He Estado Soñando Contigo

32. Felicidad Efímera

Ydyal

El zumbido del aparato a mi costado es lo que me informaba que seguía viva, cada sonido que hacía era debido a los latidos pausados de mi corazón. El dolor lo sentía al respirar, no podía abrir los ojos de inmediato porque me atenazaba cada palmo del cuerpo el simple pensamiento de moverme.

Las horas o los días, no lo sé, pasaban y yo no tenía fuerzas para levantarme, para decirle a mi familia que estoy bien. No podía abrir los ojos por el cansancio de mi cuerpo y mi corazón estaba oprimido porque no sabía si la pequeña vida que se albergaba en mi interior había muerto.

Creo que es una de las razones por las que no quiero despertar.

No quiero abrir los ojos y enterarme que perdí a mi bebé, no quiero imaginar que exista esa posibilidad.

Mientras me encontraba en la inconciencia escuchaba voces amortiguadas de mi alrededor, percibía olores conocidos y sentía la calidez de unas fuertes manos, pero nada de eso lograba que yo abriera los ojos. Tal vez este era mi castigo divino.

Imágenes del pasado se mostraban frente a mí, la mayoría de los recuerdos de mi vida aparecieron frente a mi mente y lo único que yo lograba hacer era observarlos desde las sombras como ahora.

¿Por qué la mataste? – Preguntó el chico de ojos azules que miraban a la niña con fascinación – ¿Cómo lo hiciste?

– Ella debía pagar – responde la chica mirando el interior de la oscura habitación con media sonrisa – Sus gritos fueron como una canción de cuna para mí.

Sacudí la cabeza reprimiendo esa escena y seguí mi camino a la sala desgastada de la casa en donde pase la mayor parte de mi infancia. Era extraño la forma en la que podía admirar mis recuerdos, muchos se imaginan tener un espacio en blanco donde podemos elegir los recuerdos que veremos, pero en realidad todos se almacenan en el lugar de dejo una gran huella en nuestras vidas.

Nadie te volverá a hacer daño – susurraba el chico sosteniendo a una inofensiva niña en un rincón de la sala. Ella sollozaba en sus brazos mientras intentaba olvidar la forma en la que esa mujer la tocaba, la mirada y le hablaba. Estaba suplicando que él llegara para que la detuviera. Cuando lo vio apreció la luz de esperanza, se abalanzó a sus brazos sin ánimos de dejarlo, mientras que del otro lado la hermana del chico y Nana estaban peleando a gritos – De ello me haré cargo.

– Tengo miedo – Decía la niña al sentir el odio aumentando en su corazón y las ansias de matar a esa mujer crecían en su interior. No quería sentir esas emociones, pero ese mundo la estaba transformando igual que a él – No quiero estar aquí.

¿Será esta una forma de redimirme de mis pecados?

Abro la puerta que da a la calle, frente a mí se muestra Central Park, una chica de diez años y una mujer hablaban de forma seria mientras que las personas pasaban a su alrededor. La chica no paraba de pensar en el chico de ojos claros que tenía su corazón, no permitiría que la oscuridad lo consumiera por completo, él la salvó a ella, ahora debía devolver el favor.

La mujer era preciosa, poseía unos ojos del color del pasto y su cabello caía en volandas sobre su pecho. Muchos la miraban embobados por su belleza, pero la belleza en ella se había marchitado de hace ya mucho tiempo.

– Usted es la madre de Paris – dijo la chica aferrando sus manos al bolso escolar que llevaba puesto.

– Me sorprende que me reconozcas – dice sincera la mujer mirándola de arriba abajo con media sonrisa – Tenías sólo cuatro años cuando te fuiste.

– Las situaciones nos obligan a madurar – admite la chica encogiéndose de hombros.

Mi infancia me fue arrebatada desde que nací y supe desde el momento que conocí a Martina que no podría cambiar mi forma de ser, y también que el dinero movía todo y a todos en esta vida. Sólo debía ser poderosa y poseer mucho dinero para ayudar a mi amigo. A mi Paris. Ahora observo mi forma de actuar en el pasado y puedo darle un poco de razón a la chica atormentada que se muestra delante de mí. En ese entonces solo tenía dolor en su corazón. Ese chico que sin detenerse a pensar en lo que hacía me salvó y condenó su vida a ese mundo de sombras en donde nos tocó nacer.

– ¿Cómo se encuentra Paris?

– Él se está preparando para tomar el puesto de su padre – murmura la mujer con pesar – Y yo no puedo salvarlo…

– Si puedes – interrumpe la chica con el ceño fruncido y molestia en su voz – Tu familia se apellida Castillo y tienen mucho dinero. He conocido a tu hermano Christopher hace dos años.



Laczuly0711

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En el texto hay: suenosypesadillas, busqueda desesperada

Editado: 07.05.2019

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