¿esto es amor?

Capítulo 19

Frondosos y enormes árboles verdes estaban en nuestro campo de visión, algunos con coloridas flores alrededor de sus troncos o con pequeños animales en ellos, sirviéndoles de casa. El paisaje era hermoso y muy relajante, la pequeña brisa que refrescaba la mañana hizo mover el follaje con lentitud, desencadenando una lluvia de pequeñas hojas verdes y ramas.
Los árboles eran lo suficientemente altos como para brindarnos sombra de la tormentosa luz solar que iluminaba el día.

Mis amigos y yo caminamos en un sendero rodeado de una diversidad increíble de plantas, rocas y pequeños insectos de todos los colores y tamaños, que nos dirigía hacia nuestro destino final. Ellos iban parloteando sobre algo a lo que no le presté mucha atención, puesto que el observar hasta el más mínimo detalle de la naturaleza me dejaba embelesado y prácticamente me hacía abandonar el mundo real. 
El olor a tierra mojada y el crujido de las ramas al ser aplastadas por mis zapatos, era lo único que tenía presente. El paisaje verde que tenía frente a mí era tan hermoso que mis ojos no se podían despegar con facilidad. Podía escuchar el canto de las aves y el zumbido de los insectos dándole ese toque único. No había imaginado que un lugar tan hermoso como este se encontraba a tan sólo unos minutos de la ciudad.

Parpadeé un par de veces mirando a mi alrededor. Sentía que estaba guardando una especie de foto en mi cerebro sobre este maravilloso paisaje, como si quisiese recordarlo para el futuro. 
Lugares así me llenan de inspiración para dibujar o pintar algo relacionado con la apreciación y conservación de la naturaleza. Ojalá algún día haga una presentación de todos los cuadros que he pintado, los cuales, están guardados en el sótano de mi hogar, siempre los guardo ahí para nunca perderlos o dañarlos, sé que algún día me servirán de algo.

Mientras caminaba, sentí que mi pie se quedó atascado en algo de superficie dura y me hizo caer de bruces contra el suelo lleno de plantas, rocas y tierra. Por suerte puse mi manos y mis rodillas de soporte, para que mi mandíbula o nariz no se afecten con el golpe.

— ¿Te encuentras bien? —la voz de Jeffrey me hizo salir de mi trance. Asentí con la cabeza respondiéndole y me di cuenta que se puso de cuclillas frente a mí —, tus rodillas están sangrando.

Dirigí mi mirada hacia el área mencionada y me encogí de hombros riéndome.

—No es nada —le dije y él negó con la cabeza.

—Sí, sí lo es —extendió su mano frente a mí y se puso de pie.

Lo miré durante unos segundos y después la tomé levantándome. Jeffrey me miró con una sonrisa de lado y entrelazó mi mano con la suya.

—Agradece que traje mi botiquín de primeros auxilios —me dijo y guiñó un ojo.

Escuchamos pasos que se acercaban a nosotros con rapidez y la cabellera rosa de California se hizo presente.

—Se quedaron aquí para besarse, ¿O qué? —dijo y nos miró fijamente.

Fruncí el ceño y negué sin quitarle los ojos de encima.

—Geri se cayó —contestó Jeffrey.

California me miró de pies a cabeza y se quedó perpleja al ver mis rodillas sangrar.

—Ay bombón, siempre te pasan estas cosas a ti —dijo mirándome con una sonrisa de boca cerrada —, vamos para poder curarte esas heridas.

Jeffrey y yo seguimos a California, en realidad no tuvimos que caminar mucho para llegar al lugar que mencionó.

Por alguna razón, el suelo era prácticamente liso, la tierra era nuestra superficie, sin embargo, al girarme me quedé maravillado por el lugar. Un lago con el agua cristalina estaba frente a nosotros, nuestros amigos no habían perdido tiempo y se dirigieron ahí casi al instante. Su ropa y mochilas estaban alrededor de lo que parecía ser un mantel para picnic. Suponía que nos sentaríamos ahí.

Hasta este momento, no había caído en cuenta que mi rodilla derecha dolía a nivel muscular y me fue imposible disimular la molestia, porque cojeaba.

Jeffrey y California se habían sentado sobre la tela y estaban esperando a que yo lo hiciera, pero me costó un poco gracias al dolor en mi rodilla, no obstante, lo logré.
Me di cuenta que Jeff sacó de su mochila un bolso de color azul, de donde obtuvo algodón, alcohol antiséptico, unas bandas y un pote que parecía ser una pomada para dolores musculares. Lo observé durante unos segundos donde vertió un poco de alcohol sobre un pedazo de algodón. Cuando acercó su mano a mi rodilla, agarré su muñeca deteniéndolo.

—Espera un segundo, espera —le dije nervioso —. Esto me va a arder.

Escuché que California se rió, pero la ignoré y me di cuenta que Jeff me miraba con diversión.

—Solo aguanta durante unos segundos, nada más —me dijo y se quitó mi mano de encima acercando el algodón a mi rodilla.

Cuando aquello hizo contacto con mi piel lancé un gritito y sujeté la muñeca de Jeffrey con fuerza mientras negaba con la cabeza.

—Arde, arde, arde —dije y empecé a respirar con desesperación, tratando de quitar su mano de encima.

Solo escuché las risas de los dos antes de sentir otro algodón con alcohol sobre mi otra rodilla.

—Jeffrey, por favor —le dije desesperado —, me duele.

Él hizo caso omiso e hizo un poco de presión del algodón sobre mis heridas, se mantuvo así durante unos segundos, hasta que ya no pude sentir más ardor, sino una sensación refrescante sobre las heridas. Jeff movía el algodón alrededor de mis heridas en círculos, estaba desinfectando todo, por completo. Después de unos segundos, volvió a verter alcohol sobre otro pedazo de algodón, pero utilizó este para poder limpiar las gotas de sangre que se habían derramado a lo largo de mi pierna. Luego sacó las banditas de la funda plástica que las protegía y las puso sobre mis rodillas. Me dirigió una sonrisa.

—Listo —comentó y metió los desechos dentro de una funda de basura que había le había pasado California —. Estoy seguro de que te duele la rodilla, estabas cojeando, bebé.



Nela California

Editado: 01.12.2020

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