El Juego #02 (el Templo)

Primera Parte: Perdida

1

Krisha

– Debemos estar atentos al movimiento del enemigo a partir de ahora. Ya todos deben saber que Fitz está muerto y vendrán a destruirnos. – explica Fernanbeth a la cabeza de la mesa en el salón de reuniones del cuartel.

Luego de la batalla, nos transportamos a un sitio seguro junto a los demás. Los cuatrocientos heridos fueron trasladados a un hospital en una ciudad oculta bajo la superficie, los jugadores que se rindieron fueron entregados a su familia en la zona muerta que los mantendrá seguros de cualquier ataque; pero los demás, los jugadores que decidieron pelear – como yo – estamos reuniéndonos en consejos de guerra cada día. Planeando los movimientos a seguir, entrenando con los inmortales que seguían al guardián de sombras. Estamos haciendo todo lo posible para evitar una masacre cuando la guerra termine.

– Debemos darle un escolta a Cydiler. – dice Isabel, la cambia forma, sentada de brazos cruzados frente a mí. – Fodge sabe que está en un estado vulnerable.

Cydiler…

Mi mejor amiga fue la que terminó el juego de muerte en el que nos vimos atrapados; ella y los inmortales se unieron para matar a los guardianes que vendrían por nosotros y evitar una cacería por parte de ellos; pero tuvo que pagar el precio para que seamos libres.

Fernanbeth, la hermana de nuestro guardián de juego, la mujer de cabello negro y ojos del color del cielo, se hizo cargo de los consejos de guerra porque la verdadera predecesora está indispuesta de forma total. No podemos llegar a ella por mucho que lo intentemos, la mantenemos monitoreada gracias a Iván. El hombre de cabello castaño que roba técnicas la está vigilando mientras está en coma, ese sujeto de ojos azules puede lucir indiferente, pero también está preocupado.

– Iván… – comienza a hablar Fernanbeth con la mirada cubierta de tristeza.

El hombre se levantó de la mesa, arrojó un disco holográfico al centro y, de pronto, una imagen amorfa se mostró frente a todos, seguidos de un latido acelerado de corazón. Es…

– Nuestras sospechas eran ciertas. – habla el Rollins mirando la imagen con el ceño fruncido. – Estuve vigilándola durante una semana completa y esto fue lo que hallé. – cambia el holograma por una imagen pasada de la habitación de hospital de ella y, suspira cerrando los ojos. – El bebé es de Fitz, no cabe duda.

Fernanbeth se sentó temblorosa en su silla, mirando la madera de la mesa con terror absoluto mientras los demás observábamos la imagen holográfica que Iván nos trajo de Cydiler.

Mi mejor amiga y también la mujer de nuestro guardián.

– Octapergnas. – susurró Cydiler frente al cuerpo de Fitz.

Bran levantó el brazo cubriéndonos con un domo de color azul cielo, la tierra vibró un momento y, al siguiente, todos estábamos en el centro de un cuartel completamente nuevo. Jugadores e inmortales se miraron entre sí con los cuchillos afuera, preparados para cualquier ataque futuro.

– No les ocurrirá nada. – informa Texla, la madre de Cydiler. Ella se encontraba en el centro del lugar con una ropa de entrenamiento como la nuestra. – Este cuartel fue diseñado para que el enemigo no nos detecte.

– Las habitaciones están… – explica Erick.

Cuando de pronto, un grito de dolor rompió el silencio.

– ¡Cydiler! – gritó Isabel, transportándose hasta el lugar donde ella se encontraba.

La tomó en sus brazos antes que su cuerpo impactara con el suelo, Fernanbeth y Markler se transportaron junto a ellas y yo corrí hasta ese lugar con el corazón en la garganta.

Cydiler y Fitz eran pactos de sangre, lo que le pasa a uno le pasa al otro por igual. Y Fitz acaba de morir, ella…

Cydiler estaba arrodillada entre todos ellos, vomitando un extraño líquido negruzco en el suelo. Sus ojos lloraban sangre y las venas en sus brazos se marcaron de un color violáceo extraño que se veía doloroso. El cuerpo de Fitz estaba siendo cubierto por las mismas marcas a pocos metros de ella, la sangre seca en su cuerpo muerto estaba evaporándose en una nube de cenizas en medio de todos.

– ¡¿Qué le está pasando?! – Grita Markler intentando calmar los espasmos en el cuerpo de Cydiler.

– ¡Está convulsionando! – Grita Fernanbeth aterrada.

Entre todos acostaron a Cydiler en el suelo, sosteniéndola de los hombros para inmovilizar su cuerpo lo más posible. Sus ojos estaban desorbitados mirando el techo y brillaban de un intenso color rojo que me erizaba la piel cada que lo veía. Todo su rostro estaba cubierto de esas extrañas venas violáceas.

– Cydiler y Fitz son Octapergnas. – jadea Isabel deteniendo a Cydiler con una mueca dolorida. – ¡La estamos perdiendo!

Mis rodillas cedieron hasta el suelo con un ruido sordo. Hian y Galhet se cayeron de rodillas a mi lado luego de correr desde su lugar junto a los otros. Stormy se transportó junto a Markler y, con sus brazos cubiertos de cortes y magulladuras por la batalla, cubrió a Cydiler con una esfera de agua que parecía absorber el poder de las venas que la cubrían.

Los demás se levantaron para darle espacio a la Squadrys y, detrás de ellas, Alisha comenzó a hacer el mismo procedimiento con Fitz para evitar que siguiera afectando a Cydiler.

– Estás cansada. – le digo a Stormy con miedo. Traté de levantarme, pero mis piernas no respondían. – Te vas a hacer daño.

La mujer me miró con sus ojos azul brillante, un aura similar al agua comenzó a rodearla y su cabello rubio se ondeó a su alrededor como si estuviera en el fondo del mar. Venas azules se extendieron por sus brazos hasta su rostro y un gruñido de dolor surgió de su garganta cuando habló.

– No voy a dejar que muera. E-ella nos salvó. – mira a Cydiler con lágrimas en los ojos y solloza: – No puedo quedarme sin hacer nada mientras está muriendo, Krisha. Está embarazada.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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