El Juego #01 (el Juego) [muestra]

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CATALINA

– ¿Qué diablos está pasando?

Me levante con la ayuda de la mujer encapuchada antes que desapareciera para pelear. Luego, el sujeto extraño del parque apareció frente a mí y me entregó un cuchillo. Ahora no sé qué es lo que voy a hacer.

– Muy bien. – dice una chica rubia apareciendo frente a mí con un pequeño rastro de sangre en su mejilla. – Esta es la pregunta que hemos estado haciendo a todos los chicos aquí. Tú respuesta decidirá tú destino. ¿Quieres entrar al juego del Guardián de Sombras?

Miro el cuchillo en mi mano, luego miro a la chica con ojos azules. No sé lo que es mejor para mí, estos sujetos nos están ayudando. Pero no sé si van a perjudicarme.

No lo harán y lo sabes, deja de temer. Dice esa voz en mi mente.

¿A qué te refieres?

– De nuevo estás aquí.

Detuve mis movimientos en el árbol y miré sobre mi hombro. Mi primo mirándome con molestia mientras ve todo lo que he hecho. Es la única persona que se atreve a venir a ver cómo me encuentro. Nadie más de la familia se me acercaba, yo, para ellos era un monstruo.

Vi la intención de él para acercarse, pero me negué. Di un paso atrás y fruncí el ceño.

– No te acerques.

– Esto no está bien, no es humano. – dice él. Estaba molesto.

Parpadee para retirar esa visión.

Él me miraba con desaprobación absoluta y podía escucharlo sentirse mal, no le gustaba verme así; pero este era mi mundo.

Yo no era como él.

– Mark. – digo. Limpio mi barbilla, guardando el cuchillo entre mis ropas y miro al suelo. – No deberías estar aquí.

– Pero lo estoy. – cruza los brazos sobre su pecho, frunciendo el ceño y mira al árbol a mi costado con una mueca. – ¿Por qué no regresas? Ven a mi casa y nadie lo notará.

– No lo haré. – dije con seguridad. – Algunos de estos bastardos deben tener las respuestas.

Así, seguí torturando al sujeto que tenía amordazado contra el árbol, escuchando sus gritos hasta el punto de ser lo único que se escuchaba en todo el bosque.

Jadee por la intensidad del recuerdo, miré a la chica con sorpresa. Ella sonreía y asentía. Como si también lo hubiese visto ese recuerdo en mi mente, notando que yo era un monstruo.

– ¿Aceptas o no? – Pregunta de nuevo.

– Acepto. – digo sin dudar.

– Eso es algo bueno, – sonríe y señala mi espalda. – Acaba con ese sujeto y luego reúnete con el resto en el patio.

Un estruendo se escuchó detrás.

Giré en redondo, colocándome en guardia. Un hombre con traje naranja había entrado a la institución. Tenía un bozal de hierro en el rostro, sus ojos eran de un color rojo intenso, y un hacha cubierta de sangre reposaba en sus manos.

En estos momentos debería estar aterrada, pero es todo lo contrario. Me siento extasiada y siento como la adrenalina corre por mis venas en un nivel exorbitante. El metal del cuchillo parece llamarme y mis manos comenzaron a picar por la ansiedad que sentía para usarlo.

– Eres como yo. – dice el sujeto en un siseo.

– Tal vez. – dije permitiendo que la oscuridad dentro de mí emergiera de golpe.

Ya no más la niña buena que aparentaba ser.

Yo era un monstruo.

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Una niña sentada en la banca.

Solitaria en un parque.

Estaba con ropa oscura y el cabello corto, sus ojos se mantenían bajos en el suelo, mientras yo la miraba, ella no me miraba. Era como yo, era yo, pero yo no recordaba ser así. No puedo verme en el pasado con claridad, no me conozco.

– ¿Qué haces aquí? – Pregunté.

– Todavía no estás lista. – dice la niña.

Di un paso al frente, pero ella negó.

– No te acerques. – recomienda.

Se levanta de la banca, sus manos cubiertas de cenizas, su ropa cubierta de sangre, tenía la misma arma que yo, reposando en su mano derecha con la misma precisión. Levanté la mano derecha y ella también lo hizo.

Un reflejo.

– Eres un reflejo. – digo, sorprendida. – ¿Cómo es posible?

– Soy tú. – susurra.

– ¿Por qué no puedo verte los ojos?

– Porque no estás lista. Sigues temiendo.

– Claro que no.

– Entonces… ¿Por qué estás sangrando?

Sentí un ligero ardor en mi espalda. Abrí los ojos con dificultad, quejándome.

Podía admirar el cielo con claridad, sintiendo el aire rozar mis cabellos, pero no entendía la forma en la que llegué aquí.

Estaba peleando con el hombre en el segundo piso de un edificio, algunos chicos corrían a mí alrededor, tan desesperados que algunos me golpeaban con demasiada potencia y yo resbalaba en el suelo; intentaba mantenerme firme. Tenía que acabar con ese hombre para que no lastime a nadie más.

Y ahora no podía saber con exactitud cómo llegué aquí.

Me levanté. Tejas crujieron bajo mi cuerpo, un hilillo de sangre pasó por el costado de mi cabeza y podía admirar el cuchillo a unos metros de distancia donde me encontraba. Mierda. Terminé en el tejado del edificio del frente.

– ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!

Miro a la mujer en el balcón del edificio continuo.

Samantha Strauss, una de mis compañeras de clases que siempre está chillando a cada lugar que llega. Estaba con otra chica de cabello negro y piel pálida, temerosa. Las paredes tenían rastros de sangre y algunos balcones tenían cuerpos de sujetos naranjas.

Esto era todo un escenario escalofriante.

Extendí mi mano para alcanzar mi cuchillo, mis huesos se quejaron por el esfuerzo. Podía apreciar unos raspones en mis brazos, la ropa rasgada. Era un desastre.



Laczuly0711

Editado: 20.03.2021

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