El día más esperado del año empieza, pero no te levantás. Lo esperaste cuatro años, pero no tenés energía para salir de la cama.
Están pasando cosas buenas: te arreglaste con tus amigos, tu hermano está en casa de nuevo, estás más tranquila. Sin embargo, salir de la cama es una batalla.
Además, un partido contra Arabia Saudita no es gran cosa. Es obvio el ganador. Y así, mientras tu familia grita los goles, te volvés a dormir.
De pronto, los insultos de tu hermano te despiertan. Ya son casi las 10 de la mañana. No entendés qué pasa, así que salís a investigar. Pensás que seguís durmiendo, no puede ser real, no puede estar pasando eso.
—¿Cómo que perdimos contra Arabia Saudita?
—¡No puede ser! ¡Esto es una tragedia! ¡La puta madre! —se lamenta Lucas.
Ves el resultado en la pantalla, no entendés, ¿Arabia 2 y Argentina 1?
—¡Pero si escuché que gritaron como cuatro goles! ¿O lo soñé?
—¡No, hija! Los anuló el VAR.
Tu hermano sigue insultando, vos buscás el resumen del partido. Ves los goles anulados y después te reís con los memes. Ese mundial va a ser como tu vida amorosa: un total fracaso.
De pronto suena el timbre. Tu mamá les abre a tus amigos, que se juntaron sin vos a ver el partido. Te dan tu espacio para estar sola en casa, pero hoy te exigen que vuelvas a salir. Esto es importante, vos sabés que todos los partidos de la selección los vieron juntos. La Copa América la vieron los tres en la casa de Malena, abajo de la bandera.
—¡Tenés que venir el sábado! —te suplica Malena.
—¡Hacelo por Messi! ¡Por la Scaloneta! —insiste Guille.
—¡Eso! ¡Messi te necesita!
No, no le podés hacer eso a Messi, ¡es su último Mundial! ¿Qué es más importante? ¿Alan o Messi?
—¡Ay, está bien!
Todos gritan, están felices. El siguiente sábado en casa de Malena: los tres bajo la bandera. Sin embargo, hay una duda en tu cabeza. Dale, preguntá, sacá la cera de una.
—¿Viene Helena?
Los dos hacen silencio. Guille suspira.
—Hoy vino y perdimos. No, no puede volver y ella lo entiende. Es más, ella lo dijo.
—Vinieron las tres. No son tan terribles como en la primaria —dice Malena—. Pero no pueden volver a entrar hasta que no termine el Mundial. Se lo prometí a mis papás.
¿Te cambiaron? ¿Ellas estaban en tu lugar? ¿Desde cuándo se llevan bien, incluso con Malena? ¿Por qué...?
—¡Basta! —gritás.
—Alicia, ¿qué te pasa? —pregunta Malena.
—Nada, es que... ¿No les pasa que a veces hay una voz en su cabeza que no los deja en paz?
—Sí, entonces veo videos de carpinchos —comenta Malena.
Ella saca su celular y te muestra un par de videos. Ya conocés algunos, pero te divierten. Además, son muy adorables, es lindo verlos nadar y tomar mate.
—Sí, muy lindos pero... —interrumpe Guille—. ¿Qué decía esa voz?
Ah... no esperabas esa pregunta. ¿Vas a contarle lo que te atormenta? Si ya sabés que te van a decir que no te están cambiando, porque hasta vos sabés que no lo están haciendo. Ahora, ¿vos te animás a abrir el círculo?
—Que... Me gustaría hablar con ella —respondés.
—Está con sus amigas en las Lomitas, iban a "tomar el brunch" —Guille se ríe—. Nunca pensé que iba a tener una novia que "tomara el brunch". Si querés, puedo decirle que venga.
—No. Vayamos y tomemos algo. Todavía no desayuné.
Ellos se sorprenden, hace mucho que no salís. Tu mamá se ve feliz, Lucas quiere acompañarlos pero vos te negás. Así que salen, no sin un abrazo de tu mamá.
Llegan a la galería y suben hasta la cafetería. Las tres se asombran al verte. Helena se levanta y te da la bienvenida. Es hora de bajar la guardia y hablar con ella. No solo es la novia de tu mejor amigo, ahora comparten traumas.
Le decís que querés conversar a solas y piden una mesa aparte. Te pedís la promo: café con 2 medialunas.
—¿Cómo estás?
—Un poco más tranquila, pero me pone nerviosa estar afuera.
—Te entiendo. Tranquila, se sale.
—¿No te daba miedo que aparezca de la nada?
—¿Si no me daba miedo? ¡Obvio, nunca conté en el colegio toda la historia, así que no hicieron nada!
—Pensé que habías hablado con Barrios.
—No le conté ni la mitad. Para él, éramos dos pendejos con problemas de celos.
—Es difícil.
—Intenté advertirte al principio, pero no me diste pelota.
No recordás eso, hacés memoria y no hay nada. Ella se da cuenta.
—En el pasillo del colegio, cuando salías del baño.
Entonces se te viene la imagen a la mente, cuando te dijo que te alejaras de Alan.
—Pensé que tenías un ataque de celos.
Helena se ríe.
—Bueno... sí, tal vez quedó raro. La verdad es que yo no sufrí golpes como vos —dice y señala su cabeza—, pero se me metió acá, fue horrible. Yo no reaccionaba, pero cuando me pegó una cachetada en la calle me alejé. Obvio, me pidió perdón otra vez, fui a su casa y... vi a Plutón. Le faltaba un ojo, pobrecito. Nos peleamos. Su papá me dijo que me daba el gato si no volvía a aparecer y no denunciaba a su hijo, que él lo iba a manejar. Y así terminó todo.
Ya conocés la historia de ese gato, pero no querés explicarle a Helena la verdad. Después de todo, ella le debe mucho a Plutón. Por otro lado, ella parece agradable, aunque sea cheta. Tal vez sea el momento de aprender a convivir. En teoría, las dos quieren a Guille. No tienen porqué ser amigas, pero convivir un poco puede ser una posibilidad. Se nota que ella quiere lo mismo, por lo que dice:
—Y... ¿podemos llevarnos bien?
—¿Querés a Guille?
—¡Es un pibe rebueno! Me trata como una reina y...
—Ya sé cómo es, lo conozco hace años. Y sé que es muy sensible y ya lo usaron una vez, no quiero que le pase de nuevo.
Ella lo mira. Su sonrisa parece sincera.
—Jamás se me ocurriría lastimarlo.
—Entonces podemos llevarnos bien.
Una vez aclarado todo, pagan y se van a pasear. Ellos están con las mochilas. Claro, hay clases igual, el partido ya terminó. Pero tienen que hacer tiempo. Así que le escribís a tu mamá. Después de que ella te diga que sí, que va a descongelar algo, hablás.