El animal que hay en mí

Capítulo 10

Era una mañana tranquila y cálida en el reino de Álfur. Los rayos de sol calentaban las plantas en cuyas hojas se hallaban los últimos restos del rocío. Los elfos paseaban serenos por el bosque mientras se oía el piar de los pájaros en la lejanía. 
Diana disfrutaba de los datos que Hino le contaba sobre su raza. Se dio cuenta de que muchos de ellos no coincidían para nada con lo que ponían en los libros de mitología ya olvidados por el paso del tiempo. También ella le explicó ciertas cosas sobre los humanos.

—No solo dominamos el arco y la espada, también vemos en la oscuridad bastante bien, somos ágiles en los bosques y, como puedes ver, somos demasiado atractivos para los humanos —dijo Hino con una mirada pícara.

—Ah, ¿entonces tú no eres un elfo? —bromeó con una sonrisa juguetona.

—Muy graciosa —respondió, con fingida indignación y una sonrisa.

—Era broma, ya lo sabes. —Ambos rieron en sintonía durante unos segundos. Luego la chica añadió—. Entonces este es el bosque en el que los elfos como tú controláis el agua, ¿no?

—Sí, aún estoy aprendiendo. Y tengo amigos y familiares en otros bosques, por ejemplo en el Bosque del Sol Naciente, un bosque en las montañas donde los elfos controlan el aire. En el Bosque de la Luz están los elfos capaces de controlar la tierra y las plantas. También hay otros otros, como el Bosque Dorado, donde también hay hadas. En cada uno hay un líder que... —No pudo seguir porque de repente el repiqueteo de unas ruedas y el sonido de unos cascos se acercaron.

—¿Qué es eso? —preguntó Diana mirando a su amigo.

—El rey de los elfos y sus hijas vienen a su visita anual a la aldea... No recordaba que era hoy.

—¿El rey?

—Sí. Orym es el líder supremo de todos los elfos. Además, él y su familia son inmortales —dijo él con un tono de preocupación.

—¿Por qué son los únicos inmortales? Creía que lo erais todos —quiso saber.

—Antes todos los elfos lo eran —habló Hino con un aire de nostalgia de tiempos remotos—. Yo aún no había nacido, pero se dice que los dioses además nos prometieron un paraíso en un plano superior donde podríamos descansar para toda la eternidad, un lugar eterno y perfecto.

     >>Pero eso cambió cuando los elfos se aliaron con los humanos y decidimos quedarse con ellos. Ambas razas se beneficiaban unos a otros...

     >>Las leyes de la magia y de los seres feéricos dictaban que no podíamos convivir con los humanos y poseer aquello que los dioses nos darían al mismo tiempo, y por ello se renunció a la inmortalidad y a aquel paraíso. —Hino notó su mirada de ojos algo tristes y le sonrió—. Sí, la rechazaron por la profunda amistad con los de tu especie. No les importaba. Aunque aún así, los elfos vivimos muchos siglos de diferencia de los humanos. Es irónico pensar que ahora vivamos separados.

Diana se quedó maravillada por aquella historia. ¿Tal era el vínculo que unía a ambas razas en otro tiempo? ¿Una amistad que los llevase a renunciar a una vida eterna en un paraíso sin igual? 
Era simplemente increíble.

—Pero entonces, ¿por qué el rey y sus hijas sí lo son?

—No lo sé exactamente. Quizá porque se trata de la realeza, o porque Orym nunca confió en los humanos. Se mantuvo alejado, sobre todo tras el nacimiento de sus hijas. Incluso prohibió la entrada de los humanos a su palacio. La reina, en cambio, sí se juntaba con humanos, pero murió... Hay un rumor que dice que un humano la envenenó.

—Vaya...

—Debo ir, es mi obligación y la del líder recibir al rey. Quédate aquí, Diana. No pueden verte: odian a los humanos profundamente.

—Estaré con mi capucha, no te preocupes.

—Pero...

—Por favor, Hino —dijo emocionada la chica mientras tiraba del brazo de Hino—. Ya sabes todo lo que me fascina esto.

—Eres muy cabezota, ¿sabías? —expresó él sonriendo, y ella le devolvió una sonrisa divertida—. Está bien, pero quédate escondida.

La chica saltó de alegría y Hino soltó un suspiro. Se había dado cuenta de que su nueva amiga era insistente y que cuando se le metía una idea en la cabeza no la dejaba ir tan fácilmente. Pero eso le resultaba, en cierto modo, digno de admirar.

Se acercaron a la aldea y tras esconder a Diana tras unos arbustos se situó junto al líder de aquel bosque y aguardó a la llegada del monarca y las princesas. El carruaje era tirado por dos elegantes caballos alados. 

El elfo que dirigía el carruaje ayudó a la realeza a bajar. Casi parecían resplandecer. Las dos chicas eran gemelas, tenían un pelo rubio ondulado y largo y unos poderosos ojos azul cielo que penetraban en las miradas de todo aquel que las miraba. Sus vestidos parecían estar bordados en oro. Orym tenía también el pelo largo y de un color que rozaba tonos rojizos. Sus ojos eran de un tono más oscuro que el de sus dos hijas. Llevaba una larga túnica y una corona élfica con hojas doradas y piedras preciosas. Sus pieles eran más clara que la de los elfos del bosque y parecían más delicadas. Todos se arrodillaron ante su presencia.



Jessie

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En el texto hay: magia, romance aventura accion, batallas de fantasia

Editado: 06.01.2020

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