Del otro lado del pasillo

El pasado regresa

Hasta que un domingo por la mañana alguien tocó el timbre de su departamento.

Pria miró por la mirilla. Y se quedó completamente inmóvil.

—No...

Del otro lado de la puerta estaba Lucio. Su ex novio. Su ex prometido. Hacía más de seis meses que no lo veía. Habían estado juntos cuatro años. Hasta que ella lo abandonó después de tantos destratos y mentiras.

Pria había sufrido y mucho. Pero después de mucho esfuerzo y llanto había conseguido reconstruirse y seguir adelante. Y ahora él estaba parado frente a su puerta. Tocando el timbre una y otra vez.

Pria respiró profundo y abrió, pero apenas unos centímetros. Dejó la cadena puesta.

—¿Qué querés?

Lucio la miró.

—Pria...

—¿Qué hacés acá después de tanto tiempo?

—Necesitamos hablar. Te extrañé demasiado. Te busqué por todos ....

Pria no se movió.

—No quiero hablar.

—Vamos, abrí. No seas así.

—Andate, Lucio.

—Escuchame dos minutos. Cambié. Te juro que cambié. Estuve yendo a terapia, y movi cielo y tierra para encontrarte... hice de todo por vos !!!

Pria sintió un nudo en el estómago. Esa frase la había escuchado cien veces. Por vos. ...Todo lo hago por vos.

—Lucio, no me interesa si cambiaste. Ya está.

—Dale, no seas chiquilina. Hablemos como gente grande. Abrí la puerta.

—No.

—Pria...

—Te dije que no.

La voz de él cambió. De dulce pasó a impaciente. Como siempre.

—Vamos, no hagas una escena. ¿Querés que se enteren todos los vecinos de nuestros problemas? Abrí y hablamos adentro.

Pria negó con la cabeza. Le temblaba la mano en la puerta.

—Por favor. Andate.

Entonces se escuchó un ladrido fuerte desde el departamento vecino. Un gruñido bajo.

Lucio levantó la voz.

—¡Vamos! ¡No seas tonta! ¡Abrí y hablamos como personas!

Pria estaba a punto de cerrar la puerta cuando, de repente... la puerta del departamento de al lado se abrió de golpe.

El vecino salió. Alto, con lentes oscuros a pesar de estar adentro del edificio. Tomás estaba junto a él, gruñendo, con los pelos del lomo erizados.

El hombre permaneció unos segundos en silencio, escuchando. Después habló con una voz firme, baja.

—Te dijo que te fueras. ¿Sos sordo o qué?

Lucio lo miró sorprendido, molesto.

—¿Y vos quién sos?

El vecino no se movió. Dio un paso adelante. Tomás ladró más fuerte.

—No es no. ¿No te lo enseñaron?
—Vete. O llamo a la policía por alterar la paz de este piso. Y no creo que te convenga que venga la policía acá, ¿no?

Lucio lo observó con una mezcla de enojo y desconcierto. Miró a Pria, que seguía detrás de la cadena.

Finalmente giró hacia ella. Golpeó la puerta con el puño, no muy fuerte, pero lo suficiente para que ella se asustara.

—Esto no termina acá. Vamos a hablar. Vos y yo. Tenemos cosas pendientes.
Y se marchó.

Pria permaneció detrás de la puerta, inmóvil, con la respiración agitada. Tenía los ojos llenos de lágrimas pero no lloraba.

Del otro lado del pasillo solo hubo silencio... y los pasos de su vecino alejándose junto a Tomás.

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