Efecto Mörder

CAPÍTULO XV

—Mañana es mi cumpleaños —murmuré rompiendo el silencio incómodo que había en el auto—. Mamá me organizó una fiesta... pero no puedo invitarte, papá enloquecería.
— ¿Padre celoso? —pregunté burlón.
Yo me limité a hacer una mueca.
—Más que eso, siento que tenga que ser así, por alguna razón papá se enteró que tu eres parte de Dunkel y quiere que me mantenga alejada de ti.
Vi como su mandíbula se tensó y sus nudillos se pusieron blancos sobre el volante lo que causó que me removiera incómoda.
—Entiendo —fue todo lo que me dijo y no me sentí para nada bien.
—Nik, lo de hace rato…
—No tienes nada que responder, no te sientas obligada a hacerlo.
—Pero no lo hago, yo...
—Llegamos —dijo él cortándome por completo y lo entendí.
Asentí apretando mi regalo contra mi pecho.
—La he pasado muy bien hoy —me incliné para besar su mejilla cerca de sus labios y él me contempló sorprendido—. Como nunca la he pasado con alguien, gracias Nik.
Acaricié su mejilla y me apresuré a abrir la puerta de mi casa sin notar que alguien había presenciado nuestra escena.

*

 

Mamá se había esforzado demasiado por mi fiesta de veintidós pero a mí no me interesaba demasiado, sobre todo si no iba a asistir Nik.
Así que todo el día la pasé en mi habitación escribiéndome con mis amigas sobre lo que iban a ponerse en la noche.
La inquietud que sentía en mi pecho no se iba, Dominik ni siquiera me había escrito para felicitarme aunque traté de relajarme pues aún era temprano, de hecho no eran las doce todavía.
¿Estaría él avergonzado por lo de anoche?
¿Debido a que no le dije que él también me gusta?
Soy una estúpida.
Gruñí en mi interior.
Entonces me asomé por mi ventana para ver si podía verlo pero quien estaba afuera de la casa era Diana en los mismos escalones que había estado ayer Dominik y en sus rodillas estaba un bebé.
Enseguida abrí mi ventana para saludarla y ella me devolvió el saludo.
— ¡Hey, me dijeron que hoy es tu cumpleaños, felicidades, te compré un regalo!
En ese momento me sonrojé con vergüenza ¿Cómo no podía invitarla a mi cumpleaños?
Le hice una seña de que bajaría y ella asintió sonriéndome.
— ¿A dónde vas, niñita? —Preguntó mamá con una ceja arqueada.
—Ya vuelvo.
Fue todo lo que dije y cerré la puerta detrás de mí, Alana murmuró un par de cosas pero yo simplemente no pude oírla.
Cuando caminé en dirección de Diana esta se levantó con el bebé en brazos y me sonrió para luego abrazarme.
—Tu mamá ha sido muy amable en invitarnos y yo no sabía que ropa ponerme pero ya tengo el vestido perfecto, papá me acompañó a comprarlo.
Primero la miré con sorpresa pues no pensé que mamá hubiera invitado a los vecinos nuevos y segundo contuve una sonrisa burlona pues no imaginaba a un mafioso de compras con su hija.
—Tranquila, no habrá demasiada gente, ¿Quién es tu precioso amigo de aquí? —pregunté acariciando la mejilla regordeta del niño sonriente que al igual que ella tenía los ojos grises.
—Mi sobrino, es hijo de Kilian —aclaró.
Yo abrí la boca con sorpresa buscando un parecido del niño con Kilian y efectivamente se parecían, de hecho era su mini copia salvo por el color tostado de su piel.
—No sabía que Kilian fuera casado.
A decir verdad era poco lo que sabía de la familia Mörder.
—Y no lo es, es una larga historia, mi hermano está buscando una niñera para este bebé precioso.
— ¿De verdad? —pregunté interesada, hace mucho quería encontrar un trabajo.
—Sí, si te interesa puedo hablar con él.
—Seguro, me harías un favor enorme.
—No hay problema, ¿Quieres que te muestre la casa?
—Si tú quieres.
—Vamos entonces —me guiñó el ojo entusiasmada y ambas ingresamos a la casa de los Mörder.
La casa me dejó sumamente impresionada, era bellísima contrario a lo que se decía en el pueblo y me quedé gratamente sorprendida al ver lo grande que era.
Diana comenzó a enseñarme todo el lugar para luego decirme que las habitaciones estaban arriba.
— ¿Quieres que te enseñe la habitación de Dominik? —Preguntó moviendo las cejas en un gesto de picardía que me hizo reír.
— ¿Está él allí?
—Eres perversa cuñada —se carcajeó ella dándome un golpecito en el hombro.
— ¿Qué? Solo pregunté.
—Sí, claro, vamos.
Comenzamos a subir las escaleras mientras ella hablaba.
— ¿Tienes experiencia con niños?
—Sí, una de mis mejores amigas tiene una bebé y a veces la cuido.
— ¿Cómo se llama?
—Mia ¿Y este príncipe?
—Dante, un nombre para nada alemán —Se rió Diana hasta que se detuvo en una puerta.
