El Lado Oscuro de mi Mente

Capitulo IX: La Luz.

“Dentro del viaje de nuestra existencia, existe en lo lejano,  recuerdos que deslumbran hacia caminos perdidos, reflejando esperanza andante en ellos, mucho más allá de sus propios senderos oscuros existe también una luz, guardián y guía de un anhelo vivo de corazón, arropado por la sombra de esa esperanza perdida, juntos encuentran  un camino distinto frente a su luz como guía, debajo de su luz como guardián ante su propia sombra”

La mañana siguiente de ese día, veía en la televisión el noticiero local, hablaban de mí, especulaban sobre mi desaparición, según ellos toda la comunidad estaba aterrada, pero era porque todos creían que eran extraterrestres quienes me habían raptado, existía todo un movimiento que afirmaba esta teoría, después de quince días, no cabía otra posibilidad según los lugareños, sin rastros ni ningún indicio humano.

Es increíble conocer esta nueva cultura de nuestro pensamiento, como la nada se transformó en la creencia más viva entre nosotros, fuimos incapaces de mirar lo que realmente existe, porque no es una mentira que logre cautivarnos. Pero ahora sé que nada, es imposible, porque hay mentiras realmente extraordinarias, para que no puedan ser ciertas.

En ese instante se acerca Ester y dice:

—Siempre nos toca creer en algo imposible en algún momento de la vida—apaga el televisor y se sienta en su sillón.

—Mi padre decía que solo creía en lo que podía ver y vivir. Nunca imagino sobrepasar esos límites—le dije.

—Entiendo a tu padre, pero no siempre lo que se ve, es lo que existe, pero de lo que se vive siempre es real—dijo.

— ¿Lo dices por ti?—pregunte.

—A veces me pregunto, como sería mi vida si pudiera ver todo lo que he vivido; no siempre obtengo una respuesta. Mi imaginación no puede sobrepasar los límites que conozco— dijo.

Segundos después de esa respuesta escuchamos el llegar de un carro cerca de la casa, me asomo por la ventana y reconozco que es el carro del cura del pueblo, junto a él se abajaron tres monjas, luego esa chica que siempre lo acompaña, se pararon justo enfrente de la casa de la abuela, las tres monjas, y el padre, uno al lado del otro, la chica se mantuvo retirada más atrás de ellos, quienes antes de entrar se hicieron la señal de la cruz, y lego el cura la hizo sobre la casa.

Quede intrigado sobre la presencia de ellos en mi casa, inmediatamente imagine lo peor, sabía que tenía que ir para saber lo que estaba pasando. Ester me pregunto si estaba seguro de ir, a lo que yo le respondí:

— ¿a qué debo tener miedo?—

Quizás por primera vez me sentí seguro de algo, ya no podía seguir teniendo miedo, porque ya lo conozco. Al salir de la casa de Ester, me acerque a la mía por su costado izquierdo, y llegar a una de sus ventanas para poder ver a la sala de la casa, efectivamente estaba toda la familia allí sentada, cuidadosamente miraba como si alguien pudiera verme, prefiero no arriesgarme y como sucedió la última vez que alguien me pueda ver. Escucho una voz hablar, a lo mejor sea el cura, pero no logro comprender alguna palabra, me mantengo de espaldas al lado de la ventana, temo ver y que algo suceda, pero por un momento tuve el valor necesario para hacerlo, muy cuidadosamente, miro en uno de los sillones a quienes pueden ser mis primos a mi tía Mery, pero la cortina no me deja verlos completamente, enfrente de ellos estaba sentado en una silla el cura, como prestando atención de lo que hablaba mi tía Mery, y supongo que las monjas estaban sentadas en algún lugar donde no las podía ver. En ese instante sentí una angustia por no poder escuchar o entender alguna palabra, acerco más mi oído a la ventana, y solo logro escuchar al cura decir—Lo mejor que pueden hacer es abandonar este lugar—eso me tomo por sorpresa, segundos después escucho como estremeciéndose el vidrio de la ventana, al mirar veo una marca, como de sangre, donde solo resalta tres líneas rectas, como de una mano, inmediatamente toco una de ellas con mis dedos y la froto, y noto que ciertamente es sangre fresca. En ese momento sentí una presencia a mis espaldas muy cerca, cuando miro, no hay nada, miro al suelo, y también hay como una marca de sangre, que se extiende desde donde yo estoy hasta la casa de Ester, cuando veo hacia allá, veo en el segundo piso de la casa ese mismo espíritu como de una mujer, que he visto otras veces, esta vez noto en sus brazos  mucha sangre, y me observa, lo se aunque no logro ver su rostro. Me atrevería decir que sentí terror, pero esto ya no es algo que me aterre del todo, puedo reconocer lo que una vez me dijo Ester, que mi presencia ha despertado a otras, y creo que están mucho más perturbadas que yo, quizás no deba caminar hacia ellas, pero…¿debería alejarme de ellas? Mi respuesta es que no.

Sé que no debo evitarlo, esas puertas, esos cuartos esconden mi luz, esconden mi regreso, mi final no es este, mi final no es la muerte. Así es como una vez más me encuentro en frente a la tercera puerta, debo cruzarla antes que mi familia se valla, y algo la siga atormentando, mirando al suelo, veo que por debajo de la puerta una vez más sobre sale esa luz de vela, allí supe que era el momento, respiro profundo, tomo la perilla y la abro, con mis ojos cerrados entre, una vez adentro y cuando cerré la puerta, me quede detrás de ella, dándole la espalda al cuarto, respiro profundo una vez más, abro mis ojos, y lentamente me volteo, vi un cuarto normal, con su cama, closet, me sorprendió ver tantas velas de color rojo derretidas, pero una sola de ellas estaba encendida, alumbraba lo que parecía un crucifijo volteado, pero estaba hecho con tres  pedazos de madera, los cuales dos se interponían a un pedazo más grande, hacía alusión al crucifijo normal de dos pedazos, también vi una silla puesta justo enfrente a la ventana, como un mirador al bosque, las luz que entraba por esa ventana era completamente blanca, por primera vez sentí paz, me acerco a la cama, y toco esas sabanas tan blancas y suaves, me senté en ella, y luego me acosté, creo que esto es lo más cercano a la muerte que he estado, porque cuando termine  de acostarme sentí un descanso total en mi cuerpo, respiraba tan profundo como podía, cerraba mis ojos para dejarme arropar por esa paz, que reinaba en el lugar, alguna lagrimas salieron de ellos, por un momento creí que nunca más vería a mi familia, mi único temor en este momento es dejarlos con la tristeza de mis recuerdos.



Eduardo Duarte

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En el texto hay: relatos, muerte decepcion felicidad, desgracia

Editado: 14.12.2020

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