Auro

CAPÍTULO XXXVIII

Mi ceño se frunció completamente al escuchar las palabras de Mason. ¿Qué rayos acababa de decir? Él se encontraba a escasos metros de mí y su postura corporal parecía la de un pobre chico resignado. Sus hombros estaban sueltos y el peso de su cuerpo recaía sobre una de sus piernas mientras sus ojos claros no dejaban de mirarme.

—¿Qué dices? —le pregunté incrédula.

—Hay muchas cosas que no sabes, cosas que cambiarían rotundamente tu manera de pensar. Pero no puedo decírtelas ahora. Yo sé que esto debe ser muy extraño para ti, mis repentinos sentimientos, la mafia, Auro, el saber que tu hermano estuvo relacionado a Akim, entiendo que debes estar hecha un enredo y no quiero empeorarlo, Zoe. Solo quiero que sepas que lo que siento no va a afectarte a ti. No intentaré nada si eso es lo que te preocupa, no intentaré ganarme tu corazón, no intentaré luchar por ti. Quiero que estés bien y es por eso que no estoy de acuerdo con lo que sientes por Auro porque sé la clase de persona es.

Lo interrumpí.

—No, Mason, no lo sabes. Tampoco yo lo sé. Todo al rededor de Auro es un gran misterio. Ni tú ni yo sabemos quién es en realidad, ni qué oculta o no. Además, Mason ni siquiera me conoces, ¿cómo es posible?

Y era verdad. Incluso si mi corazón quería creer en cada cada palabra que saliera de la boca de Auro, mi poca razón me decía que en sus ojos celestes había algo muy oscuro. Él, su personalidad, su aura. Era una constante lucha dentro de mí; la interminable guerra entre la claridad y la oscuridad.

—Tampoco tú conoces a Auro y eso parece no importarte. Zoe, si mis sospechas resultan ser ciertas y Auro en realidad es Akim puedes estar en peligro.

La puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió de golpe, causando que yo pegara un pequeño brinco. Giré mi cuerpo hacía esa dirección con la esperanza de ver a Auro o a William salir de ella.

Al parecer mis súplicas fueron escuchadas, ya que en medio de la fría noche divisé una silueta alta y pálida cruzando la puerta del lugar. Era Auro y parecía estar totalmente ileso. Internamente agradecí por ver que se encontraba bien. En cuanto sus ojos me vieron ahí soltó un suspiro de alivio y se acercó rápidamente, sin embargo al ver que Mason estaba conmigo se frenó. Rodeó los ojos y con una expresión de hartazgo se dirigió lentamente a él.

—Que bien haces tu jodido trabajo —espetó Auro sarcástico—. Casi morimos todos ahí dentro ¿y lo primero que haces es huir? Siempre supe que eras un cobarde Pero esto fue otro nivel.

Acto seguido volteó a verme a mí. Se colocó a un costado mío y sin previo aviso entrelazó su mano con la mía sin despegar su mirada retadora de Mason. Como era de esperarse éste bajó su mirada hasta nuestras manos, al notar que estaban unidas apretó levemente la boca y después soltó una  delicada risa.

—¿La estás utilizando para hacerme enojar? —cuestionó Coleman.

—No todos tenemos la misma intención que tú. Todo lo que haces es sospechoso, así que —volteó a verme esta vez a mí— sé que hace menos de media hora te prometí que me alejaría de ti, Zoe, pero después de lo que acaba de ocurrir, sería como dejarte morir. Mason no va a dejarte en paz y yo no confío en él.

Mason se acercó desafiante a Auro y con una actitud de soberbia.

—Tampoco confío en ti y creo que tienes mucho más material del que dudar. Eres un criminal, vas por ahí contando el triste discurso de como Akim asesinó a tu madre cuando sabes perfectamente que ella está viva.

—No vas a hablar de mi madre.

—Tú no vas a hablar de mí —le respondió Mason de la misma manera.

Aparentemente su rivalidad nunca terminaría. Se contradecían en todo, tanto que mi cerebro ya comenzaba a cansarse. Si Auro tenía una versión de la historia Mason tenía otra totalmente opuesta. La situación estaba volviéndome loca.

Por suerte, el escandaloso timbre de mi celular rompió con la tensión que había entre ellos. Lo revisé y me topé con otra llamada entrante de mi mejor amigo, la cual volví a negar. Muy seguramente Kian me reclamaría al día siguiente en la escuela por ignorar sus llamadas, pero sinceramente no me sentía con el más mínimo humor de responder. Lo único que quería era saber que mi hermano se encontraba bien y que Akim cayera de una vez por todas, o por lo menos que se revelara ante mí.

—Buscaré a William —dije para mí misma dirigiéndome a la puerta.

—Huyó —dijo Auro—. Lo vi. Está bien, así que no te preocupes, tal vez se comunique contigo luego.

No sabía si creer en lo que Auro decía o no. Mi mente estaba tan paranoica que sentía que absolutamente todas me estaban mintiendo para su propio beneficio. No podía confiarme ni siquiera de mí, así que quise corroborarlo por mí misma. Corrí hasta el estacionamiento del lugar sin importarme el dolor en mis pies causado por los altos tacones que llevaba puestos. El estacionamiento no estaba muy alejado de puerta trasera así que llegué en cuestión de segundos. Lo corroboré. El auto de papá no estaba ahí. Mi hermano se había ido sin mí.

—Te lo dije. Sube al mío, te llevaré yo —indicó Auro a mis espaldas. Conociéndolo, sabía que esa no era una invitación.

Pude ver a Coleman a lo lejos, caminando a paso lento para intentar llegar hasta nosotros y aparentemente tenía toda la intención de impedir que yo subiera al coche de Auro. Este último abrió la puerta del copiloto con una disimulada sonrisa de lado. Él sabía perfectamente que estaba molestando a Mason y le encantaba. También estaba totalmente consciente de que con esa media sonrisa causaba que todo en mi interior se desordenara y solo pensara en estar cerca de él.

—No confíes en él —pidió Mason.

Pero era demasiado tarde porque yo ya estaba sentada en el asiento del copiloto. Auro ahora dibujó una enorme sonrisa llena de ego en su cara y por supuesto que se encargó de restregarselo a Coleman con la mirada. La mirada de Auro era tan poderosa y expresiva que sin necesidad de decir ni una sola palabra  podía terminar contigo.



Gabe Merin

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En el texto hay: misterio, mafia, badboy

Editado: 18.12.2020

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