—Esta es la habitación de Dominik, los espero abajo, seguro que tienen mucho de qué hablar.
Me guiñó el ojo y se fue antes de que yo siquiera pudiera hablar.
Suspiré y toqué su puerta pero al no oír respuesta la curiosidad me embargó así que entré de todos modos.
Él estaba sobre su cama todavía durmiendo, no pude evitar acercarme sintiéndome completamente atraída por su belleza masculina.
La sábana solo lo cubría de cintura para abajo mientras sus brazos, cara y pecho estaban al descubierto.
Acto seguido me mordí el labio tentada a tocarlo y así lo hice, la yema de mis dedos hizo contacto con la piel caliente de su pecho haciendo latir mi corazón con fuerza su rostro se contrajo de placer así que dejé de tocarlo asustada porque me descubriera en eso, pero fue un peor cuando gruñó mi nombre, creí qué había despertado pero no fue así.
Luego de unos segundos volví a tocarlo pero esta vez en la cara entonces para mi sorpresa él gruñó y sus grandes manos se aferraron a mis brazos haciéndome caer sobre su pecho arrancando de mis labios un grito de sorpresa, entonces él me dio la vuelta quedando sobre mí para después enterrar su nariz en mi cuello y gemir mi nombre.
—Alaia.
Su voz ronca y masculina me hizo erizar por completo.
—Dominik ¿Qué haces? —Susurré en su oído cohibida pues él parecía seguir dormido aunque me moviera.
—Me vuelves loco —Ronroneó en el mismo lugar pero esta vez comenzó a dejar un camino de besos de los cuales vergonzosamente se me escapaban pequeños gemidos—. Hueles tan bien.
—Dominik, tienes que parar... Dominik —Pero él siguió con los besos hasta llegar al inicio de mis senos y para mi sorpresa mordió seductoramente uno de ellos sobre mi camisa—. ¡Dominik!
Aquello fue una especie de gemido protesta mezclado con placer pero lo que aparecer lo despertó por completo no fue mi grito sino que mi mano halara su cabello para apartarlo de ahí... aunque realmente no quisiera aquello.
Sus acciones me habían dejado temblorosa además de que habían despertado sentimientos extraños en mí.
Sus ojos se habían abierto mirándome con vergüenza mezclada con deseo.
Se llevó una mano a la frente apartando un mechón de su pelo que caía sobre este pero no se levantó de encima de mí.
—No estoy soñando —Murmuró.
Entonces yo sonreí tratando de calmarlo pero era yo quien más necesitaba calma, sus acciones habían sido sumamente atrayentes y adictivas, aunque nunca lo fuese a admitir.
—No lo estás.
Al instante que iba a decir algo más la puerta de la habitación se abrió y por esta entraron Jeff y Jakob Mörder.
Oficialmente este es el día que más vergüenza he pasado en mi vida.
La cara de Jakob irradiaba una rabia súbita mientras que la de Jeff era un poema.
—Lo siento hijo...
Dominik gruñó enseguida y antes de que pudiera decir algo Jeff salió con Jakob cerrando otra vez la puerta.
—Lo siento tanto cara de ángel estos van a pensar...
Yo cerré los ojos apoyando mi frente en su hombro y lo sentí tensarse pues él aún estaba encima de mí, cuando se apegó más pude sentir algo duro entre nosotros y supe que había llegado el momento irme.
—Yo, solo vine... Diana me mostró la casa y tu habitación... Dios, lo siento mucho, debo irme.
Él ya se había apartado de mí y cuando di un paso para irme me sostuvo del codo.
—Espera un momento.
Se apartó de mí buscando algo dentro de su bolso para después darme la vuelta y quedar a mis espaldas evitando que me moviera.
—No te muevas, feliz cumpleaños —Susurró al fin cuando puso su delicado collar alrededor de mi cuello.
El dije decía mi nombre y era bellísimo.
Encantada me giré a verlo y lo abracé agradecida.
— ¡Es bellísimo, me encanta Nik, muchas gracias!
—No hay nada que agradecer, no es mucho pero...
— ¡¿De qué hablas?! ¡Significa mucho para mí! Se me olvidaba, tienes que venir a mi fiesta, mamá invitó a sus vecinos nuevos, a todos, no sabe que tú eres su vecino así que ella será la culpable de la ira de papá, yo seré inocente.
Dominik se carcajeó y asintió.
—Entonces, ahí estaré.
—Yo esperaré por ti —Susurré—. Además deberás bailar conmigo.
Entonces me fui de su habitación, por suerte ni Jeff ni Jakob estaban por ahí así que pude caminar tranquila a la salida donde estaba Diana aún con Dante quien parecía ser su hijo.
— ¿Hablaron? —Preguntó en tono insinuador.
—Sí, fue una conversación muy productiva.
—Ya lo creo.
Ella guiñó el ojo y ambas nos reímos.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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