Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 15:Infructífera

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Al regresar a mi casa, informo a mi papá sobre las últimas noticias y aunque se demuestra inconforme, comprende al igual que yo —o es lo que intentamos—, que es mi trabajo y que si se me pagará "bien" pues unas cuantas horas extras no nos caerán para nada mal. Mi padre se queda acomodando las compras en la cocina y yo me voy a mi habitación, específicamente a mi armario para ver la ropa que tengo y que pueda cumplir con los estándares solicitados para dicha y ceremoniosa cena. Reviso mi maleta y saco el vestido que la señora Carlota me regaló, aparte de aquel precioso vestido que usé para la cata de vinos.

Encuentro uno rosa viejo y que tiene un estampado de flores grandes blancas; es traslapado y con lindas ondulaciones en los bordes de la falda, la abertura en la pierna y el escote son discretos, lleva mangas tres cuartos. Me llega a mitad de las pantorrillas, por lo que es de un largo elegante y recatado —o es lo que yo creo—. Busco un par de sandalias y encuentro unas blancas con tacón grueso. Quizá mi elección no sea tan elegante y sofisticada, pero me siento cómoda y satisfecha.

Seguido le envío un mensaje a una vieja amiga que tengo y que vive en la capital para que me permita, terminando mi reunión con David, ducharme y cambiarme antes de ir a la cena. Recibo su confirmación, pero cuando estoy a punto de salir de mi habitación para ir a preparar la cena, la pantalla de mi celular se enciende. Me acerco y veo que me ha entrado un correo de David. Mis cejas se fruncen y mi corazón comienza a incrementar la velocidad de sus latidos. Me siento sobre la cama y abro la notificación; para entonces soy consciente del cosquilleo de mis manos y de mi estómago, así como del atisbo de sonrisa que se ha formado en mis labios.

b.david@baldocchigroup.com

i.molina@baldocchigroup.com, presidencia@baldocchigroup.com

Me dirijo a usted con el motivo de solicitar de su tiempo para prepararnos el día de mañana para la presentación del proyecto vinícola. Pues se hará en presencia de los inversionistas mayoritarios y más importantes. Nuestra reunión sería a las 9 de la mañana, el lugar se lo haré saber en cuanto me llegue su confirmación. Quedo a la espera de su respuesta, feliz noche.

Saludos cordiales,

David Baldocchi

Asistente de marketing de Grupo B.

Suelto una carcajada al leer la palabra "asistente" como parte de su firma. Sin embargo, todo mi cuerpo está en tensión, ya que si, en algún momento, habría querido eludir este compromiso, ya no puedo hacerlo. Pues el muy estúpido me envió el correo con copia al señor Martin, ¡lo odio! Suelto un suspiro y muevo mi cuello para liberar un poco de estrés. Y sintiendo el peso de esta obligación, envío una respuesta rápida.

i.molina@baldocchigroup.com

b.david@baldocchigroup.com, presidencia@baldocchigroup.com

Confirmo mi asistencia a dicha reunión para ajustar los detalles de la presentación. Quedo a la espera del lugar.

Atentamente,

Irania Molina

Gerente de marketing de Grupo B.

Cuando termino de cenar, mi celular tiene un mensaje instantáneo en la aplicación.

Esperpento: mañana enviaré a mi chofer para que vaya a recogerte a las 7:45 de la mañana.

Me abstengo de responder, pues él ya sabe que he visto su mensaje, y como ambos sabemos que no tengo de otra, la respuesta está demás. Sonrío y pienso en lo difícil e incómodo que será toda la mañana. Y mi sonrisa no es porque disfrute el exponerme a tal situación, sino que, debo confesar, me emociona el hecho de volver a verlo. Como si los pasados días no hubiesen sido suficientes.

Cuando me dispongo a dormir, hago un recuento de todas y cada una de las cosas que me pasaron este día: el encuentro con mi ex, la llamada de Martín y la reunión de mañana con David. Porque sí, me preocupa más ese encuentro que mi reunión con los accionistas. Y en consecuencia de esta amalgama de recuerdos y emociones; regresan las pesadillas, mismas que desde que comencé a trabajar en la empresa regresaron.

Sueño con llamaradas de fuego, con un manto de humo que se convierte en una camisa de fuerza que me rodea y me impide salir de esa habitación. Miro como mi vientre y mis piernas arden, y que por más que intento escapar, el fuego me consume con mayor rapidez. Despierto sudando y tocando mis piernas empapadas; remuevo la sábana y veo la cicatriz que tengo ahí, la misma que mi padre dice que me hice de niña al caerme de un árbol. Suelto un bufido, porque sé que no me hace nada de bien atormentarme con tantas dudas, mismas que se desencadenan cuando estos sueños aparecen.

Miro la hora en mi celular; son las cinco de la mañana del domingo, me acomodo en la cama y cierro los ojos, intento dormir otro poco más, pero como sé que me será imposible, decido levantarme.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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