Efecto Mörder

CAPÍTULO IX

Especial

09 de mayo de 2000

 

Los pies me dolían muchísimo por la carrera que había dado media hora antes, unos chicos mayores habían tratado de robarme el dinero que había hecho en el día de hoy por las empanadas que hacía mi mamá y mi hermanita, no podía permitir que nos dejaran sin nada, yo soy el hombre de la casa, como dice mamá y eso implica protegerlas a ambas, aunque ella no me diga eso.

Mamá está muy enferma y no puede trabajar en la calle entonces hace comida para que mi hermana y yo la vendamos.

Por suerte perdí a los chicos que me perseguían para quitarme el dinero, he tenido que aprender a defenderme pero ellos son muchos además de que son más grandes que yo.

Mamá suele decir que los evite y si me atrapan simplemente que les dé el dinero para que no me hagan daño. Porque esto no ha pasado solo hoy, pasa muy seguido en el barrio donde vivimos. Me molesta mucho hacerle caso a mamá en esto, ¿Por qué debemos regalarle el dinero a ellos si no hacen nada para ganarlo?

Cuando estuve más cerca de casa divisé el largo pelo de mi hermana siendo jalado por un chico mayor quien no paraba de decirle cosas mientras ella lloraba.

La rabia me golpeó y enseguida solté todo lo que llevaba en las manos para ir a defenderla.

En ese momento el chico de no más de quince años dio un paso atrás al verme, soltando así a mi hermana, aunque cuando vio que se trataba de mí solo sonrió con malicia y trató de acercarse otra vez a Diana.

Fue ahí cuando no me importaron las palabras de mi mamá respecto a que no me metiera en problemas, nadie le haría daño a ninguna de las dos mientras yo existiera.

Y aunque fuera más pequeño que Dagand, el nombre del chico que molestaba a Diana, pelearía por mi hermana sin importarme nada.

Después del primer golpe vinieron los demás, pero yo no sentía más que rabia, para tener nueve años sabía defenderme muy bien además mi altura ayudaba, entonces cuando lo golpeé dejándolo sin aire aproveché para tomar la mano de mi hermana y correr a casa donde por algunas horas estaría a salvo.

Al entrar con Diana cerramos bien la puerta mientras respirábamos entrecortadamente, fue en ese momento cuando nos dimos la vuelta para encontrarnos con la mirada de mi mamá de preocupación y a su lado un hombre al que no conocíamos.

— ¡¿Qué pasó?! —preguntó asustada mi mamá acercándose a nosotros.

—Dile —le dije a Diana quien al igual que yo no apartaba la vista del extraño sentado en la sala a un lado de un pastel—, y dile desde cuando pasa esto.

Mi hermana esta vez se volvió para mirarme con una expresión aterrada pero se limitó a preguntar.

— ¿Quién es él, mamá? —su dulce voz no cambió el gesto de preocupación de mi madre.

Pude notar sin embargo que los ojos grises de ese hombre se posaron en Diana y ella se tensó mucho más de lo que ya estaba.

—Es... un amigo que ha venido a festejar su cumpleaños, ahora tú dime que ha pasado Diana Artemisa.

A duras penas y con la mirada del extraño sobre nosotros Diana comenzó a hablar de los acosos de los chicos del barrio hacia ella, algunos trataban de tocarla pero siempre llegaba alguien a salvarla, según ella.

Al terminar su relato mi madre terminó abrazada con ella llorando pidiéndole perdón.

De repente el hombre que se había mantenido en silencio durante todo ese tiempo por fin habló causando el inevitable temor de mi hermana y que yo estuviera pendiente, pues si él se atrevía a dañarlas yo lo atacaría sin importarme nada.

—Creo que será mejor que cortemos el pastel.

Mi madre asintió y después de que cantáramos el cumpleaños y comiéramos del pastel que seguramente él había traído, ya que nosotros nunca festejábamos nuestro cumpleaños debido a la falta de dinero, el desconocido volvió a hablar.

—Es hora de hablar Athena, los niños deben estar haciendo lo que hacen los niño a esta hora, dormir —recalcó haciendo que los ojos de mi madre se llenaran de lágrimas otra vez.

Nuevamente sentí mucha rabia dirigida a ese extraño que hacía llorar a mi madre.

Así que lo miré desafiante y le dije:

—Usted no manda sobre nosotros.

Las pupilas grises de él me miraron y sonrió divertido molestándome más, no me gustaba que se burlaran de mí y él lo estaba haciendo.

—No lo hago, tienes razón pequeño D, pero realmente debo hablar con tu mamá ¿Me dejarías?

Mis ojos buscaron a mamá y su aprobación, y esta tras suspirar asintió.

—Acompaña a tu hermana a la cama.

Ambos asentimos y comenzamos a subir las escaleras, pero yo no me fiaba de ese hombre y debía proteger a mi mamá así que le dije a mi hermana que  me esterara en nuestra habitación y esta no me cuestionó así que sin que se diera cuenta mi madre y extraño me escondí para estar alerta de que no pudiera dañarla.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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