Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 29: Ocultan

Bad dream - Ruelle

Bad dream - Ruelle

Un nudo se forma en mi garganta; más el sentimiento de estupor, asco y furia son tan ensordecedores que me provocan una opresión en el pecho tan honda que me dificulta la respiración        

Un nudo se forma en mi garganta; más el sentimiento de estupor, asco y furia son tan ensordecedores que me provocan una opresión en el pecho tan honda que me dificulta la respiración. Cierro los ojos y, en la lejanía, alcanzo a escuchar la dulce y acallada voz de Steven. «¿Cómo pudo ser capaz», me pregunto.

«¿Y cómo es posible que no me haya dado cuenta de que Carlos es un pedófilo?», elevo los párpados y veo las siguientes fotos que Steven me muestra, son igual de grotescas. Sacudo la cabeza y lo miro, de inmediato muchas cosas hacen click en mi cabeza, dando pie a que el corazón se me arrugue como una pasa. No obstante, y ante el recurrente sentimiento de repugnancia, siempre me es difícil hacerle esa primera pregunta que se vino a mi cabeza desde que me mostró todo...

—¿T-tú papá te ha hecho algo? —suspiro.

El silencio tras hacer mi interrogante, viene acompañado de una mirada inquisidora, y no sé si hay miedo en su mirada o confusión por mis palabras. Me digo entonces, que no puedo preguntarle más nada, pues Carlos está aquí. Le sonrío y quito un mechón de cabello que le surca la frente, se retrae, pero finalmente permite que termine mi tarea.

Doy un leve asentimiento, y lucho porque la sonrisa en mis labios no tambalee, pero estoy aterrada. Suelto un suspiro roto, seguido tomo mi teléfono y lo desconecto sin mucho cuidado, me voy al contacto de David y le marco. Necesito que venga por mí, necesito que me ayude a hacer algo. Pero no él responde, le llamo una vez más, bajo la atenta mirada de Steven y es más, creo que ya lo estoy asustando. Me le acerco cuando escucho la operadora y cuelgo, le pido que no le diga nada a su... papá.

«Este será nuestro secreto», le digo, pero el cielo y cada fibra de mi ser, saben que es una mentira, porque yo no podría cargar con un secreto como este.

—Te prometo que muy pronto te llevaré a comer un helado, ¿te gusta la idea? —le pregunto, pues no sé qué más decirle para que ese rictus de miedo abandone su expresión.

—Sale, pero ¿cuándo? —Asiento y lo abrazo por unos cuantos segundos.

—Pronto —murmuro en respuesta. Miro a Steven, su carita me arroja una preocupación que me atenaza las entrañas. Degluto saliva y añado—: ¿Podrías hacer algo por mí? —le inquiero y él acepta—, es muy importante para mí que, en lo que tu papá me va a dejar a la terminal de buses, le muestres a tu mamá estas fotos, ¿puedes hacer eso por mí? —Su primera reacción es miedo, por lo que intuyo que Carlos lo tiene amedrantado totalmente—. Por favor —le suplico.

—N-no, no puedo —dice con genuino horror, como si acabase de pedirle que matara a su mascota. Entonces comprendo que tiene miedo, tiene terror más bien, de que ese degenerado se dé cuenta que le dijo a alguien.

Sh, sh, sh, está bien, está bien. Es solo que quería que mirara las fotos que tomé ahora, pero tienes razón, es mejor guardar el secreto —murmuro con la voz en un hilo, Steven asiente repetidas veces y noto que, al darse cuenta de que yo no diré nada, su cuerpo comienza a relajarse.

Suelto un suspiro, «¿qué debo hacer?, ¿qué puedo hacer?», las ideas pasan por mi cabeza a mil por hora, y ninguna es lo suficientemente buena y segura como para que la eche a andar. Siento el peso de la impotencia haciéndome añicos, y es que me niego a ser una cómplice de Carlos, me niego rotundamente a quedarme de brazos cruzados.

¿Pero qué puedo hacer?, la idea de enfrentar a Carlos o de llevarme la laptop y salir corriendo, me saltan en la cabeza. Pero no puedo hacer tales cosas, la primera porque, ahora más que nunca, me queda en claro que él es muy astuto, y que si todo este tiempo ha logrado mantener todo en secreto, es porque el hijo de... es más inteligente de lo que todos creemos. Y lo segundo lo descarto, porque de hacerlo, solo lo pondría sobre aviso, y Carlos podría huir. Es por ello que, sin saber a ciencia cierta qué es lo que haré, me aferro a la única idea sensata que se me ocurre.

Para cuando Carlos aparece, yo ya tengo todas mis cosas dentro del bolso, su computadora está donde estaba. Lo único diferente en esta habitación es que yo ya lo sé todo y el atisbo sospecha que veo en los ojos del monstruo que tengo enfrente.

—¿Sucede algo? —cuestiona y yo hago un esfuerzo monumental para no saltarle encima y sacarle los ojos.

Sostengo el asa de mi bolso y lo aferro con tanta fuerza que la sangre se estanca. Empero, y por esta ocasión, debo ser más inteligente que él. Paso saliva con dificultad, el paladar me sabe amargo. Sacudo la cabeza en una negativa.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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