Corazón: La historia de Isabella y Massimo

Capítulo 12

Toco el timbre de la reja de los Parisi y Blanca me contesta.

—¿Quién es?

—Soy Isabella

—Hola, pasa —dice felizmente.

Me abre la reja y cuando llego a la puerta ella salta a abrazarme.

—Mírate, no lo puedo creer...—dice cuando se aparta —. ¿Por qué te fuiste sin avisarnos?

—Porque era lo mejor

—Adelante pasa

Entro y veo a James en el sofá tomando un vaso de licor o lo que sea que esté tomando, al mirarme baja el vaso y se coloca de pie.

—Blanca, ¿me puedes dejar a solas con Isabella? —dice y Blanca asiente retirándose.

Me acerco a él y cuando blanca desaparece en el segundo piso lo miro a los ojos.

—¿Por qué...? —dice —. Te conté lo que sentía por ti, te dije algo por lo que debería arrepentirme y te fuiste...me dejaste

—Es lo mejor. Usted ya conoce el mundo y sabe de qué defenderse, yo no —los ojos se me llenan de lágrimas —. No quiero que tenga que ir lento por el mundo para cuidarme, o para ir a mi nivel, no quiero ser algo por lo que después usted se arrepienta

—Isabella, no.—me toma las manos —. Puedo acompañarte por el mundo tomando tu mano y siendo la promesa de que seré quien esté para ayudarte a levantarte cuando caigas, puedo ser tu guía hacia el paraíso

—¿No le va a aburrir?

—Nunca

Le doy un abrazo.

—Isabella —dice Alonzo y rápidamente me aparto de James.

—Hola, señor Alonzo

Él me da un fuerte abrazo que le devuelvo muy cómodamente.

—Justo íbamos a almorzar, ¿nos acompañas?

—No, no, debo almorzar en el convento. Solo venía a ver cómo estaban.

—Pero antes quiero hablar contigo —dice Alonzo —. Ven a mi oficina

—Claro

Lo acompaño a su oficina, y me siento delante de él.

—¿Por qué te fuiste?

—Tenía que hacerlo, estaba haciendo que James y Federico pelearan, y no quiero dañar a Massimo; porque Massimo los quiere, a su manera, pero los quiere.

—Pero Isabella, ese es problema de ellos

—Sentí que era mi culpa, además estoy bien ahora

—¿Y eres feliz?

Niego con la cabeza.

—Me parecía, y sé lo que pasa entre tú y James, puedo ser viejo, pero no tonto. A James le pasan cosas fuertes contigo, puedo ver la forma en la que te mira.

—Debo irme —me coloco de pie. No quiero hablar de esto con Alonzo, además ni siquiera hablé bien con James.

—Encontré a tu padre —dice Alonzo justo cuando abro la puerta y los ojos se me llenan de lágrimas.

—¿Qué? —cierro la puerta detrás de mí y me vuelvo hacia él —. ¿Mi padre biológico?

—Sí, y te diré quién es solo si aceptas venir a Roma conmigo

—No puedo hacer eso, lo sabe

—Nada es imposible, Isabella

—¿Qué sabe sobre mi padre?

—Él nunca supo de tu existencia, pero yo creo que le alegrarás la vida

—Noyo, no quiero conocerlo, permiso

Salgo rápidamente de la habitación y cuando estoy por abrir la puerta alguien me llama, me vuelvo y me encuentro con Massimo. Él viene bajando las escaleras.

—¿Qué haces acá?

—Ya me iba

—¿Estás bien? Estás llorando

—Adiós

Salgo corriendo lo más rápido que puedo y que me permite el hábito. Corro hasta cansarme, y después camino hasta el convento. Una vez que llego me acuesto en mi cama y comienzo a llorar.

—¿Isabella? —dice María y se sienta a mi lado —. ¿Qué sucede?

—Nada, solo me acordé de alguien que quise mucho

—¿Está muerto?

—No. Solo debo dormir un poco para que se me pase la pena.

—Está bien. Te dejo.

Paso una semana completa llorando como tonta. No puedo creer que mi padre jamás supiera de mi existencia, ¿Cómo no pudo contárselo mi madre? Él merecía saberlo. Yo no puedo llegar y decirle: "Hola, soy tu hija". No puedo, y creo que deberé renunciar a la idea de conocerlo.

Me bajo del autobús y entramos en el hogar de ancianos.

—Oh Dios mío —dice Luz y sigo su mirada.

Por Dios.

Massimo, James y Federico están entregando unas cosas a los ancianos, son pequeñas cestas con dulces. ¿Desde cuándo Massimo hace estás cosas? ¿Y James?

—¡Isabella! —Federico corre hacia mí haciendo que todos nos miren y me toma en brazos. Las hermanas abren la boca formando una gran "O" y yo no sé en dónde meterme, después de esto tendré que contarles toda la verdad.

—Hermano, baja a Isabella —le pide Massimo cuando está detrás de él —, Federico —dice con voz más firme.

Federico me baja.

—Hola, Isabella —James me da un beso en la mejilla y puedo sentir como me ruborizo. Las hermanas se miran entre sí.

—¿En qué puedo ayudarlos? —digo, y sonrío, o bueno, me fuerzo a hacerlo.

—¿Por qué te fuiste de la casa sin avisarnos? —dice Federico y me da otro abrazo.

Ahora no sé cómo le voy a explicar todo esto a las hermanas.

—Lo siento si no le avisé señor Federico, pero era lo mejor

—No, claro que no, tú lugar está con nosotros

—¿Qué sucede aquí? —dice la madre superiora y me aparto de Federico dando un paso hacia atrás.

—No es nada, madre. Solo nos estábamos saludando. —me coloco al lado de las hermanas y María me arrastra hacia los ancianos.

Converso con ellos un buen rato, Massimo, James y Federico se quedan de pie en el umbral en dónde debería haber una puerta. En este momento yo necesito que haya una puerta para que ellos no me vean y me pongan nerviosa.

—Buen día —dice el director del hogar de ancianos —. Mi nombre es Michael

—Buen día —respondemos.

—Veo que usted es la novicia más joven —me dice y me coloco de pie.

—Sí, así

—Felicidades por escoger el camino del señor

—Gracias

Continúa con lo suyo.

Federico se acerca a mí y me vuelvo a sentar a modo de marcar distancia.

—¿Puedes ir con nosotros a Roma? Todos estaríamos contentos de que fueras

—Lo siento señor Federico, pero mi lugar está en el convento

—No es cierto

—Federico —Massimo coloca su mano sobre el hombro de él —. Ya vámonos



Chica Paraiso

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En el texto hay: romance, millonario, huerfana

Editado: 22.10.2020

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