De Un Sueño a la Realidad

Capítulo ocho: Este no es fin.

Unos días más adelante, Christian y Cassandra comenzaron a salir oficialmente.

      El castaño no fue el único que consiguió esa suerte, Josh Blair también había comenzado a salir con una chica que conoció en su clase de gimnasia. Su nombre era Mikaela Brooks, el moreno la presentó cuando comenzaron algo oficial, era bastante graciosa y bonita, tenía el cabello castaño con ondas y mechones rubios, era casi de la estatura de su pareja y delgada. Josh solía comentarle a Christian que sus ojos cafés lo mataban. Nadie había visto el lado romántico de Josh Blair hasta que reveló que salía con Mikaela. Otro con suerte era Brad, Danielle Cavalli, la chica con la que Christian vio a su hermano charlar muchas veces cada vez que salían de la escuela, era una estudiante de intercambio, nacida en Italia y con una familia muy elegante. Christian vio cómo su hermano fue enamorándose, lo que lo hacía sentirse feliz por él. Danielle y Brad comenzaron a salir, no como algo oficial, pero era algo.

      Faltaba un día para Acción de Gracias, así que los chicos se despedían por el breve momento que no iban a verse. Por lo que, cuando salieron de clases, fueron al Coffee Young para compartir unos momentos más.

      —¡Sus pedidos están aquí! —exclamó Jeffrey, cargando una bandeja con lo que habían ordenado, mientras que un mesero cargaba otra.

      Los chicos vitorearon y luego algunos ayudaron a entregar las bebidas y los platos que contenían alguno que otro postre o galletas.

      —Entonces, ¿qué harán para Acción de Gracias este año? —preguntó Jeremy, curioso.

      Todos comenzaron a responder y así mismo pasaron de una historia a otra. Viajes, cosas graciosas, cosas sin sentido, abrazos, momentos románticos y algunos vergonzosos. Todo estuvo muy bueno aquella tarde. Y no había nada que lo arruinara.

 

¿El fin?

      Eso fue lo que Christian creyó en algún tiempo. Que todo había pasado completamente, que comenzaba a ser feliz finalmente. Resultaba que el día que Christian había encontrado a la señora Marshall una noche, afuera, observando las estrellas y donde ella le comentó sobre su viaje a Indianápolis a visitar a su hija, incluía un pequeño secreto.

      En aquellos días en que no estaba, había sido diagnosticada con Leucemia.

      Christian se enteró cuando se sometió a la quimioterapia, tal vez a inicios de diciembre. Él persistía en pensar que podía mejorar y le ayudaba en varias cosas; como usualmente, en el jardín o a veces a hacía compras cuando el señor Marshall no tenía tiempo para hacerlo. Pero entonces, a vísperas de la navidad, tuvo un decaimiento. Fue llevada al hospital por el señor Marshall y Christian se enteró de eso aquella misma noche, luego de regresar de una cita con Cassandra.

      Estuvo dos días internada. Christian estaba pendiente de ella cada hora que transcurría. Hasta que pasó lo que tenía que pasar, Lauren Marshall no pudo resistir más.

      Christian estuvo aquella noche en el hospital, el señor Marshall había ido por una taza de café para mantenerse despierto y el chico se quedó en la habitación, sentado a su lado, sin perderla de vista, cuando entonces, el monitor de signos vitales comenzó a pitar fuerte y muy rápido. Christian gritó por ayuda y enfermeras y doctores llegaron corriendo a la habitación, revisándola y buscando sus equipos para establecerla.

      Pero entonces el monitor gritó un sonido regular y bastante reconocido para todo el mundo.

      —¿Lauren? —susurró Christian, las lágrimas amenazando con salir y un nudo grande en su garganta, una enfermera se acercó a él y comenzó a pedirle que necesitaba que saliera de la habitación.

      Los doctores y las enfermeras prepararon el desfibrilador y comenzaron a reanimarla, pero por más que lo hubieron intentado, el monitor de signos vitales seguía exclamando el mismo sonido.

      —Hemos hecho todo lo posible —Christian escuchó decir al doctor y vio cómo se quitaba los guantes con decepción—. Enfermera Masters, declárela.

      —No. ¡Sigan reanimándola! ¡Por favor! —exclamó Christian, rompiendo el llanto, la enfermera seguía pidiéndole que saliera y le tomaba del brazo para guiarlo—. ¡Ella es…! ¡Ella es mi abuelita! ¡Por favor!



Gabs

#539 en Joven Adulto
#3329 en Novela romántica

En el texto hay: amistad, romance juvenil, primeramor

Editado: 19.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar