
Ally se preparó mentalmente para todo lo que pasaría durante esos días, dándose cuenta de que posiblemente tendría un largo camino que recorrer para poder tener un poco de confianza en el hombre que se suponía que debía protegerla de sobre todas las cosas. Chasqueó la lengua al verse en el espejo. A Druso le quedaban pocos días antes del golpe final de su relación no tan relación.
Le pidió confianza y se la daría, pero ella tenía sus límites por sobre todas las cosas. Habían sido unos días estupendos, demasiados, y la prueba era el hombre que le dejó un beso en el hombro y apoyó su mentón en su cabeza mirándola en el espejo.
—Puedes quedarte en la casa y, cuando termine el partido, nos veremos en el restaurante. —Druso la miró a través del espejo—. Astrid me dijo que quiere hacer una pijamada esta noche y yo tengo un par de cosas por hacer.
—No te preocupes —Ally sonrió—. Tengo una llamada grupal con mis amigas para ponernos al día acerca del embarazo de Nancy. Aunque es un poco tarde, quedamos en que nos íbamos a reunir pronto y yo tengo que ir a resolver un par de líos acerca de mi estadía aquí.
—Me alegro de que te hayan llamado para recuperar tu empleo. —Druso le dio la vuelta para que lo viera—. El cuerpo de nuestra hija está siendo trasladado a la morgue en Londres… Mi hermano se hizo cargo de todo.
—No puedo creer que ese hombre haya hecho eso con el cuerpo de nuestra pequeña —Ally frunció los labios—. Espero que pague por todo, porque el simple hecho de que haya querido perturbar su tumba en varias ocasiones no es bueno. Solo…
—Lo hace porque sabe que yo no podré jamás estar de su lado —él le echó el cabello a un lado—. Ya me tengo que ir, tengo una entrevista antes del partido y una sesión de fotos con el equipo para la promoción.
—De acuerdo —ella asintió—. Nos vemos en la noche, supongo.
Druso asintió y dejó un pico en sus labios antes de salir de la habitación. Ally lo vio irse desde la entrada y Astrid asintió mirándola.
La pequeña amaba hablar con sus primos, y como era un poco tarde, se suponía que era una pijamada virtual por cómo los tres andaban. Mientras tanto, ella se dispuso a sentarse con sus amigas a charlar un poco más de lo habitual, tratando de no entrar en pánico cuando veía de vez en cuando las dichosas noticias acerca de Druso y esa mujer.
—Espero que no te importe que Yilda se nos una el día de hoy —Nancy comentó—. Es una de las víctimas de Celia, aunque la única que se ha salvado es nuestra Sariel.
—Porque gracias a Dios, mi novio y yo solo tenemos en común a tu esposo y a ti. —Sariel rio—. Aun así, me encanta el drama que se desarrolla en esta familia.
—Tienes un punto. —Yilda se metió en la conversación—. Es mejor estar actualmente cada quien por su lado y dejar que la víbora de Celia se ahogue en su miseria.
—Si tan solo fuera tan fácil de hacer o decir —Ally sin humo—. Incluso aquí, siento que esa mujer me persigue hasta en la sombra. No sé qué hacer y…
—¿Y qué?
—Me llegó una nota de que fuera al partido —susurró incómoda—. Druso se ha estado portando un poco extraño últimamente y la verdad es que tengo dudas.
—¿Sabes de quién era la dichosa nota?
—Decía que debía ir a un lugar lo antes posible o algo así —Ally se encogió de hombros—. Supongo que algo grande pasará en la… —Sonrió al escuchar el grito de Astrid mientras hablaba con sus primos—. Disculpen. Aquí cierta persona anda muy feliz en su noche de pijamadas.
—Ya me imagino, porque igual escuché el gritito de Joshua. —Nancy rio—. Ahora bien, puedes seguir confiando en Druso todo lo que puedas. No creo que te haga daño como hemos estado pensando en los últimos días o algo así.
—Mi temor es que Druso me termine de romper el corazón nuevamente y que no confíe en mí.
Sus amigas le dieron uno que otro consejo de cómo lidiar con la ausencia de Druso, y ella estaba demasiado mal como para decirles algo. Durante el transcurso de la noche, vio que su pequeña Astrid se quedó dormida y pensó en lo que le comentó Nancy hace un tiempo. A lo mejor era buena idea hacerle una prueba de ADN; sin embargo, tenía una duda de entre todas las cosas que pasaban en su vida.
Druso llegó entrada la noche, justamente cuando ella se encontraba durmiendo y todos sus planes se fueron al caño. Astrid había estado durmiendo dos horas antes, porque sus primos no aguantaron. Agradecía que no fuera a ese restaurante, porque iba a quedarse como una idiota esperándolo como las veces anteriores.
A la mañana siguiente, estaba ella dándole de comer a Astrid, mientras la pequeña terminaba de colorear algunas cosas de sus clases de arte. Druso estaba entrando a la cocina cuando las vio con el rostro cambiado por completo.
—Buenos días —Druso saludó—. Anoche…
—Descuida, ni me cambié para ir al restaurante —sonrió a medias—. No vi el partido, así que puedes estar tranquilo. Ya es costumbre.
—Ally…
—No, no quiero hablar ahora —dijo ella enojada—. Esperaba tu mensaje para ir, y al ver que ya sería la hora de Astrid dormir, supuse que el partido fue largo y que tenías algunas entrevistas.
—Estaba haciendo un par de cosas y cuando vi la hora, ya era tarde —Druso hizo una mueca—. Prometo que te voy a recomponer…
—Haz lo que quieras, no importa.
El transcurso de ese día fue una locura para ella en el sentido en el cual ni quería verlo. Astrid se quedó con ella platicando y, cuando fue la hora de su descanso, Ally vio en las noticias que el día de mañana habría un enorme anuncio que darles a todos. Se encogió de hombros, puesto que Druso no le dijo nada al respecto.
Y de ese modo cortante, se pasaron los tres en la casa, hasta que Druso tuvo que irse al día siguiente a un partido con los de Washington.
—Me iré al partido de hoy —Druso informó un poco incómodo—. Por favor, no…