El Rey Vampiro

CAPITULO 13

Narra Draggon.

Acabo de discutir con Annia, no sé por qué ella siempre saca lo peor de mí. Ni siquiera tiene que esforzarse, posee una naturalidad para hacerme enojar en segundos.

Todos me respetan y me temen, pero ella no, por el contrario, es altanera y prepotente y no puedo doblegarla. Sé que debo controlarme en su presencia, pero cuando me provoca se encarga de aflorar mis más profundos y oscuros instintos. A veces deseo amarla con tanta intensidad que no desee estar con ningún otro nunca, y en otras ocasiones castigarla para que deje de ser tan orgullosa.

Sé por qué me odia, sé que me vio ese día en el sótano torturando a aquella mujer, sé que la asusté y ve un monstruo en mí. Pero ¿Qué soy en realidad? Quizás sí sea un monstruo, he hecho cosas de las cuales no me vanaglorio.

Golpeo con rudeza la cruda piedra haciendo una grieta, pequeñas partículas de roca caen al suelo. ¡Maldita sea Stone! Sólo estás logrando que se aleje de ti, debo cumplir mi palabra se lo prometí a Bernard, pero esta chiquilla se especializa en martirizarme, todo terminará cuando la haga mi esposa, lo quiera o no será mía, y no tendrá más opción que bajar la guardia.

-¿Qué haces? –Pregunta aquella voz sensual que reconozco de inmediato

-Nella. –La saludo. Es el diminutivo que utilizo con Aranella.

-Hola hermoso. –Me rodea con sus brazos y me planta un beso en plena boca, la separo sin ser brusco.

–Alguien puede vernos. –Aclaro, ella arquea una ceja y deja salir una sonrisa de medio lado.

-Sí claro, eso no sería problema si me hubieras elegido a mí, en lugar de a esa híbrida como tu esposa. –Sus palabras salen cargadas de resentimiento.

-No lo tomes personal, pero tú no me puedes dar descendencia.

-No, pero sí puedo complacerte de otras formas. –Me susurra al oído.

-Debo irme. –Intento alejarme pero me detiene sosteniéndome del brazo.

-Ella no lo vale, te ridiculiza delante de los demás, la gente comenta Drag.

-Que hablen lo que quieran, no me afecta su cuchicheo

-Xavier, debes cuidar tu imagen.

Me paralicé, hacía mucho tiempo nadie me llamaba por mi verdadero nombre, son pocos los que lo conocen. Draggon es un sobrenombre, Xavier murió ese día, él era débil, yo me convertí en todo lo contrario. La fulmino con la mirada y entiende la indirecta.

-Lo...... siento. –Balbucea con temor. –No me di cuenta, no va a volver a suceder, lo prometo.

-Vete Nella, quiero estar solo.

Ella hace una reverencia y se aleja pero sus palabras cumplen su cometido, siembran cizaña. Ahora soy el hazme reír de Villa Olivia por culpa de Annia, sólo eso me faltaba.

Me veo caminando fuera del edificio, al salir mis escoltas se colocan a mi lado, son un fastidio, pero los necesito, siempre habrá algún vampiro que intente deshacerse de mí, sé bien que muchos no me quieren, sé lo que piensan de mí, pero no me importa, ¡Al diablo con todos!

Me sumerjo en el bosque, cuando llego a mi destino, les ordeno esperar, lo hacen de mala gana pero no se atreven a contradecirme. Sigo solo hasta llegar a mi destino, dos tumbas cubiertas de maleza me reciben, tomo asiento en frente de estas, cruzando mis piernas y colocando mis manos debajo de la barbilla.

-No sé qué hacer. –Le digo al aire. –Ojala estuvieras aquí para aconsejarme como siempre lo hacías.

Me siento tan vulnerable y odio ese sentimiento, únicamente significa una cosa “Debilidad”.

-Te extraño. –Las palabras se me quiebran en la garganta. Toco los sepulcros, uno representado con una cruz y el otro con un ángel, ambos llenos de musgo.

Me quedé ahí el resto del día, el silencio y la tranquilidad que me envolvían en ese lugar me ayudan a pensar con claridad, cuando me levanté había oscurecido. Regresé sobre mis pasos y me encontré a mis hombres esperándome, no es la primera vez que vengo, ni será la última.

-Dile a Timothy que saldré, que prepare el vehículo. –Le digo a uno de mis guardaespaldas. Él asiente y se retira, retornamos a la penitenciaría y esperé unos minutos hasta que el ruido del motor me regresa a la realidad. Timothy se baja y me abre la puerta del copiloto.

-¿A dónde señor? –Espera a recibir mis instrucciones.

-Donde siempre. –Me limito a contestar.

Timothy pone el vehículo en marcha, no sé por qué sigo viniendo, pero no lo puedo evitar. Desciendo en el momento en que Tim se detiene, parqueándose.



Ijeloga

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En el texto hay: vampiros, amor, sangre

Editado: 07.01.2019

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