Corazón: La historia de Isabella y Massimo

Capítulo 18

Un año después...

Llegamos a casa de los Parisi al anochecer, mi hijo está dormido en su silla en los asientos de atrás.

—Esa es la casa de los Parisi —dice mi padre estacionándose en la casa junto a la de ellos, que es nuestra nueva casa.

—¿Y los Parisi?

—James con alguna mujer, Massimo en su trabajo y mi padre en su antigua casa con Blanca

Asiento.

Tomo a Dante que está dormido y entro en la casa rápidamente. Dejo a Dante en su cuna, y miro por el ventanal. Los Parisi están a un par de metros de mí, el asesino de mi madre y mi donador de esperma está ahí, en la casa a mi lado.

Me veo en el espejo que está a un lado del escritorio. Mi cabello está largo y de color café claro, mis ojos son verdes con celeste que por desgracia son similares a los de Massimo. Desearía tener al menos una foto de mi madre para saber que saqué de ella; si la forma de mis ojos, o mi nariz.

—Hija ¿Quieres comer algo? —dice mi padre del otro lado de la puerta.

—No, gracias —le respondo y me vuelvo hacia los ventanales.

—Bien, pero recuerda lo de mañana —dice como por quinta vez en el día.

—Sí, padre

Oigo sus pasos alejándose de mi habitación. Me acerco a los ventanales y miro la casa de los Parisi.

Mañana a las siete de la tarde mi padre organizó una fiesta; Secretamente se unió a la empresa de los Parisi y como agradecimiento invitó a todos los de la empresa Parisi.

—Permiso —dice mi padre abriendo la puerta

—Pasa

Él entra y se sienta en la cama. Dejo de mirar por los ventanales y me siento junto a él.

—¿Tu vestido ya está listo? —pregunta.

—Si —digo sonriendo y recordando el vestido azul marino, corte asimétrico con escote en barco y manga larga que he escogido.

—¿Y tú traje? —le pregunto.

—Sí, bueno, mi traje es uno cualquiera de color negro

—Ah

Nos quedamos en silencio por varios segundos hasta que él pregunta seriamente:

—¿Estás lista?

—Sí, tuve mucho tiempo para prepararme —miro los ojos de mi padre —. Y quiero hacer esto, quiero hacer justicia por mamá

—Todo esto es por ella, jamás debes olvidarlo —me recuerda —. Además, Dante necesita un futuro bonito, y una madre libre

—Lo sé, y jamás se me podrá olvidar —digo agachando la cabeza, este tema aún me produce dolor, pena y culpa.

—Me alegro, solo espero que no falles

—Dudo que lo haga

—Eso espero, pero recuerda bien tu objetivo

—Acabar con Massimo Parisi —digo mirándolo fijamente.

—Yo sé que podrás, porque eres fuerte como tú madre. Pero no te debes olvidar de que Massimo hará cualquier cosa para convencerte de que eres inocente, hasta fingir que te ha extrañado. Lo mismo James, él puede decir inclusive que te ama mucho.

Cierro los ojos y me llevo la mano a la frente. Lo único que quiero es dormir y olvidarme de todo esto, en parte me gustaría dejar todo esto atrás e irme lejos, pero necesito hacer justicia.

—El otro día tuve un sueño extraño —digo y miro a mi padre, él me mira con atención.

—¿Qué soñaste

—Soñé que Alonzo se acercaba a mí y me abrazaba. Ustedes tenían unas maletas, parecía que venían llegando de algún lugar.

—¿Estás tomando tu medicamento? — dice seriamente, como si me estuviera regañando.

—Sí, pero creo que olvidé el de hoy por lo del viaje —respondo.

—Sabes que tienes que tomar tu medicamento —grazna colocándose de pie.

—Pero no los necesito, estoy bien —replico.

—Si los necesitas

—Me siento bien, lo que sucedió fue hace un año

—Ya te lo dije Isabella, tu cabeza quedó muy afectada después del accidente y esto es lo que pasa, tienes una serie de sueños extraños

—Padre, sé que me salvaste, y te doy las gracias por eso

—Pero no te cuidas

—Padre —digo tratando de que se calme.

—Te perdí cuando te alejaron de mí llevándote a un orfanato, y casi te perdí en ese accidente. Todo por culpa de Massimo. Ahora no quiero perderte, me aterra el solo hecho de pensar que en algún momento no estarás a mi lado.

—No me vas a perder —afirmo.

Me abraza y puedo sentir su corazón latiendo fuertemente. Está extraño. Jamás me había regañado de esta forma, bueno, jamás me había regañado, pero lo más probable es que esté nervioso por lo de mañana.

—Traeré tu medicina —masculla.

Sale de la habitación y me tiro hacia atrás. Desde que tuve ese accidente que debo tomar ese medicamento porque mi cabeza quedó muy débil, pero yo me siento bien, y creí que debía dejar de tomarlo.

—Ten, tu remedio —dice mi padre.

Me entrega un vaso de agua junto la pastilla y me la tomo.

—No quiero que dejes de tomar tu medicamento —dice con voz más suave y sonríe.

—Está bien, padre, no lo dejaré de tomar —digo forzando una sonrisa.

Se coloca de cuclillas y toma ambas de mis manos.

—Mañana a las siete de la tarde, todo cambiará —digo mirándolo a los ojos.

—Todo va a cambiar

Él sale de la habitación y me acerco a Dante.

—Nadie te hará daño, mientras yo esté aquí mi corazón siempre estará para reponer el tuyo

Le acaricio su mejilla y me voy a acostar.

[...]

—Isabella —dice mi padre desde el otro lado de la puerta.

Abro los ojos y me siento. Arreglo el cubrecama con las manos, y justo mi padre entra en la habitación con una bandeja de comida en sus manos.

—Te traje algo de desayunar —dice sonriendo.

—¿Qué hora es? —digo y continuación bostezo.

—Las doce, al parecer dormiste mucho

—Me dormí como a las cinco de la mañana, pero desperté para darle de comer a Dante, después cuando se durmió yo continué durmiendo

—¿Estabas nerviosa?

—Demasiado

—Hoy es el gran día

—Sí, lo sé

—Bien, tengo que arreglar algunas cosas, cuídate, y toma tus medicamentos

Me da un beso en la mejilla y sale de la habitación.

Al terminar de comer, dejo la bandeja en mi escritorio y entro en el baño de mi habitación dejando la puerta abierta por si Dante necesita algo.



Chica Paraiso

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En el texto hay: romance, millonario, huerfana

Editado: 22.10.2020

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