Contra Todo

I-Expectativas.

I-Capítulo Uno: Expectativas

Muchos pensaran que estoy loca, desde que empecé a estudiar para ser Ingeniera Mecánica, todos me miraron raro, todas las clases las viví con orgullo y alegría, estaba feliz con lo que había decidido, miles de personas me decían que no lo lograría, no tenía el intelecto para ser alguien en la vida, nunca fui pertinente en lo que hacía, sabía que estaban equivocados, porque estaba dispuesta a luchar para ser una excelente profesional.

No conocí a alguien tan guerrera como mi madre, vivió como una luchadora, siempre para darme lo mejor: una escolaridad, comida y amor, eso fue todo lo que se necesitó para salir de la pobreza, además siempre me enseñó a vivir con constancia y perseverancia para lograr todo lo que me propusiera.

-¡Vas a ser una excelente profesional; hija!- Murmuró mi madre, horas antes de morir. Lideró con el cáncer de mama hasta que pudo, no teníamos dinero para pagar ningún tipo de medicamentos, ni quimioterapias, mi padre falleció en un accidente de tránsito, el mismo día que nací, sin duda, la vida me había golpeado muy duro, pero necesitaba levantarme muchas más veces, merecía ser feliz, de verdad que sí.

Después de pasar en el orfanato desde los diez años de vida, hasta los dieciocho, estaba dispuesta a enfrentarme al mundo, a vencer mis miedos, a establecer nuevos patrones, a enseñar al mundo entero que las mujeres podemos contra todo, lucharía contra el cielo y la tierra para establecerlo.

Merecemos ser respetadas, merecemos descansar, merecemos trabajar con todo, no se debe juzgar por la elección de estudiar para ser: presidenta, mecánica, ingeniera, todos podemos ser lo que queramos, sin tabú.

Entro en el aeropuerto sintiendo vitalidad en mi cuerpo, estoy dispuesta a luchar por todo. Me gradúe hace un mes, he cumplido veinticinco y me han ofrecido un empleo en una empresa prestigiosa, cuando llamarón pensaron que era un hombre, lo que no saben es que soy chica, pero tengo muchas habilidades y destrezas, voy renacida para abrirme ante todos como Luciana, como la verdadera, como una venezolana que está dispuesta a demostrar el buen ánimo que nos caracteriza a nosotras, las venezolanas.

Cuando iba a retirar mis maletas, tomo la que se parece más a la mía, no me fijo en la etiqueta, decido irme a tomar un taxi, cuanto más pronto llegue al apartamento que me han ofrecido también para el empleo, será mejor, pienso. Un taxi me traslada por toda la ciudad hasta la zona de unos apartamentos con excelentes vistas hacia la torre Eiffel y toda la ciudad, cuando bajo del taxi, varios autos están aparcados afuera del edificio, autos caros más específicamente.

Caminé con mis maletas, no me percaté de abrirlas, supuse ya habría tiempo en mi nuevo apartamento. 

-¡Espere taxista!- Exclamó un hombre canoso, pero muy bien vestido, al taxista que me había traído.

-¡Buenas tardes, distinguido doctor! ¿Qué se le ofrece?-Preguntó el taxista, haciendo reverencia hacia el otro hombre, quedé sorprendida.

-¿Usted no ha traído a alguien del aeropuerto?- Preguntó el hombre distinguido.

-¡Que extraño! Estoy esperando a un hombre que tiene una vacante de trabajo. –Dijo el canoso.

-Disculpe, señor. He venido por una vacante de trabajo. –Dije hablando con compostura.

-¿Usted no es Patricia?-Preguntó el hombre a mí y asentí.

-No sabía que eras una mujer- Dijo agobiado, su rostro era preocupación.

-¡Señor espere! Déjeme demostrarle que soy una buena persona, tengo todos los requerimientos que usted necesita, tengo excelentes estudios como ingeniera mecánica, me gradúe con honores, hice muchísimos cursos, tengo el currículo con todo lo necesario para lo que usted busca. –Dije rogando, estreché la carpeta –Revísela-Clamé.

-¡Está bien! Te llamaré, pero no te aseguro nada. –Dijo con la carpeta en sus manos, mi corazón se relajó, había palpitado muy rápido, apenas se enteró que era una mujer, no un hombre.

Pegué un saltito apenas se volteó, luego me volvió a mirar y dijo: -Aquí tienes las llaves del apartamento, están escritas las instrucciones en la puerta de la nevera. –Asentí.

Tomé el ascensor para ir al apartamento, cuando llegué quedé totalmente impactada, no cabía en satisfacción, era hermoso y totalmente equipado con lujos, todo lo que siempre merecí, todo lo que hubiese querido mi madre, todo lo que ella necesitó. Me prometí no desfallecer, no llorar, no podía permitirme flaquear, no ahora que estaba por obtener uno de mis sueños. Me acerqué a revisar mi maleta, apenas la abrí, no entendía, estaba verdaderamente confundida, no estaban mis cosas, por un momento me sentí como si no había empacado lo mío, después revisé la etiqueta y vi que no pertenecía a mí, por suerte, tenía nombre y un número de teléfono, al cual pensé en contactar, el detalle era que no tenía ni siquiera un teléfono celular, tampoco mucho dinero para comprar uno.



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En el texto hay: mujer, venezuela

Editado: 19.06.2018

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