Cazador ©

Capitulo 4

Alec

Como dijo Amy, no tardó mucho en regresar para darme un poco de pan mal oliente pero comestible, también prometió darme algo un poco mejor el día de hoy, también curó un poco mis heridas, ella al parecer es la única licántropo que he visto con algo de humanidad en su ser.

"No como ella", ella es muy sádica, me sorprende que Amy sea la hermana de una mujer como ella, tan diferentes, Amy es muy gentil, amable, y su labios son muy cálidos.

Me remuevo incómodo, mi propio peso es lo que me ésta haciendo las cosas más difíciles y dolorosas, las oxidadas cadenas se incrustan cada vez más en mis muñecas,

— No sé por qué no me matan de una vez por todas — digo para mí mismo, el sólo recuerdo de Cedric siendo asesinado por esa mujer me destroza.

— Fue mí culpa — mascullo por lo bajo, sí no le hubiese distraído a Cedric, esto nunca hubiese pasado.

Recuerdo qué él fue el primero en auxiliarnos a Frank y a mí, cuando salimos a jugar cerca de los límites de la aldea y dónde según Papa, la Reina confinó a los licántropos qué alguna vez intentaron matarla.

— Rogues — digo apretando la mandíbula.

Ellos nos han atacado durante el mismo tiempo qué la sádica rubia lo ha hecho también, pero sólo por comida, aunque algunos sí son terribles, como el que mató a Frank frente a mis ojos, ése suceso no sólo me marco a mí por la pérdida dé mí amigo, sino también el qué los demás niños y jóvenes de la aldea sé alejara de mí.

De pronto dejó qué sumergirme en mis pensamientos por los gritos desgarradores de al parecer un hombre, sólo puedo cerrar los ojos fuertemente, sé qué pronto vendrán a torturarme.

Mi cuerpo tiembla al escuchar como la pesada puerta de está celda es abierta, mi respiración se corta al sentir cómo alguien se acerca más a mí, a paso lento llega hasta mí.

— Humano — escuchó una melodiosa voz femenina.

Abro los ojos y frente a mí está Amy, su sonrisa es lo que más me desconcierta, como puede mostrarse así, cuando a su alrededor sólo hay muerte.

—¿Como sigues humano? — pregunta.

—Alec, Alec es mí nombres — mascullo lentamente.

—Ok, Alec luego traeré más hierbas curativas —  anuncia — Tus heridas ya se encuentran mejor.

—¿Cómo lo haces?- pregunto — ¿Cómo puedes hacer esto?.

—No lo sé — dice suavemente — Sólo quiero ayudar a los míos, pero también a los humanos, aunque sólo sea brindándoles un poco de alimento y una sonrisa — termina cabizbaja.

—¿Podrías ayudarme a salir de éste lugar? — pregunto con gran esperanza.

—No puedo — masculla — Amber me mataría, ya lo intenté una vez y al final, todo fue mal.

—Entiendo — susurro, bajo la cabeza, entiendo a Amy, no puede ayudarme, escucho los lentos pasos de ella, luego como con sus suaves dedos levanta mí mentón hasta quedar cara a cara, es muy linda.

—Aunque hay una manera — abro mis ojos — Sólo ella puede ayudarte.

—¿Quien? — la interrumpo.

—Tú alma gemela, sólo sí ella te reclama, Amber no puede hacer nada y podrás ser libre.

—Pero de qué estás hablando —  digo rápidamente, ya que sí hay una esperanza de salir de este lugar intentaré lo que sea.

—Calla Alec, ahora dime qué mujeres son las qué has visto, desde que te capturaron — pregunta expectante a mí respuesta.

—Pero dime, porque es.

— Sólo responde — me interrumpe exasperada.

—Tu hermana y una pelirroja, pero no sé para qué quieres saber eso — frunzo mí ceño — ¿La pelirroja me ayudará? —termino mirándola directamente a los ojos.

—Quizás — responde insegura — Ella es Deyanira, una alfa de rango medio, tengo entendido que ella estuvo buscando a su mate por muchos lugares, la buena noticia es que ella nunca ha repudiado a los humanos — dejo de escucharla, creó qué me topé con una loca qué solo me da pan, la chica del pan, al menos alguien quiere ayudarme a salir de acá — Así Amber, no se interpondrá cuando se vallan.



J. A. Clever

Editado: 13.04.2018

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