Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 10: Obnubilada

¡Feliz día del libro!

¡Feliz día del libro!, vomenten, ese será mi mejor regalo

Señorita – Camila Cabello feat Shawn Mendes

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Un hombre alto, de complexión mediana, se ha situado de pie a mi lado, asimismo, no he ignorado su acento que, si no estoy equivocada, es español. «Entonces él es quien me miraba», digo para mis adentros. Elevo ambas comisuras de mis labios en una sonrisa afable y me doy por considerar su invitación.

Me devuelve el gesto con mayor ahínco y yo me decido por estudiarlo por un momento; sus ojos son almendrados, su piel es blanca y lleva una barba cuidada que le da un toque más maduro y masculino, es atractivo no puedo negarlo. «Acepta, solo es un baile. ¿Qué puede salir mal?», inquiere mi conciencia, ansiosa porque acepte.

Pestañeo un par de veces y percibo como mi cuerpo ha entrado en un estado de relajación, todo gracias a las dos copas de vino.

—Eh... —titubeo por un momento, sin embargo, su mirada y sonrisa amistosa me aturde y pronto añado—: Claro, me encantaría. —Y acepto la mano que me ofrece.

Nos encaminamos a la pista y otra melodía comienza; el sonido de la guitarra es envolvente y la letra de la canción es sugerente, hecho que me da un poco de incomodidad, pero me obligo a mantenerme tranquila. El extraño frente a mí, en un murmuro, me pide permiso para poner ambas manos en mi cintura, acepto y poso las mías sobre sus hombros, luego, cuando nos hemos acoplado un poco, me toma de la mano derecha y comenzamos a bailar.

En la primera canción que bailamos, me ha preguntado y dicho su nombre: Mateo, pero escucharlo con su acento ha sido la cosa más sexy que he escuchado jamás. De igual manera; me comenta que está en un viaje de negocios y cuando él me cuestiona si soy de la zona, yo me limito a mentir y decirle que estoy de vacaciones. Entonces, cuando me dice que deberíamos vernos mañana para cenar, le digo que me voy muy temprano por la mañana, cuestión que le genera aparente desilusión.

Otra canción comienza y él me invita otro trago. Para entonces, percibo como las copas ya han comenzado a subírseme a la cabeza, no obstante, me siento tan a gusto y con la música adherida a mi piel, que me digo que solo bailaré esta canción y me iré a mi habitación. Y es así como comenzamos a movernos, a acercarnos un poco más. En el estribillo de la guitarra, Mateo con el propósito de hacer alarde de sus habilidades danzarinas o sabrá Dios por qué lo hace, pero me hace dar una voltereta que me marea y me hace perder enfoque, reprimo un quejido.

Suelto su mano y trato de no perder el equilibrio, pero cuando trastabillo al dar un paso, siento sus manos en mi cadera, pero ha sido un toque tan efímero que apenas y logro registrarlo en mi atolondrada cabeza. Abro y cierro los ojos un par de veces más en un intento de dilucidar; y cuando estoy por buscarlo, se me acerca de nuevo, pero esta vez por la espalda. Me toma de la cintura, dándome soporte, lo cual agradezco. Comienza a guiarme con movimientos lentos hasta mi mesa, su aroma llega mis fosas nasales con renovada fuerza, tanta que me parece demasiado familiar.

Elevo el rostro y la confusión me golpea, ya que frente a mí está Mateo con una expresión contrariada en el rostro e igual de confundido que yo. «¿Quién es la persona que me está sosteniendo?», y tan pronto me hago esta pregunta, siento el aliento de esa persona golpearme la parte de atrás de la oreja y desencadenar un escalofrío que repta por toda mis espalda, que me eriza cada poro.

—¿Ya te encuentras mejor? —cuestiona con voz suave y ronca. Mi corazón comienza a latir con nuevos bríos y todo empeora cuando, al sentir que su agarre en mi cintura desaparece, se posiciona frente a mí: es David. Y la sonrisa felina que me dedica me seca la garganta—. No deberías bailar ni aceptar bebidas de desconocidos, Iri —murmura y yo me encuentro sin palabras. «¿De dónde demonios salió?, ¿en qué momento desplazó a Mateo?», son preguntas que me mantienen en un trance obnubilado.

—¿Qué estás haciendo? —inquiero. Él suelta una risita divertida, ladea el rostro y se encoje de hombros—. Tú sabes a qué me refiero —espeto. Él rueda los ojos y toma mi mano derecha para seguir bailando. La sonrisa ufana no ha abandonado su cincelado rostro.

—Ya, ya entendí y para que veas que no soy malo, yo sí responderé a tu pregunta. —Me dedica una sonrisa sarcástica y es cuando me doy cuenta que he usado un juego de palabras que él ya usó conmigo. Pestañeo un par de veces y elevo el mentón, David separa los labios y percibo su aliento alcohólico—. Llevaba un rato observándote, no creas que te estaba espiando, estaba en el bar e iba a acercarme cuando ese tipo de allá lo hizo, luego cuando vi que no tuvo la delicadeza para hacerte girar y que te mareó, entonces me acerqué para ayudar-te —aclara, lo cual, de nueva cuenta, me deja sin palabras. Me dijo guiar por él como si fuera una muñeca de trapo, añade—: Además, ese tipo no se preocupo por ti en comparación a como lo hizo para ayudar a que se te subieran las copas.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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