Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 5

Mi mañana del martes inicia conforme lo previsto la noche anterior. Empiezo la rutina despertando a la hora habitual, voy a correr y cuando estoy de regreso, me encuentro a un Aaron con cara de pocos amigos y echando lava por los ojos. Él permanece en el interior de su casa, asomado a una de las ventanas de la fachada principal, mirando fijamente hacia un punto en específico de la acera de enfrente, no percatándose de mi presencia curiosa, la cual es ignorada completamente porque mantiene una desagradable conversación telefónica que lleva rato siendo controlada por la otra persona en la línea, porque lo que es él, permanece en un auténtico mutismo esperando su turno para hablar; sin embargo, cuando toma cabida en la llamada, no hace otra cosa más que empeorar su semblante y su actitud. Su furia es tan palpable que me empieza a afectar porque honestamente esa cara es para llorar. Un escalofrío me recorre entera y no es porque haya empezado a refrescar, sino porque él es digno de temer, lo que no hace más que obligarme a reaccionar y a continuar en lo que estaba o a donde iba.  

Al cabo de unos minutos ya me encuentro lista, no obstante, me estoy debatiendo en que si debo o no preparar un desayuno para dos. Ayer había dicho que compartíamos mesa, pero con lo que he visto hoy, dudo mucho que tenga hambre siquiera. ¿Qué hago? ¿Llamarle o no llamarle? No, definitivamente no, aún debe continuar en su llamada, lo mejor es no molestarlo y dejarlo estar, no creo que venga hoy.

La mañana ha estado productiva, he organizado muchas cosas en la casa y casi estoy por finalizar las pequeñas reformas que he estado haciendo en estas últimas semanas. Se me han ido los ahorros de mi vida en esto, pero no me importa, el solo ver mi casa así de hermosa, es para echarme a llorar porque aún no consigo creer que he sido yo la que lo ha logrado, la que lo ha convertido en realidad, y no saben lo gratificante que es cuando lo tienes concluido y frente a ti. ¿Felicidad? Claramente es esto, y obvio, contar con el estómago lleno. 

Para cuando la alarma del mediodía suena, ya me encuentro lista y con todo en la mano voy partiendo. Pero antes, le echo un vistazo a la casa de Aaron, de quien por cierto no he tenido noticias desde que presencié la escena en la ventana. Hago una pequeña inspección al área y de inmediato sé que no se encuentra en casa, y sin más que hacer, voy camino al Madison.

El trayecto se me hace eterno, ya que mi cabeza ha empezado a disparar posibles alternativas sobre lo que presencié esta mañana. Honestamente, no me gusta ver a las personas tristes ni enfadadas, por eso, desde mi posición siempre intento ayudar con lo que puedo. En este caso mi mente ya empezó a maquinar soluciones sin siquiera saber el motivo o circunstancia del problema, aun así, ya me encuentro trabajando en ello, pero lamentablemente, me tengo que frenar porque hay algo que no estoy tomando en cuenta, que es básicamente él. Aaron denota ser el tipo de persona que sus problemas solo van con él y no hay más, así que dudo mucho que quiera compartirlos conmigo, y más aun teniendo en cuenta en lo poco que realmente me conoce. Por eso, una vez más, es mejor dejarlo estar, Mandi.

—Vaya, vaya. Mira a quién tenemos pensativa—Alberto, aleas el cuate viene hacia mí más que listo para molestarme.

—Pero si es lo más hermoso que he visto en mi vida.

—¡Benji!—corro hacia la persona que está destinada a alegrar mis días y me cuelgo sobre él, cual niña pequeña—No puedo creerlo. ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no me avisaste? Creí que estarías de vuelta en una semana más. No creas que te he echado de menos, Alberto es aún mejor con los chistes.—Informo de pronto fingiendo seriedad.

—Aguarda, ¿ha dicho que soy el mejor?—hace el que se limpia los oídos—Que alguien me asegure que he oído bien, un halago de esta enana es inusual. ¿Te he comentado que me hizo pagar su cena la otra noche? Es una hija de…

—Una hija de mi papá y de mi mamá—completo por él, sacándole la lengua.

—Con un poco del vecino, no hay que olvidar—contrataca el más pesado haciendo a ambos estallar en carcajadas mientras yo finjo enfado.

Estos dos seres son Benjamin y Alberto, mis amigos y compañeros de trabajo, y todos además, somos camareros en el Madison. Actualmente soy la única chica que los acompaña, así que técnicamente comparto mucho con ellos en lo que va de la semana. Al igual que yo son universitarios y alternamos estudios con trabajo. Ambos estudian psicología, por ende, en la universidad muy poco nos encontramos, aunque con la frecuencia con la que nos vemos en vacaciones, en periodo de clases es necesario un descanso de nuestras presencias juntas si no queremos terminar enloqueciendo, o debería decir, enloqueciendo a Benji, ya que entre Alberto y yo acabamos con la paciencia de cualquiera. Nuestro gentil y carismático Benji siempre termina siendo nuestro mediador cuando ambos estamos imparables con las bromas. Sí, en definitiva, Alberto y yo en una habitación a solas terminamos asesinándonos mutuamente. Cosa muy distinta ocurre con Benjamin, ya que para él soy como la hermanita menor que nunca tuvo. Siempre me ha dicho que siente un cariño inexplicable hacia mí, como si en otra vida estuvimos enlazados por algún parentesco fraternal, y por ello soy tratada como toda una princesa, lo que no hace más que provocar los demonios de mi pesado amigo, ya que para él de princesa no tengo nada y eso estoy muy lejos.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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