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“Él, su estricto tutor”

Mientras tanto, Mariana caminaba por la mansión, maldiciendo internamente por tener otro idiota detrás de ella, jurándose nuevamente, sacarlo corriendo de la mansión, lo más pronto posible.

Al llegar la hora de la merienda, Mariana comió lo que se le sirvió, sin rechistar de los alimentos.

Su mente estaba tan ocupada, pensando un plan para deshacerse de su tutor, que ni siquiera la presencia de este mismo, pudo impedir que maquinara un plan, que lo sacaría de su vida.

–Gracias por los alimentos –sin expresión alguna, Mariana se levantó de la mesa y camino sin rumbo fijo, fuera del comedor.

Su mente era ingeniosa y perversa, siempre conseguía lo que quería, aun si esto le costara ser buena niña, por un día.

Era viernes. El único día en que su padre le prestaba algo de atención a su entorno en la mansión, y a ella durante la cena. Así que lo usaría sabiamente para su plan.

Y así fue como el tiempo prosiguió, y la hora de la cena llego.

Marco, por primera vez, vio al señor Arón, cenar en compañía de su hija, quien mostraba los más amables y finos modales durante la cena.

No había berrinches, ni quejas por parte de Mariana. Todo era tranquilo así como lo fue en el almuerzo.

Marco comenzaba a sospechar sobre el comportamiento de su alumna, pues no había pasado tanto tiempo, desde que los dos habían discutido sobre la educación de ella.

Mientras los platos eran servidos y vaciados, el silencio era un incómodo anfitrión. Marco solo observaba de reojo a su callada y comportada alumna, quien ahora aparentaba ser un ángel, escondiendo los cuernos.

Terminada la cena, el señor Arón, le pidió a la sirvienta felicitar al chef, siendo los últimos platos recogidos, a su vez en que él, enlaza sus manos y miraba a su hija.

–Mariana ¿hay algo que quieras decirme hoy? –hablo sin rodeos, el padre de la joven.

–Si padre, y ya sabes lo que es. No quiero otro tutor, así que por favor, desiste de tu decisión.

–No lo are. Y si eso es todo lo que quieres decirme, me retirare.

–¡No padre! bríndame un como más de tu tiempo.

Mariana, suspirando hondo, analizo las cosas antes de que su padre se marchara. La resignación parecía ser su única opción.

–De acuerdo padre. Usted gana. Accederé a este tutor que me has dado. Daré todo de mí, para que este sea el último tutor que me pongas.

–¿No mientes?… –el hombre de manos cruzadas, dudaba sobre las palabras de su traviesa y bipolar hija. Ya antes había escuchado algo así.

–No miento padre –Mariana volteo su mirada hacia Marco, quien solo observaba su conversa–. Si usted, tutor. Me ayuda con lo que me espera el destino, no me opondré a sus métodos de enseñanza. Así que, por favor, llevémonos bien desde ahora –con una sonrisa angelical, ella aparto la mirada de Marco, quien estaba muy desconcertado por su comportamiento.

Mariana, sin duda alguna, era de esas chicas que sonreían diciendo la verdad, pero algo no le cuadraba a su padre.

Después del pequeño acontecimiento, Marco se dispuso a descansar en su recamara, pero fue interceptado en uno de los pasillos por Mariana.

–¿Podemos hablar? –pregunto ella, entrelazando sus manos al frente.

–¿De qué desea hablar? –mirándola seriamente, Marco espero lo peor de sus palabras.

–Sobre lo que dije en el comedor –sonriendo–, voy en serio. Ya no quiero oponerme al aprendizaje que quiere mi padre para mí. Quiero que en verdad logres enseñarme lo que necesito.

Marco, no se podía creer lo que le decía su malcriada alumna. Para él, esto era un truco.

–Yo no te creo eso. Piensas que actuando de manera angelical y de buen modo, puedes ocultarme tus verdaderas intenciones. Lo que tú quieres es que yo me largue de aquí –muy serio, Marco la fulmino con la mirada.

Por otra parte, la tranquila niña le sonrió amigablemente, negando con la cabeza sus acusaciones.

–Te equivocas. Quiero que todo ande bien desde ahora. También quiero disculparme por lo ocurrido en la mañana, actué de una manera inadecuada. Espero que lo comprendas.

Él no sabía si era bueno creer en esas palabras, pues conocía del peligro que la adolescente producía.

–Mira, que tal si comenzamos desde cero –extendiendo su mano derecha, la angelical chica espero que él estrechara su mano, en símbolo de tregua mutua.



LaangelitaP24

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En el texto hay: prohibido, profesor alumna, secretos

Editado: 25.09.2021

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