El Juego #02 (el Templo)

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Entrada la noche, Freya caminaba con paso seguro por los pasillos del templo hasta la entrada del lugar. El espectro estaba ocupado buscando el acceso a ese calabozo sin llamar la atención de su hermana. Mientras que ella hablaba con el Eitak al que le pertenecía su alma.

Más no lo haría con su aspecto actual, no. Ya había tomado prestado la imagen de otra chica muerta del asentamiento que destruyó. Una con ojos grises y cabello negro sobre la barbilla. Letal. Un gran contrincante, lástima que Freya no tenía la sangre donde ella pensó.

– Fitz. – saludó la pelinegra, sentándose junto al hombre en los escalones del templo.

Las sombras estaban cubriéndolos de cualquier ojo curioso del templo. Incluso su antigua piel estaba protegida por el espectro. Debía tomar muchas precauciones ahora.

El hombre la miró sorprendido. Su ropa negra con detalles plata lo dejaron sin palabras mientras la miraba. Él no conocía el conjuro de transmutación que ella aprendió. Dudaba que alguna vez se lo mostrase.

– ¿Freya? – preguntó el sujeto con la boca abierta.

La asesina sonrió.

– La misma. – respondió.

– ¿Cómo? ¿Eres una Monleach?

– Tengo mis trucos. – dice con un encogimiento de hombros. Mira la luna llena sobre ellos. – ¿Qué querías hablar conmigo?

El sujeto parpadeó repetidas veces, mirando al suelo. Luego de una gran exhalación habló, sus hombros encogiéndose con el movimiento.

– De todo, no sé. – susurra él con las mejillas sonrojadas. – Cuando te vi tan perdida en el territorio fantasma sentí que debía ayudarte.

Ya se lo suponía.

– ¿Por qué? – lo tentó con media sonrisa.

– Porque… Mierda. – dice un poco avergonzado, mirándola. – Desde que me uní a ti oficialmente como mi compañera me cuesta mantenerme alejado cuando te veo así.

– A mí también me pasa. – mira al frente apoyando las manos en sus rodillas y sonríe triste. – Creo que por eso terminé en ese territorio, te estaba buscando.

– ¿Cómo te sientes? Sé lo que se siente ser un asesino de Amateur. – dice triste, mirándola.

– Trato de no darle muchas vueltas. – admite Freya con un nudo en la garganta. – Pero no puedo huir de los recuerdos en mis sueños, ellos me abordan y no puedo hacer nada contra eso. Ya sé que tengo mi lugar en el infierno por todo lo que estoy haciendo.

– El infierno no es tan malo. – comenta con burla para aligerar un poco el ambiente tenso entre ellos, Freya soltó una risa baja y lo miró. – Recuerda que pasé los últimos años en ese lugar. Al final no es tan malo.

– ¿Qué se siente morir por completo? – suspira y mira las marcas en sus manos. – ¿Te hirieron mucho?

– No me hirieron. – sonríe y mira al cielo. – Y morir por completo no es tan malo, por lo menos mi muerte no fue dolorosa; fue rápida. – la mira. – Además, en el infierno no me tocan; soy su príncipe ¿lo recuerdas?

– Cierto. – sonríe de medio lado y mira al cielo pensativa. – ¿Crees que yo merezca un descanso? Con todas las muertes que he provocado, todas las mentiras…

– No matas por placer, Freya. – responde con un suspiro. – Lo haces para proteger y prevalecer en esta guerra. Y sobre las mentiras; todos mentimos en algún momento de nuestras vidas, más eso no nos lleva al infierno. Son los deseos que poseemos en el momento de pecar lo que decide tu rumbo. Además de la culpa.

– ¿Culpa? – pregunta sorprendida. – No estaba enterada que los castigos en el infierno fueran de esa forma.

– Los castigos son diversos. – dice encogiéndose de hombros ligeramente. – Primero se estudia su alma, sus recuerdos, ya luego se dictan, dependiendo que sea cielo o infierno.

– Ya veo. – mira el suelo de tierra frente a ella y suspira. – Oye, Fitz ¿Puedo preguntarte algo?

– Sí. – responde él con media sonrisa. – Dime.

– ¿Extrañas a Cydiler?

Inmediatamente el cuerpo del Eitak se tensó ante la mención de ese simple nombre.

Freya sospechaba que él tendría una reacción como esa, después de todo, Cydiler era una mujer importante para él; era su esposa y es la madre de sus hijos ella nunca podría pasar eso por alto. Hacer esa pregunta era un arma para lastimarse a sí misma con la respuesta, pero tenía que hacerla. Ella deseaba saber con cuanto espacio en el corazón del Eitak contaba.

Y no era por celos, posesión ni nada por el estilo, sino que ella necesitaba saber que alguien en este mundo la quería con vida.

A su yo verdadero, porque claramente su máscara era odiada y repudiada por todo el mundo.

Freya sólo buscaba sentirse amada, incluso si de ese amor obtenía simples migajas.

– Sí. – responde finalmente él.

Freya cerró los ojos, sintiendo como su corazón se estrujaba con esa verdad. Tal vez él la seguía amando, tal vez ella era el mal tercio allí ¿Por qué se molestó en entregarse a Fitz sabiendo que estaba enamorado de otra persona? ¿Cómo pensó siquiera que ella merecía su amor?

– No puedo mentirte, Freya. – suspira y pasa una mano por su cabello con nerviosismo. – Cydiler fue y es muy importante para mí; olvidarla no será fácil, me enamoré de ella con todo mí ser y eso no puedo cambiarlo.

Una lágrima de sangre se deslizó por el rostro de la Stanfers y ella la limpió rápidamente reteniendo sus sollozos en su interior.

– Pero tampoco puedo mentirte con respecto a lo que siento por ti. – dice con media sonrisa, tomando el rostro de Freya entre sus manos, haciendo que lo mire. – No puedo decirte un “Te amo” ahora porque siento que le estoy faltando a su memoria, pero eres muy importante para mí, Freya. Eres mi compañera, mi alma gemela, siempre estarás en mi corazón.

– Yo no soy ella, Fitz. – dice Freya con labios temblorosos, sin poder controlar más las lágrimas. – No soy inocente, amorosa…

– ¿Quién ha dicho que debes cambiar? – pregunta él con el ceño fruncido. – Freya, te conocí mucho antes de conocerla a ella. Incluso en su tiempo me enamoré de ti, y no por ser mi alma gemela, sino por tu pensar, tu sentir. Sí, hemos pasado mucho tiempo separados, yo hice mi vida con otra persona y tengo hijos a su lado, pero ¿No crees que merezcamos otra oportunidad? ¿No quieres intentar recuperar lo nuestro?



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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