El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 3

Capítulo 3

La chica del pan mojado

Alessandro abrió los ojos lentamente.

El techo blanco de la habitación le resultó familiar.

Un hospital privado.

Intentó incorporarse, pero una punzada en el costado lo obligó a volver a recostarse.

La puerta se abrió.

Matteo entró acompañado por el médico.

—¿Cómo se siente, señor?

—He estado peor.

El médico sonrió con alivio.

—La bala no alcanzó ningún órgano vital. Tuvo mucha suerte.

Alessandro no respondió.

Esperó a que el médico saliera.

En cuanto la puerta volvió a cerrarse, miró a Matteo.

—La chica.

Matteo ya sabía que esa sería su primera pregunta.

—Está bien.

Alessandro guardó silencio.

—¿Quién es?

—Todavía estamos investigando.

—¿La asustaron mis hombres?

—No.

De hecho... parecía más preocupada porque el pan que llevaba se mojó bajo la lluvia.

Por primera vez en muchos años, Alessandro levantó una ceja.

—¿El pan?

—Sí.

Dijo algo como: "Bueno... mañana compro otro."

Nada más.

No preguntó quién era usted.

No pidió dinero.

Ni siquiera aceptó que la lleváramos a su casa.

Alessandro desvió la mirada hacia la ventana.

Era extraño.

Demasiado extraño.

En toda su vida había conocido personas que fingían bondad para obtener algo.

Pero aquella joven...

Simplemente ayudó y se fue.

—Encuéntrenla.

Matteo asintió.

—Ya empezamos.

---

Mientras tanto...

Marla estaba en la cocina de su casa preparando chocolate caliente.

Miró el pan completamente empapado y soltó una pequeña risa.

—Bueno...

Creo que hoy cenaremos galletas.

Se sirvió una taza y se sentó frente a la ventana.

La lluvia seguía cayendo.

Pensó en el desconocido.

—Ojalá esté bien...

Tenía una cara tan seria que daba un poquito de miedo.

Pero también se veía muy cansado.

Esperó unos segundos y negó con la cabeza.

—Marla, deja de pensar en alguien que ni conoces.

Seguro ya está mejor.

Terminó su chocolate y decidió dormir.

Sin imaginar que, a varios kilómetros de distancia, decenas de personas estaban intentando descubrir quién era.

---

Dos días después...

Matteo entró al despacho de Alessandro con una carpeta en la mano.

—La encontramos.

Alessandro dejó de leer los documentos que tenía sobre el escritorio.

—Habla.

—Se llama Marla Montero Lorenzo.

Tiene veintidós años.

No tiene antecedentes.

No pertenece a ninguna organización.

No trabaja.

Lleva una vida completamente normal.

Matteo abrió la carpeta.

—Los vecinos dicen que siempre ayuda a quien lo necesita.

Que habla hasta con los repartidores como si fueran amigos de toda la vida.

Y que nunca sale sin saludar a todo el barrio.

Alessandro tomó una fotografía.

Era ella.

Sonriendo.

Con un helado en la mano y el cabello movido por el viento.

Por primera vez, observó una fotografía durante más de unos segundos.

No sabía por qué.

Solo sentía una extraña tranquilidad al verla.

—¿Eso es todo?

—No.

Matteo dudó un instante antes de continuar.

—También descubrimos que mañana es sábado.

Y todos los sábados, a las cuatro de la tarde, compra un helado de vainilla en la misma heladería.

Siempre se sienta en el mismo banco del parque.

Siempre alimenta a las palomas.

Y siempre termina regalándole la mitad del cono a un perro callejero.

Alessandro cerró la carpeta lentamente.

Luego dijo algo que dejó completamente inmóvil a Matteo.

—Preparen el auto.

—¿Va a salir, señor?

Alessandro tomó su saco negro.

—Tengo una deuda.

Y pienso empezar a pagarla mañana.




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