Aysel, como la luna

5 HUMANO

Kasumi

 

El hombre  de piel amarillenta, cabello negro, sumamente alto y de descendencia asiática se debatía entre lo que quería hacer y lo que debía. Desde su nacimiento Kasumi, fue elegido y  entrenado para ocupar un  lugar entre los Venatores lunae, o cazadores de la luna, un grupo selecto de humanos que tienen sus orígenes hace más de dos mil años.

 

Si bien en un principio los hijos de la luna, como se  conocían a todos los seres sobrenaturales en aquel entonces, vivían en armonía con los humanos, todo cambio el día que a los hombres lobos se les designo una pareja eterna, un mate lo llamaron, pero la diosa luna y la ninfa que realizo el encantamiento no tuvieron en cuenta que muchos de ellos ya tenían parejas, en su mayoría humanas y al encontrar a sus mates, simplemente las abandonaban, fue  entonces que dolidos por su abandono dejaron caer una maldición sobre la que ellos suponían era la única responsable de su dolor, aquella primer bruja, la supremas de todas, Yunuen, la que desprecio al lobo enamorado y ocasiono que el lobo dolido pidiera enamorarse de alguien más, a como diera lugar, fue por esa razón que realizaron aquel ritual, para condenar el amor de Yunuen y Travos,  pero provocaron algo más, los vampiros y brujos que eran libres de elegir pareja, se vieron malditos o bendecidos de igual manera, dependiendo del lado que se lo vea, a los brujos también se les designo una pareja eterna, media alma la nombraron, una persona que al encontrarla los completaba, los vampiros por otro lado la nombraron Noloshayda, que significa mi vida, algo que estos seres casi  no poseían. Vida.

 

El humano sin comprender el gran poder de aquel ritual solo se condenó a más dolor, los que eran solo un puñado de personas rechazadas por los hombres lobos se convirtieron en cientos y luego en miles, al verse afectados los vampiros y brujos también, y como todo ser al que se le rompe el corazón, estos buscaban venganza,  disfrazada de justicia, fue así que surgieron los Venatores lunae, hombres y mujeres a los que se los entrenaba para enamorar y segar de esta forma a los seres sobre naturales, para que cuando bajaran la guardia pudieran matarlos, arrancar sus corazones y de esta forma evitar que más humanos cayeran bajo sus encantos. Pero Kasumi se encontraba en un dilema, el realmente estaba enamorado de Aysel, lo que había comenzado como una misión se convirtió en algo más.

 

— Debe de a ver algo que pueda hacer para salvarla. — dijo una vez más con la desesperación creciendo en su corazón.

— No, ya te lo hemos dicho, ella esta maldita, por más que parezca una humana ordinaria no lo es, un poder muy grande radica en su interior, entiende hijo. –su madre hablo con suplicas en sus palabras.

— No, son ustedes los que no entienden, ella es tan buena y delicada, su única, maldición es tener la familia que le toco.

— Realmente la amas Kasumi, ¿aun viendo lo que es? — pregunto incrédula su madre.

— Yo veo su alma, no lo olvides, ese es mi poder, no me importa como se ve por fuera, su físico o sus defectos, ella tienen el alma más blanca y brillante que jamás allá visto. – enfrento con hechos los dichos de sus mayores y es que era así, Kasumi veía a Aysel como todos los humanos a su alrededor, fea, pero él tenía el poder de ver el alma y la de la joven era la más hermosa que  jamás había visto.

— Seguiré buscando información, pero entre nuestra gente se dice que solo un cazador en todos estos años se enamoró de su presa, una vampiro, una de las antiguas. – su padre llamo la atención con lo que decía.

— Y ¿Qué sucedió? ¿Pudo salvarla?  – pregunto con toda esperanza de que así fuera.

— No, un hijo de la luna nunca podrá dejar de serlo y él lo sabía, tomo la decisión correcta. — dijo dejando ver que el cazador había matado a la mujer que amaba, esa vampiro llamada Levana, claro que su padre no le conto que el joven cazador luego de cumplir con su misión se había quitado la vida, omitió esa parte de la historia, solo por temor a que su hijo reviviera aquella leyenda, el cazador enamorado de la vampiro.

 

El joven salió más molesto de lo que había llegado a la vivienda en la aldea, una vez que Aysel se fue a su viaje, el decidió volver a su hogar lejos de la ciudad con el solo propósito de buscar información válida para presentar al consejo de cazadores y así poder salvar a la joven, esa niña que pronto la vio convertida en mujer y de la que se había enamorado con locura, esa misma a la que él debía matar.

 

Su teléfono móvil vibro en el bolsillo de su chaqueta, y al revisarlo lo único que vio fue una ubicación, Aysel le había enviado su ubicación y eso solo quería decir una cosa, la joven estaba en peligro.

 

Sin impórtale nada más que su amiga y amor platónico, salió de aquella aldea con la única determinación de ir por ella y dejarla en algún lugar a salvo, no permitiría que ningún lobo la reclamara como propia, y no le importaría enfrentar a la familia de Aysel, si su único temor era que ella fuera mortal él no veía problema alguno en ello, después de todo el humano nace, crece y muere, así debía ser, y él se aseguraría que Aysel compartiera esa vida mortal con él y nadie más.

 

AYSEL

 

Esto es sumamente incómodo, siempre usé vestidos y faldas, ahora por orden del Alpha tengo que vestir unos vaqueros sumamente apretados y lo que supongo debería ser una remera.

 

“¡Maldición! Esto no cubre nada, ¡acaso lo hace apropósito!”

 

— ¡Hey! ¿Ahora que te sucede?, no me dejas concentrar con tanto grito. — definitivamente vive enojado.

— No estoy gritando, es tú culpa por estar en mi mente. — le respondo desde el interior del vestidor.

— Sal, y dime cuál es el problema, quizás así logré que bajes el volumen de tus pensamientos.  — Abro la puerta del vestidor, salgo y el idiota me mira embobado, genial, ¿acaso nunca vio el abdomen de una mujer?



Cristina López

Editado: 15.01.2021

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