Formé (2°parte Saga Salvajes)

Capitulo 14

 

Luego del incidente del baño, Freya no dejaba de pensar en él. Estaba nerviosa y esperaba no actuar como adolescente cuando nuevamente se uniera a ellos.

–¿Por qué esta tan oscuro el cielo? –escucho preguntar a Martín. 

–lo más probable, es que llueva –respondió Freya observando a través de la ventana.

–pero si estamos en verano –añadió su hijo. 

–bueno no siempre hay días soleados y cálidos, también hay días fríos y lluviosos –contesto mientras ponía la mesa.

–¿entonces va a llover? –volvió a preguntar

–sí y de seguro habrá truenos y relámpagos –intervino Cael. En cuanto escucho su voz, se tensó.

–¿truenos? –pregunto con nerviosismo, los odiaba desde pequeña.

–sí, ¿no me digas que les tienes miedo? –bromeo Cael.

–claro que no –protestó. 

–Mami tengo hambre –dijo Martín y ambos adultos rieron.

Los tres cenaron carne con verduras salteadas preparadas por Freya. La cena fue tranquila, platicaron y explicaron a Cael que el rancho Lunar tenia nuevos dueños. 

El saber que el Lunar tenía nuevos dueños lo llevó a recordar años atrás, cuando se pasaba persiguiendo esas tierra como loco. Siempre las había añorado. Había algo que lo invita a su lugar, sin embargo, saberlo ahora no le importaba, lo que acapara su atención y corazón era la mujer que tenía en frente, Freya. Haría lo que  digese con tal de estar junto a ella

Supo por Martín que él mismo, no lo quiso dejar solo y ella tampoco, por eso decidieron volver al rancho. Aquella noticia lo alegro mucho, en el fondo de su corazón se sentía feliz de estar acompañados por ellos.

 

El tiempo comenzaba a cambiar y ya se sentía el frío, por ende, Cael prendió la chimenea para que se sintieran cálidos y acogidos. Alrededor de las doce comenzó a llover extremadamente fuerte. Martín era el más asombrado, nunca había escuchado aquella manera en que la lluvia golpeaba el techo y las ventanas.

Mientras veían una película elegida por el menor, este se quedó dormido. Cuando está finalizó, Freya decidió llevarlo a la cama.

Cael la vio ponerse de pies y que se le complicaba cargar al pequeño, se apresuró a ayudarla.

–déjame a mí, yo lo llevo –anunció poniéndose de pies.

–bueno, no sé en qué momento creció tanto –respondió cediendo su lugar. Juntos lo llevaron a la segunda planta, Cael le dejo en la cama y ella lo acomodo para cubrirlo.

–te dejo para que descanses. Iré a pagar la televisión y las luces –añadió una vez que no hizo falta. 

–iré por un vaso de agua –respondió y bajaron nuevamente juntos. 

Freya se fue a la cocina por el vaso de agua, y Cael al salon para apagar los equipos.

Tenía el vaso listo, estaba decidida a salir de la habitación cuando la luz se cortó de golpe y suena un trueno ocasionando que Freya se atemorizara y soltara lo que tenía en sus manos. Lo único que se escuchó, fue el vaso romperse en mil pesados derramando el agua y el grito de susto de ella.

–¡Freya! –grito Cael con preocupación –¿estás bien? –añadió enseguida.

–s-sí, solo, solo no me gustan los truenos –respondió con voz temblorosa sin poder ver nada en la oscuridad. La casa estaba en silencio y oscura, lo único que se escuchaba era la lluvia golpear la casa.

–no te muevas, podrías cortaste. Voy enseguida –exclamo abandonando rápidamente al salón, que, gracias al fuego de la chimenea, ahí, si había algo de luz. 

Sin embargo, en ese preciso instante un rayo alumbra la habitación y segundos más tardes un nuevo trueno invade el lugar provocando un nuevo grito en ella.

–¡Cael! –exclamo asustada.

–tranquila, aquí estoy ... –se acercó a ella con cuidado para evitar pisar un vidrio y cortarse. La busco con el tacto al no ver nada y la encontró temblando, ella, al sentir las fuertes manos de él no dudo en lanzarse a sus brazos.

–ya está – susurro Cael. Con mucho cuidado la levanto para luego cargarla y llevarla hacia el salón y dejarla junto a la chimenea.

–pareces un ratoncito asustado –bromeo Cael.

–no bromes, odio los truenos desde que era una niña –contesto enojada, no obstante, en ese momento se escucha un nuevo trueno retumbar as las paredes, casi al punto de quitar el techo.  Freya no pudo evitar esconder su cabeza entre las piernas, acción que  pareció muy tierna a Cael, ¿Cuántos años tenía?

–espérame aquí, iré a recoger los vidrios –sin embargo, antes de poder levantarse, Freya lo tomo de la muñeca.

–no, por favor no te vayas. No me dejes sola, no de nuevo...–pidió mirándolo con un par de ojos suplicante que lo congeló. 

–Freya... –dijo sin saber que contestar

–por favor Cael –rogó sin soltar su mano. No pudo negarse a sus palabras, después de todo, Freya, era su talón de aquiles.

–está bien, le echare más leña a la chimenea así no sentirás frío –anunció, no obstante, Freya estaba lejos de sentir frío estando tan cerca de Cael. Ambos estaban en pijama, el traía puesto un short y una musculosa, mientras que ella, vestía una camisa de dormir que cubría con una bata.



Raisa Venher

Editado: 22.12.2019

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