Después del fin

Capítulo 21: La pelea

He estado toda la noche pensando en cómo lo haré. He tratado de imaginarme matando a alguien, cómo me veo ante los demás, pero se me hace tan complejo imaginarlo que, seguramente hacerlo, será peor.

Cuando mi papá y yo llegamos a la casa de Willy ya habían llegado los demás. Creo que nuestra cara delató todo porque, cuando entramos, todos hicieron reinar el silencio, en seco; ni siquiera cuchichearon. Les que contamos todo y ellos nos entendieron.

Vamos despertando todos. Es muy temprano, pero tenemos mucho que hacer.

La gran pelea, hoy es la gran pelea.

Hemos tomado el desayuno y ya nos vamos preparando. A mí me han dado el mejor cuchillo, seguramente porque soy la que lo hizo peor con las almohadas.

Salgo a visitar a mi hermano a la habitación para procurar que sabe bien lo que debe hacer.

Él me habla de manera llorosa e insegura, tratando de parecer frío. Sé que todo lo que ha ocurrido le duele.

—No vayas, por favor. No quiero perder a mi hermana —me dice, constantemente.

—Debo hacerlo, para que seamos libres —le contesto, tratando de ser convincente.

—Promete que volverás a buscarme

—Lo prometo

Aunque dudo que pueda.

Después de todo esto nos vamos al sitio vacío en que será la pelea. Nos juntamos con las otras comunidades, con los de nuestro lado. Me fijo en los que están en nuestra contra, en que no hay ningún adinerado, solo gente pobre, todos somos la gente pobre, los dos bandos. Son los traidores.

Esto me enfurece: estamos peleando nosotros contra nosotros mismos, solo que los otros han sido chantajeados. No son capaces de pelear los adinerados, ellos no se mancharían las manos de sangre, prefieren que los demás lo hagan por ellos.

Nos reunimos los de nuestro lado en un extremo y los traidores en el otro. Entre ellos no diviso a ningún familiar, pero si conocidos. Es una decepción que lleguen a eso. Veo a mis familiares (mi tía, mi tío y mi papá) de nuestro lado. Eso es alentador, pero solo un poco.

No dejo de temblar de miedo. Este podría ser mi último momento viva, de pie, respirando, siendo quién soy, con las manos limpias de sangre. Me dolería tanto dejar a mi hermano solo en ese lugar con otros niños. Haré que esa promesa sea una que se cumpla.

Todos empuñamos nuestros cuchillos. Veo a algunos que se agarran de las manos con fuerza, pero ninguno llora.

Hemos acordado que la pelea empezará cuando suene la alarma que indica el mediodía.

Ahora que observo todo esto bien, objetivamente, me parece ridículo. Esto no es una pelea para que salgamos a la libertad sino una que han hecho los adinerados para que estemos divididos y nos aniquilemos nosotros mismos.

Me quedo sumisa en mis pensamientos de odio cuando suena la alarma. Los que están adelante comienzan a gritar mientras corren, blandiendo sus grandes cuchillos con orgullo. Los traidores también lo hacen.

Todos van corriendo hasta que chocan. Siempre he pensado que lo peor es ir delante porque en ese choque entre los dos bandos es muy probable morir.

Yo me quedo inmóvil lejos de ellos, confundiendo a quién debo matar. Sé que tenemos trajes para diferenciarnos, pero no podría matar a conocidos, gente que he visto toda la vida.

No sé si podré hacerlo.

Uno de ellos se aproxima a mí. Trato de alejarme rápido de él, pero me alcanza. Él está por hacer uso de su cuchillo; debo detenerlo. Empuño mi gran cuchillo y se lo entierro. Sangre comienza a salir de su boca, en gran cantidad. Quedo asombrada viendo a esa persona que ahora cae.

No puedo creerlo: maté a alguien. No creí que fuera capaz de hacerlo hasta que lo hice, pero eso no me hace sentir feliz sino horrorizada. Trato de sacarle el cuchillo del cuerpo, pero no puedo; está muy incrustado a él. Definitivamente esto es mucho más difícil que con las almohadas.

Hago fuerza con los pies y lo saco. Estoy por darme la vuelta cuando escucho un ruido, no muy fuerte. Miro mi pierna ortopédica y veo un cuchillo enterrado en ella y, atrás mío, una mujer con rostro enfurecido. Qué lástima para ella porque se equivocó de pierna.

Ella pone cara de perplejidad al verme dar la vuelta sin expresión de dolor. Tomo el cuchillo y le hago un corte en el cuello. Cae muerta de manera instantánea.

Me quito el cuchillo de la pierna ortopédica fácilmente y voy armándome de valor para acercarme a los demás.

Veo asombrada a Nancy quién, como si nada, entierra el cuchillo a cuanto contrincante encuentra, igual que mi papá, Willy, mi tía (aunque ella es un poco más considerada en los cortes) y mi tío.

Me asombra más ver a mi papá matando gente, básicamente porque siempre, desde que era muy pequeña, he pensado de mis padres lo mejor, que no son capaces de hacerle daño a nadie, que son perfectos. Pienso en que todo esto lo hace por una razón: por la causa, darlo todo por nuestra libertad.

Llego hasta el centro de todo. La sangre y los gritos abundan. Menos mal que aquí no hay cámaras porque el Controlador que vea esto quedaría traumado, aunque, pensándolo bien, cómo se va a traumar con algo que ve todos los días, y es que estoy segura de que ellos han matado a más de una persona.

Veo a otro de los traidores acercándose; vaya que son muchos. Tomo el cuchillo con fuerza y se lo entierro en el pecho, aunque hacerlo no es tan fácil como se ve. Tengo que forcejear y pegarle varias veces para poder hacerlo. Otra persona que cae muerta.

Pensar que estas personas sobrevivieron a los derrumbes del remezón, a enfermedades y muchas cosas más, pero no sobrevivieron a una adolescente asustada. No sé si con eso me estoy subestimando, quizá soy muy capaz de muchas cosas en las que no confío, aunque no lo crea, pero no me siento capaz de seguir matando. Me siento culpable, ni que tuviera el derecho de matar a alguien.

No entiendo cómo es que hay traidores ahí, dando su vida por personas que nada bueno han hecho por ellos. Si no hubiese traidores ganaríamos sin esfuerzo, superamos en masa a los adinerados y sabemos que ellos no se mancharían las manos. No sé qué sentido tiene para los traidores, qué sentido tiene traicionar a los suyos y apoyar a los otros.



the_icegirl

Edited: 19.07.2019

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