Disponible Hasta 1-3-21 El Ángel de su alma gemela (1)

Capítulo 27: el club.

La música ensordecedora lastimó los oídos de Anna apenas entraron al club, pero la temperatura la reconfortó, al poco tiempo de entrar dejó de temblar con tanta intensidad.  

Había un pasillo corto de paredes negras, cubiertas con una tela suave, no tenía iluminación, pero no hacía falta, al final se encontraba la pista de baile y el resto del lugar, pero desde allí solo se podía distinguir luces, la mayoría azules y sombras que se movían.

Anna se detuvo al momento en que James lo hizo. Él sacó un manojo de llaves y se dispuso a abrir una cerradura, Anna se dio cuenta de que estaban junto a una puerta muy bien camuflada de color negro.

—¡Te vas a enfermar si no te cambias esa ropa! —exclamó James haciendo señas después de abrir—¡Entra aquí y ponte algo seco! ¡No te preocupes está limpia, la mandé a lavar!

Anna asintió con la cabeza y en ese momento Oscar se acercó a James para decirle algo que ella no escuchó.

—¡Espérame, ya vuelvo! —le dijo cuándo Oscar se hubo marchado. 

Asintió de nuevo y entró a la habitación. James cerró la puerta tras ella y el ruido disminuyó a tal punto que la música parecía muy lejana.

Observó a su alrededor, parecía estar dentro de un gran armario, había gran variedad de prendas, abrigos, cinturones, y una sorprendente cantidad de zapatos a los cuales a la mayoría les faltaba el par.

Buscó y rebuscó con desaliento, las prendas femeninas eran muy reveladoras para su gusto. Miró en los abrigos y no tardó en encontrar uno bastante grande, era marrón y parecía imitación de piel. Tomó una minifalda que parecía más bien un pedazo de tela y un top rojo que no dejaba nada a la imaginación. Se vistió sobre su ropa interior empapada por la lluvia y dejó el resto de sus prendas sobre una silla que estaba en una esquina. Se cubrió con el abrigo para no dejar ver nada y salió.

Al final del pasillo había una escalera que descendía, estaba forrada del mismo material que cubría las paredes. A lados se podía ver una especie de camino que rodeaba el club, que tenía forma de rectángulo gigante, con una barandilla de metal. Grandes luces multicolores alumbraban el lugar, a pesar de eso el ambiente era bastante oscuro. Abajo y al fondo se podían apreciar a los que estaban encargados de la música, había un bar, y muchas mesas. James todavía no llegaba, y Anna se puso a observar a las personas, algunas bailaban con movimientos muy sensuales. Observó cantidades de rostros y, a la distancia, todos parecían divertirse sin detenerse a pensar en lo que hacían. Podía ver a las personas riendo mientras bebían, otros besándose como si nadie los pudiera observar, también vio cómo había hombres rodeados de varias mujeres.

En su inspección encontró a Alexander, la verdad no esperaba encontrarlo en la pista de baile, muchos menos tan rápido entre aquella multitud. Se había dicho a sí misma que lo más seguro era que cuando viera a su ex novio sentiría un profundo odio, pero no fue así, fue peor, tuvo ganas de morirse. Anna experimentó una punzada en su pecho al ver aquella escena, una rubia estaba bailando con él, y no solo eso, sus manos la tocaban a ella y a cada momento sus rostros se acercaban a tal punto que parecía que iban a besarse. Un cosquilleo desagradable invadió el cuerpo de Anna, no sabía si interrumpirlos a gritos o marcharse y continuar llorando desconsolada en su apartamento, si es que conseguía contener las lágrimas hasta llegar allá.

Era cierto que ya no eran novios, porque él había terminado con ella, pero Anna se preguntaba si acaso todas las relaciones funcionaban así ¿Solo uno debe querer terminar y eso es todo? Pensó entonces que debería ser como el divorcio, que ambos estén de acuerdo, o al menos discutirlo juntos y no irse sin dar la cara ¿Era normal que en menos de veinticuatro horas ya se estuviera con otra persona?, ¿o acaso Alexander había resultado ser un mentiroso y esa mujer era su otra novia? Anna no concebía la idea de que ellos estuvieran bailando de ese modo sin conocerse muy bien.

—¡Ya volví! —dijo James, pero ni su voz ni su presencia fueron suficientes para interrumpir sus pensamientos— ¡perdona, tuve que atender un asunto y…!

Anna no prestaba atención, tenía los ojos clavados en Alexander y en esa mujer. En eso sintió que una mano la tomó por el brazo, alzó la vista, James le decía algo que no podía comprender, por un momento era como si todo hubiera quedado en silencio.



Laura Zarraga

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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 23.12.2020

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