Capítulo 4.
Salí de la habitación con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
Habían pasado tres días desde la bofetada de Luke. Tres días sin salir, sobreviviendo con agua y silencio.
Al menos el labio roto había sanado gracias a Lola, y el ojo morado ya no ardía tanto.
La casa estaba llena de movimiento.
Algunas chicas se pintaban las uñas, otras se maquillaban frente a pequeños espejos. Cuando pasé junto a ellas, varias me miraron con curiosidad… y otras con abierta hostilidad.
Las ignoré.
Necesitaba comida.
En la cocina encontré a Emma apoyada en el marco de la puerta con una taza de porcelana entre las manos.
Ni siquiera levantó la mirada cuando entré.
Abrí la nevera, tomé una manzana y me senté en la mesa del comedor.
—¡Waverly! —exclamó al verme—. Saliste.
Su entusiasmo me irritó.
—Tengo preguntas —dije antes de darle un mordisco a la manzana.
Emma dejó la taza sobre la encimera.
—¿Qué tipo de preguntas?
—Las que creo que me gané —respondí con frialdad antes de apretar los párpados para no llorar al recordar ese fatídico día—. ¿Qué es este lugar? ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué hacen esto?
El silencio se volvió pesado.
—Lo siento, Waverly… pero eso no es algo que debas saber, no es de tu incumbencia.
Solté una risa amarga.
—Claro. No es de mi incumbencia —repetí—. Aunque me trajeron aquí contra mi voluntad.
La miré directamente.
—Aunque me obligaron a trabajar para ustedes.
Emma bajó la mirada.
—¿Cómo puedes vivir con esto? —continué—. Eres mujer. ¿Nunca pensaste que podrías estar en mi lugar? ¿No crees que es muy injusto el tener que aceptar todo esto para no morir?
Mis palabras parecieron atravesarla.
Por un segundo pensé que respondería.
Pero no lo hizo.
En cambio, dio un paso hacia mí y tomó mi mano.
—Waverly…
Retiré la mano con brusquedad.
—No me toques. No quiero que vuelvas a tocarme, dejé que lo hicieras en la habitación esa vez; pero justo en ese momento yo estaba demasiado confundida todavía —intento calmarme inútilmente—, no volverá a pasar.
La advertencia salió más dura de lo que esperaba.
—Escúchame —insistió—. Quiero ayudarte.
Me crucé de brazos.
—¿Ayudarme? ¿Por qué?
Emma dudó.
—No puedo explicarlo todavía.
—Entonces no lo hagas —respondí levantándome—. Porque yo no pienso quedarme aquí el tiempo suficiente para escucharlo.
Di media vuelta.
—Voy a escapar. Si estás tan empeñada en ayudar, encontrarás la manera de evitar que me maten mientras lo hago —concluyo dejando la cocina sin mirar atrás.
—¡Waverly, no! —exclamó ella, sujetándome del brazo—. Te matarán.
—¿Y eso debería importarte? ¡No me conoces! —espeto duramente soltándome de su agarre.
Antes de que pudiera responder, un disparo resonó en el exterior.
El sonido nos congeló.
Corrí hacia la ventana.
Y entonces lo vi.
Tres mujeres estaban de rodillas en el patio.
Un hombre armado caminaba frente a ellas como si estuviera eligiendo, dispara como si de un par de sujetos de prueba se tratase.
El primer disparo llegó sin aviso.
Una de ellas cayó.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Otro disparo.
No pude mirar más.
Las piernas me fallaron y caí al suelo.
Emma se arrodilló junto a mí, pero me aparté de su abrazo.
—Si intentas escapar —dijo con voz apagada— ese será tu destino.
La miré con odio.
—¿Y vienes a decírmelo como si nada?
—No —respondió con dificultad—. Te lo digo porque no quiero que te pase lo mismo.
No respondí.
Solo me levanté y caminé por el pasillo sin mirar atrás.
—¡Aléjate de mí! —le ordeno con los ojos cristalizados—. ¿No entiendes que no soporto tenerte cerca? ¡Mucho menos soportaré que me pongas una mano encima! —me levanto del suelo y me alejo por el pasillo sin ningún destino en mente todavía.
—¡Waverly! —escucho que grita pero la ignoro, sigo caminando con las lágrimas deslizándose por mis mejillas.
...
Escucho una voz masculina y me detengo de golpe al percibir dos pares de pasos cerca.
—Señor, su regalo ya está envuelto cómo a usted le gusta, lo voy a dejar solo para que la "Pequeña" sea toda suya.
Me muerdo los labios al imaginarme la joven mencionada detrás de esas horribles palabras; aprisiono mis cabellos con fuerza entre mis manos y miro a todas partes sin tener la más mínima idea de qué hacer.
Empiezo a caminar con dirección al lugar donde creo haber escuchado salir la voz. El sonido de una puerta abriéndose me hiela la sangre mientras literalmente el corazón se me detiene de golpe y la respiración se me corta; agudizo nuevamente el oído preparándome paro los gritos que supongo empezaran a brotar de la garganta de esa pobre joven, niña. No sé quién está esperando detrás de esa puerta.
—¡Hey! pero aquí no hay nadie.
Se escucha la voz de otro hombre y rápidamente mi respiración se torna regular y yo doy un suspiro de alivio.
—¡No puede ser!, ¡di la orden de que revisaran que todo estuviera listo!
—Pues parece que no te obedecen ¡eh!
—¡Anton! ¡Anton! ¡Ven aquí!
—¿Esto es una broma?
—No, señor, le prometo que cuando venga mi hombre de confianza se aclarará todo esto.
Mi corazón se acelera al escuchar un par de pasos acercarse a mi lugar y en un movimiento rápido me oculto detrás de una de las columnas del pasillo. Un atractivo joven de cabellera rubia pasa por mi lado pero afortunadamente no consigue verme, respiro profundo pero aún así me decido a no salir de mi lugar.
—¿Qué pasa?
—¿Dónde está la niña Anton?, ¡Te pedí que te aseguraras de que estuviera aquí lista!
—¡Pero yo la dejé aquí!
—¡¡Pues no está!! —escucho que gritan—. ¡Y no pudo haberse desaparecido! ¡Encuéntrala!