El animal que hay en mí

Capítulo 6

Era una tarde tranquila. Las nubes en el cielo flotaban libres y etéreas tras las montañas. Diana caminaba por la silenciosa y vacía calle. La ausencia de sonido era inquietante y perturbadora, como si en cualquier momento algo aparecería de entre las sombras. 

Repentinamente, un ruido erizó su piel. Se giró para ver de donde procedía y visualizó una bestia encerrada en una jaula. Ésta gritaba e intentaba salir de forma bruta de aquella prisión, hiriéndose a sí misma y bramando con inquietud.

Cuando ese ser hizo contacto visual con Diana, la chica se reconoció. 

Era ella.

La bestia se escapó de la jaula y se lanzó contra ella. Unos ojos del rojo de la sangre penetraban en los suyos con una mirada inhumana e irreal. Diana gritó hasta quebrarse la voz e intentó escapar de aquellas garras...
Pero fue en vano.

La pesadilla la despertó cruelmente. Una película de sudor perlaba su piel y su respiración removía sus pulmones con violencia. No se podía quitar de la mente esa mirada de ojos rojos de su sueño que parecían penetrar en su alma y fragmentarla en mil pedazos. ¿Era ella? ¿Así la verían cuando se transformaba en ese extraño ser?
Respiró hondo para intentar relajarse y se estiró para eliminar los últimos restos de sueño.

Miró por la ventana, para ver los primeros rayos de sol que anunciaban el nacimiento de un nuevo día y el cielo mostraba orgulloso colores preciosos. Era el gran día. 

El día de su libertad o de su eterna prisión. El día en el que se definiría su destino. Deseó de corazón que su madre aún no se hubiera levantado. Estaba muerta de terror por lo que le depararía el futuro. De todas las cosas que podrían salir mal, de los peligros que la estaban esperando... Pero aquello no la detendría.  

Se vistió con ropa cómoda. Una camiseta sencilla, calzas negras y botas marrones, ideal para un largo viaje. Se colocó una capa que había pertenecido a su padre y que su madre había guardado. Así no sería reconocida. 

A medida que pasaban los segundos sus latidos chocaban en su pecho con más energía, agudizando una angustia que empezaba a formarse en su interior. Iba a hacerlo. 

Realmente iba a hacerlo.

Tras comer un poco de la comida que tenía guardada en su cuarto y terminar con los preparativos en su mochila respiró profundamente. ¿Le perdonaría alguna vez su madre por hacer aquello? 

Iban a llevársela de todas formas. Lo mejor era huir, ¿no?

Una inquietante sensación la recorrió cuando lo escuchó: Un estruendo se rumoreaba en la entrada de su casa. 

Golpes insistentes en la puerta. 

Su madre gritando que no los dejará pasar. 

Llanto, palabras amenazantes, más golpes. Más gritos.  

Solo hicieron falta unos segundos para que la puerta quedase completamente derribada y su madre empujada hasta el suelo en un grito ahogado.

Sonrió con amargura mientras su corazón resonaba en sus oídos con intensidad. Se había acabado el tiempo. Era ahora o nunca. 

No dejaría que la atrapasen.

 Abrió la ventana y se lanzó hacia su libertad.

***

—¡Deteneos! ¡Es solo una niña, es mi hija! —gritó, con voz temblorosa. Aquellos policías tan enormes no parecían escucharla.

—No se resista, señora. Tenemos una orden. Obedezca si no quiere problemas con el gobernante —respondió uno de ellos. Su tono era tan frío y firme como una piedra—. Su hija es un peligro para la sociedad. Hemos recibido denuncias por parte de los heridos y de vuestros mismos vecinos.

¿Por qué el mundo le hacía esto? Había conseguido ocultarla durante años. Había logrado que aquel secreto no saliera a la luz. Había sacrificado cientos de cosas para que su hija pudiera ser lo más libre posible y que viviese a salvo. Por un momento había creído que aquello seguiría así para siempre. Que Diana podría vivir una vida normal... 

¿Qué haría Arno si estuviese allí ahora?

—¡La joven ha escapado por la ventana de su habitación! —declaró uno de los agentes, bajando las escaleras.

—Llamad a los refuerzos. Realizaremos una búsqueda y captura —mandó el oficial.

Aquella frase se quedó congelada en el aire frente a sus ojos. Sus músculos se movieron por inercia hasta la habitación de su hija, casi tropezándose en las escaleras.

No estaba. 

Diana había huido. Había escapado antes de que los policías la encontrasen. 

¿Era eso bueno o malo?

Miró debajo de su cama, en su armario, bajo su escritorio... No había nada, ni un rastro. 

Lo único que encontró fue una nota. La leyó, con manos temblorosas. 

<<Mamá,

He huido al mar. No es por buscar a papá, ni es por tu culpa tampoco. De no haberme ido, me habrían llevado, habrían experimentado conmigo... Lo único que me quedó fue escapar. No te preocupes por mí, estaré bien. En mi viaje voy a encontrarme a mí misma, a saber quién soy, a conocer esta parte de mí que desconocía y voy a destruirla. Haré realidad mi deseo: Quiero ir a explorar nuevos mundos, quiero ver que hay más allá. Siento mucho no haberme despedido, pero no tenía el valor de decírtelo a la cara y no me habrías dejado ir. Habrías huido conmigo y en una vida como fugitiva nunca serías feliz.
Me has dado mucho, y gracias. Volveré, te lo prometo. Así no experimentarán conmigo. Voy a conocerme de verdad y a aclarar todas mis preguntas que desde pequeña deseo responder... Quiero encontrar mi lugar en el mundo, y alejarme de todo lo que me hace daño aquí.



Jessie

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En el texto hay: magia, romance aventura accion, batallas de fantasia

Editado: 06.01.2020

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