Desventuras

El Cero Divino

Antes  

… 

Tiempos desesperados requirieron medidas desesperadas.  

Ya no tenían muchas esperanzas.  

Pero se estaban convirtiendo en una obra de arte. 

… 

 

Las luces de neón reflejándose en el agua hacían parecer al mar radioactivo. Un océano de queroseno. Las olas chocaban contra la orilla a la vez que la chica a su lado sonreía.  

—Es mejor que ocultes las balas —le dijo ella asintiendo al montón de ropa que había estado en sus cuerpos. Destellos plateados yacían a su lado—. Será muy sospechoso si alguien las ve. No se permiten las armas aquí.  

Según Vic no se permitían las armas en ningún lado, pero concordó con ella. Tomó la pistola y la miró unos segundos, alternando la vista entre el objeto y los ojos de Isabelle. En verdad le gustaban los ojos de Isabelle ahora; estaban tranquilos y relajados, totalmente contrarios a cómo los había visto cuando llegó a la playa: salvajes y aterrados. Suplicándole que la tocaran. Vic pensó que la vida era una broma en ese momento. El tipo al que había ido a asesinar ya no estaba ahí y una chica que nunca había visto en su vida le estaba invitando a tener sexo con ella. Cuando se le acercó comprendió lo drogada que se encontraba. Él no iba a aprovecharse de una pobre chica drogada, por supuesto que no. Así que sólo habló con ella. Por varias horas. Vic no tenía idea de cuánto tiempo había estado en esa playa hasta ahora. La puesta de sol se había ido de nuevo. ¿Un día? ¿Tres? Tal vez una semana. No podría decirlo con exactitud, ni él ni nadie de esa fiesta.  

— ¿Te vas? —preguntó Isabelle al verlo levantarse.  

Vic se sacudió la arena de los brazos—. Sí, y tú también deberías. 

La chica se quedó en silencio. En un largo silencio. Así estuvo sólo unos diez minutos desde que se habían conocido, cuando se le estaba pasando por fin el efecto del éxtasis. En ese instante Vic se fumaba su quinto cigarrillo.  

—Creo que es suficiente —le había dicho él dándole un manotazo a las pastillas que ella estaba a punto de ingerir. Isabelle había volteado a verlo molesta.  

Lucía terrible. Tenía el maquillaje corrido, el cabello despeinado y se notaba enferma y cansada de estar demasiado despierta. Después lo había besado.  

— ¿Me acompañas a casa? —habló Isabelle antes de que Vic comenzara a caminar en dirección al centro de la playa para irse. Aún se oía música.  

Él se giró en tanto ella se levantaba. Su cuerpo desnudo estaba lleno de arena. Vic había contado sus cicatrices mientras Isabelle estuvo dormida. Lo hizo cuando se cansó de contar estrellas. Tenía muchas. Él asintió a lo que ella dijo y esperó a que la chica se vistiera. 



Jay Cira

Editado: 20.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar