El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 12

Capítulo 12

La primera vez que ella entra en su mundo

Marla siempre había pensado que Alessandro era un hombre misterioso.

No porque fuera desagradable.

Al contrario.

Con ella era paciente, educado y hasta un poco más amable.

Pero había cosas que no entendía.

¿Por qué siempre había hombres serios cerca de él?

¿Por qué algunos parecían protegerlo?

¿Por qué todos lo trataban con tanto respeto?

Aunque, siendo sincera...

Marla tenía una teoría.

—Creo que eres un exespía.

Alessandro casi dejó caer la taza de café.

Estaban sentados en una cafetería pequeña.

—¿Un exespía?

—Sí.

Tiene sentido.

Siempre estás serio, sabes demasiadas cosas y apareces justo cuando necesito ayuda.

Alessandro la miró fijamente.

—¿Esa es tu conclusión?

Marla asintió muy convencida.

—También pensé que podías ser un príncipe.

Pero no creo porque los príncipes usan más colores.

Él bajó la mirada para esconder una sonrisa.

—¿Y si te dijera que ninguna de esas opciones es correcta?

—Entonces seguiría investigando.

Marla tomó un sorbo de su bebida.

—Soy muy buena detective.

—No lo eres.

—Eso fue muy cruel.

Ella fingió estar ofendida.

Alessandro la observó unos segundos y finalmente dijo:

—Ven conmigo.

Marla parpadeó.

—¿A dónde?

—Quiero enseñarte algo.

---

Una hora después, el automóvil se detuvo frente a un enorme edificio.

Marla salió y miró hacia arriba.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

—¿Este lugar es tuyo?

Alessandro asintió.

Era una de las sedes principales de sus empresas.

Personas caminaban de un lado a otro.

Todos se detenían al verlo.

Todos guardaban silencio.

Marla lo notó.

—Todos se ponen muy serios cuando llegas.

—Es normal.

—¿Normal?

Ella lo miró confundida.

—Alessandro, creo que haces que la gente tenga miedo.

Él no respondió.

Porque era verdad.

Caminaron hasta su oficina.

Cuando las puertas se abrieron, Marla quedó impresionada.

Era un lugar enorme.

Elegante.

Pero demasiado frío.

Se acercó a la ventana.

—Es bonito.

Pero...

Alessandro la miró.

—¿Pero?

Ella se giró hacia él.

—Parece que nadie vive aquí.

La frase lo sorprendió.

—Es una oficina.

—Ya sé.

Pero una oficina también puede sentirse como un lugar feliz.

Podrías poner una planta.

O una foto.

O algo que diga "aquí trabaja una persona y no un robot".

Matteo, que estaba cerca, tuvo que mirar hacia otro lado.

Nadie jamás había criticado la oficina de Alessandro.

Mucho menos con tanta sinceridad.

Alessandro caminó hacia su escritorio.

—¿Qué planta pondrías?

Marla sonrió.

—Una margarita.

Porque las margaritas son alegres.

Y creo que a este lugar le hace falta un poquito de alegría.

---

Al día siguiente, todos los empleados quedaron sorprendidos.

En la oficina del jefe apareció una pequeña planta de margaritas sobre el escritorio.

Nadie preguntó quién había dado la idea.

Todos sabían.

Y Alessandro, mientras trabajaba, miró la pequeña flor.

Era un detalle insignificante para cualquiera.

Pero para él significaba algo más.

Por primera vez, alguien no había visto su dinero, su poder o su apellido.

Había visto un lugar vacío...

y había querido llenarlo de vida.




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