Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 14

Una pequeña ráfaga de aire por mi oído, como si de un suspiro se tratase, seguido del lento susurrar de mi nombre, acompañado de una acompasada caricia por mi espalda osan devolverme a la vida.

El ronco susurrar persiste por mi oído, y yo no puedo ni abrir los ojos. No tengo noción del tiempo, espacio y lugar. Todo pesa, todo duele. Solo sé que algo está ardiendo en mí y una mano grande toca mi frente, y vuelve a marcar ese dulce compás de caricias por mi espalda, mientras prosigue coreando mi nombre en una lenta y suave melodía.

—Mandi, despierta—Vuelve a susurrar y en respuesta un breve quejido se escapa de mí—Despierta, por favor ¿oyes?—Otro quejido—Despierta, Mandi—vuelve a tocar mi frente y esta vez añade un casto beso en ella—Pequeña, escucha, sé que necesitas recuperar horas de sueño, pero antes quiero preguntarte unas cosas y tomar tu temperatura.

Estoy tan cansada, solo quiero continuar como hasta ahora. Me duele todo y hace demasiado calor. No logro darle sentido a sus palabras tengo la mente muy embarullada, pero solo me basta con oír esa tierna armonía con que las expresa y saber que solo están destinadas a mí para que mi falta de sueño desaparezca, por lo que reúno fuerzas y poco a poco voy abriendo los ojos

El hombre más hermoso que he podido ver en mi vida me recibe con una sonrisa que le llega hasta los ojos. Lleva el cabello alborotado y unas tenues mejillas sonrosadas, podría muy fácil acostumbrarme a esto, es una maravillosa vista digna de ser enmarcarla. Sonrío como una tonta por unos segundos, porque luego esta desaparece al percatarme que aún continuamos uno sobre el otro, quiero decir, yo sobre él. ¡¡¡No puedo creer que hayamos pasado toda la noche en esta posición!!! Es estúpido seguir así cuando el frío ya se me ha pasado y ha sido reemplazado por una potente nube de calor, ¡Y qué calor, eh! Porque en verdad siento que estoy ardiendo, al punto de sentir pequeñas gotas de sudor resbalando por mi espalda y rosto, ¡Iug, qué asco! Y yo aquí, como si nada. ¡Bravo! Intento darle una solución pero inmediatamente su voz me frena.

—Buenos días—Saluda como restándole importancia a mi alboroto mental.

Hago el intento de pararme y saludar a la vez, pero ninguna llega a realizarse. A la mínima iniciativa de levantarme, un horrible martilleo me detiene. La cabeza me da vueltas y un dolor tremendo me invade, esto me obliga a volver a cerrar los ojos. Es insoportable.

—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?—silencio. Yo vuelvo apretar los ojos porque eso me está matando— Dime, ¿qué tienes?

—Due…—Y la frase queda cortada y no solo por el tono grave con la que es pronunciada sino porque la garganta me impide hablar. Una picazón con dolor es lo que siento en estos momentos. Intento aclararme pasando saliva pero ni eso puedo hacer, igual duele.

Aaron me deposita en la cama y sin previo aviso sale de mi habitación, regresa esta vez con el pequeño botiquín que tengo en la cocina. Me toma la temperatura y abre mucho los ojos. ¡Genial! El bonito empezar ha sido destruido por mi terrible despertar y su evidente preocupación.

—Mandi, ¡Tienes treinta y nueve y medio de fiebre! ¡Estás volando en temperatura! ¡Te llevaré al hospital!—Se para y empieza a caminar por la habitación buscando algo mientras frota su cabello con fuerza ¿Es que quiere quedarse calvo?—No, no. Mejor será llamar a Gabriel, él vendrá más rápido—Vuelve a mirarme—Llamaré a un médico, es amigo mío. En lo que llega te daré un baño para bajarte esa fiebre.

¡¿Qué?! Ya ha sido mucho lo de ayer y lo de hace rato como para poder soportar otro bochornoso momento. Aparte tengo que alistarme tengo que ir a la universidad a entregar el trabajo. Por cierto, ¿Qué hora es?

—No me mires así, es por tu bien.

—Tengo…— ¡Demonios esto duele demasiado! Tomo aire y hago un último esfuerzo para hablar— ir a la… universidad—más aire— ¿hora?

Se da media vuelta, toma su celular, teclea algo y me lo entrega.

—Son las diez. No hables solo escribe lo que quieras decir.

¡Las diez! ¡Es tarde! ¡No llego! Intento nuevamente pararme, pero otra vez el maldito dolor me derrumba. Si pudiera hablar maldeciría en todos los idiomas posibles.

—Escribe lo que tengas que hacer que yo me hago cargo. No estás ni para levantarte de esta cama y pobre de ti que intentes negarte o hacer alguna locura que esta vez sí que me conocerás realmente enojado, y créeme que no querrás verme en esa faceta.

Lo miro desafiante y no puedo evitar darle la razón, no puedo ni pararme de esta cama por mí misma porque duele todo. Sin más le hago caso. El celular está en el apartado de notas, por lo que escribo sin más.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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