Miko
— Dense prisa—apresuro a mi familia quienes estan haciendo mucho bullicio.
— ¿Han visto mi abrigo?—escucho a Jenna preguntar.
— Mamá el chofer ya esta afuera—grita Jostin.
— Creo que cambiare de bolso—susurro mi hermana viendose en el espejo.
— Tal vez deba utilizar otros zapatos—medito al aire en voz baja.
— ¡Mamá!—exclama Jenna ajetreada desde la cocina—. Tatiana se ensucio.
— ¡¿Que?!—brama Mai, arrugando la nariz con desagrado—, traela, Jenna.
Los gruñidos de Mai se alejan a medida que subo las escaleras hacia mi recamara, lo que mas se oye es el sonido hueco, seco y cauteloso de mis pasos sobre la alfombra.
Asomandome por el barandal de puedo escuchar a mi hermana alegar con todo lo que se mueve por que mi niña se ensucio su vestido, es una pena.
Me tome el tiempo de mandar a hacer su vestido desde cero para que combinara con el de su hermana mayor.
A diferencia de Jenna—quien tiene mechones de cabello pelirojos—, el cabello de Titi es completamente pelirojo como el de su padre, Jostin lo tiene negro como el mio.
Fue una increible sorpresa que fuera negro en lugar de castaño o pelirojo.
La justificación del doctor fue genetica, en la familia de mi ex cuñado todos tenian su mismo color de cabello, en la de nosotras, yo soy la unica que lo tiene asi.
El de mi abuela de joven era castaño claro, el de mi abuelo era oscuro, el de mi madre era castaño oscuro y el de mi padre era negro, de ahi el mio.
Eso es lo poco que se de el, Mai tenia iba a cumplir diez meses de haber nacido, yo estaba recién nacida cuando paso todo lo del abandono parental, la muerte de mi madre y abuelo.
Complicada la situación.
Lo que tienen los tres en común son el color de ojos, en la escuela suelen creer que soy la madre de Jostin y Jenna por dichos rasgos.
<< Aunque parezco más de Jen, es la más apegada a mi, Tatiana es mi consentida y Jostin, pues, el es el, hombres. >>
Es interesante como pequeños detalles hacen la diferencia o, hablando de aspectos familiares, crean una confusión evidente.
La cara de Maximo cuando Jen me llamo mamá frente a el era oro de veinte y cuatro kilates en estado puro, no debería gastar dinero o mi mente en el, pero hubiera pagado por tener una foto enmarcada de como se le caía la boca, y, los ojos se le salían de las cuencas; parecido a una caricatura comica. De verdad lo haría.
Juraría por mi madre que casi se le sale el corazón de la rabia que le debió dar pensar que yo ya había hecho nido con otro.
De lo que se pierde por idiota.
Pienso al verme el espejo de cuerpo completo después de cambiar de tacones por quinta vez, no quiero cometer algún crimen en contra de la moda.
Sería un horror que la anfitriona cometa un error de tal magnitud.
— Si tan solo me hubieras dado el beneficio de la duda, tal vez yo aún estuviera a tu lado— pronunció sarcásticamente para mí sola.
Mi cuerpo es el mismo—salvo por qué ahora estoy un poco más rellenita— ahora como mejor y soy capaz de nutrirme como debo.
Es cierto que Maximo hacia lo que podía y con lo que generaba, debía ser muy promiscua con lo que compraba. Aveces preferíamos dejar de comer nosotros para que los niños pudieran hacerlo.
El era lo que yo no me atrevía a descubrír que quería de un hombre, yo aprendí a ser la mujer que el necesitaba en lugar de ser la que yo necesitaba para mí.
— ¡Miko Dawson, baja de una vez!—aulla Mai de manera chistosa.
Ella está parada en el portal de la casa, con una mano en la cintura y la otra sujetando la manija de la puerta, su cara de “no tientes mi paciencia” me da a entender que el incidente con Titi fue grave.
— Irás a la carcel si sigues matando con la mirada—interpongo las manos entre nosotras para evitar que cometa un homicidio.
— Sería diferente a ir a la carcel por dejar entrar a un niño cuyo padre quiere verte tras las rejas—espeta filosa.
— ¿Ya te bajo?—mascullo indignada—. Por qué no me explico tu lengua de víbora.
— ¿Y a ti te han regado el jardíncito?—devuelve mordaz—. No entiendo por qué tan atrevida hoy.
Estamos a punto de colisionar con hechos del pasado que perjudicarían hasta a un juez, si se supiera todo lo que hemos hecho, cuando la bocina del auto nos deja en claro que no es momento de pelear.
— ¡Mami, tía, vámonos ya!—nos ordena Jenna quien está a todo apretar el clarkson del auto.
— Enseguida cielo—le responde Mai sin quitar sus ojos de mi.
Hoy nos hemos levantado pasivo-agresivas.
Estamos peleando y al segundo siguiente nos encontramos agotadas al lado de la otra disfrutando del silencio.
— Yo conduzco está vez—se ofrece mi hermana, que, como mi predicción lo indico, está tranquila sin discutir.