Capítulo 9
¿Quieres ser mi amigo?
Los días comenzaron a pasar con una rutina inesperada.
Cada dos o tres tardes, Alessandro encontraba una excusa para cruzarse con Marla.
A veces en el parque.
Otras veces cerca de la floristería.
Incluso en la pequeña librería donde ella pasaba largos ratos hojeando novelas que prometía comprar "cuando tuviera un poquito más de dinero".
Nunca organizaba encuentros demasiado evidentes.
Quería que todo pareciera casual.
Y Marla, con su forma despreocupada de ver la vida, nunca sospechó nada.
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Aquella tarde estaban sentados en el mismo banco del parque.
Marla sostenía un vaso de chocolate frío.
Alessandro tenía una botella de agua.
—¿Nunca comes helado? —preguntó ella.
—No suelo hacerlo.
—¿Por qué?
—No me llama la atención.
Marla abrió mucho los ojos.
—¡Eso es muy triste!
Él la miró confundido.
—¿Triste?
—Sí.
Un helado arregla un día malo.
No todos... porque si se te cae al piso, empeora un poquito.
Pero casi siempre ayuda.
Alessandro soltó una leve risa.
—Lo tendré en cuenta.
Marla sonrió satisfecha.
—Vas mejorando.
Ya ríes más.
Él negó con la cabeza.
—Solo cuando estoy contigo.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Marla se quedó en silencio.
Luego sonrió con esa dulzura que empezaba a desarmarlo.
—Entonces deberíamos vernos más seguido.
Porque me gusta cuando sonríes.
Alessandro sintió que el corazón le latía con fuerza.
Ninguna negociación importante lo había puesto tan nervioso como esa simple conversación.
Marla dio otro sorbo a su bebida y, de pronto, preguntó:
—¿Tú tienes amigos?
Él tardó unos segundos en responder.
—No muchos.
—¿Y mejores amigos?
—No.
—¿Nunca?
Alessandro negó lentamente.
Ella hizo una pequeña mueca de tristeza.
—Eso sí que me da pena.
Todos necesitamos al menos una persona con quien hablar cuando tenemos un mal día.
Él bajó la mirada.
Hacía años que enfrentaba todo solo.
Marla sonrió y extendió la mano hacia él.
—Entonces...
¿Quieres ser mi amigo?
Alessandro observó aquella pequeña mano durante unos segundos.
En su mundo, un apretón de manos significaba pactos, negocios o lealtades.
Nunca había significado amistad.
Con cuidado, tomó la mano de Marla.
Era cálida.
Suave.
Y completamente sincera.
—Sí.
Marla apretó su mano con entusiasmo.
—¡Perfecto!
Ahora ya tienes una mejor amiga.
Y como buena amiga, te aviso una cosa.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Cuál?
—Te ríes muy poquito.
Tenemos que trabajar en eso.
Él negó con una sonrisa casi invisible.
—Eres muy insistente.
—Muchísimo.
Pero no te preocupes.
Tengo paciencia.
Los dos comenzaron a caminar por el parque.
Desde la distancia, Matteo observaba la escena con los demás guardaespaldas.
Uno de ellos murmuró:
—¿El jefe... está paseando?
Matteo asintió sin apartar la vista.
—Sí.
—Nunca lo había visto caminar tan despacio.
Matteo sonrió.
—Porque por primera vez en muchos años...
No tiene prisa por llegar a ningún lado.
Solo quiere disfrutar de la compañía de la única persona que lo trata como un hombre común y no como el rey de un imperio.
Y Alessandro, sin darse cuenta, empezaba a comprender que aquella amistad podía convertirse en el mayor riesgo de toda su vida.
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Editado: 01.08.2026