El animal que hay en mí

Capítulo 7

El sol sonreía en lo más alto del cielo y saludaba al mar y a las criaturas que en este habitaban. No había ni una nube cruzando el cielo y la brisa marina golpeaba con suavidad al barco y su rostro. Miraba el agua y el paisaje con entusiasmo, aún sin creer que estuviera por fin cumpliendo aquel sueño. Su aventura más deseada acababa de empezar y sentía que por fin había nacido después de años de oscuridad. El corazón le latía con fuerza y gozo. Por primera vez se sentía libre y sin ataduras.

Se empezó a aburrir pasadas unas horas, y se puso a leer el libro que la anciana le había dado y que se había traído. Acarició sus polvorientas y antiguas páginas y lo abrió lentamente. Las películas de polvo que descansaba en su interior la hizo toser.

—El reino de Álfur —leyó en el título de un capítulo. Se sorprendió al escuchar su propia voz después de tanto tiempo en silencio.

<<El reino de Álfur está compuesto por extensas tierras llenas de criaturas y espesos bosques, con árboles altos y exóticas plantas. Sus ríos son tan cristalinos como el mismísimo hielo. Las primaveras son coloridas, con brisas cálidas que acarician cada hoja y cada flor. En sus praderas las criaturas feéricas celebran la Llegada de la Primavera y  ven nacer  las primeras flores. Los veranos son verdes y cálidos y pocas veces son calurosos. Los ríos bajan su caudal pero jamás se secan, y los árboles pintan en sus hojas unos colores verde intensos. Los otoños castaños son frescos y con deliciosa brisa. Las hojas de algunos árboles caen recelosas al fértil suelo, y al final de esta época los animales se preparan para la entrada a la siguiente estación. Los inviernos son blancos y fríos. Nieve blanca, espesa y blanda gobierna ahora sobre las plantas. Los ríos y los lagos se congelan y se forman cristales de nieve que dibujan formas preciosas...>>.

Diana leía con mucha atención cada página y saboreaba cada frase imaginando en su cabeza aquellos exóticos paisajes repletos de seres que solo existían en los cuentos. Todo parecía demasiado fantástico y genial para creérselo incluso para ella.

El siguiente capítulo era el reino de Ruhê, y aunque ese reino no le interesaba tanto como el anterior, abrigado por la naturaleza en cada rincón, empezó a leer.

<<Ruhê es el reino de los espíritus. Un plano superior que conecta sus fronteras con Álfur. Muchos viajan hasta él para encontrar respuestas o a sí mismos desde un punto de vista espiritual. Una neblina permanente navega por cada rincón y luces celestiales bailan lentamente en un eterno ocaso. No hay estaciones ni tampoco hay sentido del tiempo. Está dividido en dos secciones: la parte oscura, en el norte, es la de los malos espíritus llenos de odio y malicia. Allí la niebla adquiere tonos oscuros. Las almas oscuras están destinadas a acabar ahí, en una oscuridad continua y fría. En la parte de la luz, al sur, habitan las buenas almas, espíritus luminosos y ligeros que serán rodeados de una inmensa paz y calor. Su niebla es blanca , luminosa y menos profunda que la otra mitad del reino. Ambas zonas se mantienen en equilibrio constante como el mismísimo símbolo del yin yang. Los gobernantes de Ruhê son los espíritus Qamar, el espíritu de la luna y Zetwal, el del sol. Habitan en un palacio de luz en el corazón del reino...>>.

A Diana se le erizó la piel, y no era por la brisa marina que empezaba a enfriarse, sino por todo lo que estaba leyendo. ¿Es real? ¿Y si estaba navegando sin razón? ¿Y si a donde se dirigía no había nada? Las preguntas le azotaban violentamente en la cabeza y no pudo evitar soltar lágrimas. En ese momento se dio cuenta de que estaba completamente sola en busca de un destino incierto, quizá real, quizá falso.

Había estado dándole vueltas a muchas cosas con el paso de las horas. No había podido evitar pensar en Tomas, que le provocó una punzada de dolor en su corazón roto. El amor que le tenía se había ido pudriendo y tiñendo de negro hasta dejar solo cenizas de odio y rencor. Algún día no sentiría tristeza. Algún día aquello solo serían malos recuerdos que ya no hacía daño.

Siguió navegando por su mente. Cuánto dolor y malas experiencias dejaba atrás por fin. Cosas que no sabía si superaría alguna vez. Humillación, soledad amarga, pérdida de seres queridos, crueldad hacia ella... Todo aquello se quedaba en las orillas de Tao. Mas también dejaba una vida atrás. Cientos de recuerdos, personas y animales que la amaban... 

Pensó en su madre y en lo triste que estaría. Y en la anciana... 

Un escalofrío la recorrió por todo aquello.

La noche se cernía sobre ella y convertiría aquel mar en una profunda penumbra.

Los nervios empezaban a atosigarla y a atormentarla. Empezó a llorar silenciosamente mientras veía los últimos rayos del sol acariciándola e intentando secar sus lágrimas al mismo tiempo que palidecían ante la oscuridad.

De pronto escuchó un sonido proveniente de esa gran masa de agua que empezaba a adoptar colores naranjas intentando imitar al cielo. Se asomó para mirar y se secó las lágrimas que le impedían ver.



Jessie

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En el texto hay: magia, romance aventura accion, batallas de fantasia

Editado: 06.01.2020

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