Capítulo 14
La flor que él no sabía cuidar
Alessandro De Luca podía dirigir empresas, negociar acuerdos millonarios y controlar un imperio entero.
Pero había algo que no sabía hacer.
Cuidar una planta.
La prueba estaba frente a él.
Una margarita ligeramente inclinada sobre su escritorio.
—Creo que está triste.
La voz de Marla lo hizo levantar la vista.
Ella estaba parada frente a la planta con una expresión de preocupación.
Alessandro miró la flor.
Luego la miró a ella.
—Es una planta.
—No.
Es una margarita.
Hay diferencia.
Él suspiró.
—¿Y cuál es la diferencia?
Marla tomó la pequeña maceta con cuidado.
—Una planta es algo que tienes.
Una margarita es algo que cuidas.
Alessandro se quedó callado.
Otra vez ella había convertido algo sencillo en algo importante.
—¿Qué hice mal?
La pregunta salió tan seria que Marla tuvo que contener una sonrisa.
—¿Acabas de preguntarme cómo cuidar una flor?
—Sí.
—El hombre que tiene miles de empleados acaba de pedirme ayuda con una margarita.
—Correcto.
Marla sonrió.
—Esto es demasiado tierno.
Alessandro frunció el ceño.
—No es tierno.
—Sí lo es.
Muchísimo.
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Marla se acercó a la ventana.
—Primero necesita más luz.
Segundo, menos agua.
Y tercero...
Señaló la planta.
—Necesita que la mires con más cariño.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Las plantas sienten eso?
—No lo sé.
Pero las personas sí.
Y a veces todos necesitamos sentir que alguien nos cuida.
El comentario quedó flotando en la oficina.
Por un momento, Alessandro dejó de mirar la margarita.
La miró a ella.
Porque entendió que Marla no estaba hablando solo de la planta.
---
Ese mismo día, los empleados notaron algo extraño.
El jefe más temido de la empresa pasó varios minutos regando personalmente una pequeña margarita.
Nadie se atrevió a decir nada.
Hasta Matteo.
—Nunca pensé ver este día.
Alessandro siguió mirando la planta.
—¿Qué día?
—El día en que usted cuidaría algo solo porque una chica se lo pidió.
Alessandro no respondió.
Porque Matteo tenía razón.
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Esa tarde, Marla caminaba por el jardín de la empresa cuando vio algo que la hizo detenerse.
Un pequeño rincón que antes estaba vacío ahora tenía varias flores.
Margaritas.
Girasoles.
Rosas blancas.
—¿Cuándo apareció esto?
Matteo sonrió.
—El señor Alessandro dio la orden.
Marla abrió los ojos sorprendida.
—¿Él?
—Sí.
Dijo que el lugar necesitaba más vida.
Ella sonrió con ternura.
Alessandro estaba a unos metros hablando por teléfono.
Al terminar, encontró a Marla mirando el jardín.
—¿Te gusta?
Ella asintió.
—Mucho.
No sabía que eras una persona de flores.
Él la miró.
—Yo tampoco lo sabía.
Marla sonrió.
—Creo que estás descubriendo muchas cosas nuevas.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Desde que te conozco.
Ella bajó la mirada, sonriendo.
Y por primera vez, Alessandro entendió algo:
No era que Marla hubiera entrado en su mundo.
Era que, poco a poco, ella estaba llenándolo de cosas que él nunca supo que necesitaba.
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Editado: 01.08.2026