntrico ese regalándole flores.

Todo eso estaría bien… ¡sino fuera porque no tenían ni una semana de noviazgo!

Gabriel decidió que cuando Adrienna gimoteo por segunda vez era momento de intervenir, ya tenía suficiente experiencia como para saber que los momentos de reflexión de esa chica, por muy largos que fueran, podían hacer cualquier conversación más fácil de desarrollar, así que simplemente había esperado con tranquilidad a que se desahogara con ella misma antes de intervenir.



Athenea

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En el texto hay: viajes, amor, dolor

Editado: 09.04.2020

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