El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 7

Capítulo 7

¿Quiere un café?

Alessandro no dejó de pensar en aquella conversación durante el resto del día.

Había asistido a reuniones, firmado contratos millonarios y resuelto asuntos de su organización.

Sin embargo, cada cierto tiempo recordaba la voz de Marla diciendo:

"Se ve mejor cuando sonríe."

Nadie se había atrevido a hablarle de esa manera.

Y, sorprendentemente, no le había molestado.

---

Dos días después.

Marla salió temprano de casa para comprar unas cuantas cosas.

Mientras caminaba, notó a un señor mayor intentando alcanzar un frasco en el estante más alto de un pequeño supermercado.

—Espere, yo se lo bajo.

El hombre sonrió agradecido.

—Muchas gracias, hija.

—De nada. Aunque creo que yo también necesité estirarme como jirafa.

El señor soltó una carcajada.

Desde la acera de enfrente, Alessandro observaba la escena.

—Siempre encuentra la manera de ayudar a alguien... —murmuró.

—Sí, señor —respondió Matteo.

—Y siempre consigue que sonrían.

---

Cuando Marla salió del supermercado con una bolsa de compras, vio al hombre de traje negro apoyado junto a un automóvil elegante.

Lo reconoció enseguida.

—¡Hola!

Alessandro levantó la vista.

—Hola.

Ella caminó hasta él con una sonrisa.

—Me alegra verlo otra vez. Ya hasta tiene mejor color.

Él asintió.

—Me estoy recuperando.

Marla lo miró de arriba abajo.

—Aunque sigue vistiéndose completamente de negro.

¿No le da calor?

Matteo desvió la mirada para esconder la risa.

Alessandro respondió con total seriedad.

—Estoy acostumbrado.

—Pues yo me derretiría.

Parece un pingüino elegante.

Matteo tosió para disimular.

Alessandro la observó unos segundos.

Era la primera persona que comparaba su impecable traje italiano con un pingüino.

Y, por alguna razón, la comparación le resultó divertida.

—¿Tiene tiempo? —preguntó él.

Marla inclinó la cabeza.

—¿Por qué?

—Quisiera invitarla a tomar un café.

Ella hizo una pequeña mueca.

—La verdad... no me gusta el café.

Matteo abrió los ojos.

Nadie rechazaba una invitación de Alessandro.

Pero Marla continuó hablando sin darse cuenta.

—Si fuera chocolate caliente, ahí sí.

O un jugo de chinola.

O un batido.

Bueno... creo que hablo demasiado.

Alessandro sintió que una leve sonrisa quería aparecer otra vez.

—Entonces... chocolate caliente.

Los ojos de Marla brillaron.

—¿De verdad?

—Sí.

—¡Eso sí me gusta!

Los tres caminaron hasta una cafetería cercana.

Marla eligió una mesa junto a la ventana.

—Aquí entra más luz.

Alessandro tomó asiento frente a ella.

Un silencio cómodo se instaló entre ambos.

Duró exactamente cinco segundos.

—¿Y cómo se llama?

Él respondió sin apartar la vista de ella.

—Alessandro.

—Mucho gusto, Alessandro.

Yo soy Marla.

Aunque eso ya lo sabía porque me llamó por mi nombre la otra vez...

¿Verdad?

Alessandro se quedó inmóvil.

Había cometido un descuido.

Marla lo observó con curiosidad.

—Espera...

¿Cómo sabías mi nombre?

Alessandro y Matteo intercambiaron una rápida mirada.

Por primera vez en mucho tiempo...

El hombre más poderoso del país no tenía preparada una respuesta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.