Jamás pensé en el Amor

Capítulo 13

Lunes.

Lunes, bendito lunes... te odio.

No solo porque sea inicio de semana sino por lo que pasó el viernes. FUE UN CAOS, y hoy peor.

Aún no lo creo, al final terminé yo con la mitad de la culpa, por no detenerlo. Lionel, que vino el viernes cuando estaba por tener la reunión, sabía que algo no iba bien con él. No vino porque sí, de alguna forma entró y se llevó unos contratos.

¡PERO YO QUÉ SABÍA QUE SE IBA A ROBAR ESOS CONTRATOS! Dijo que venía por unos papeles, pero no que estaba haciendo tal cosa. 

Obvio que no te lo diría.

¡Lo sé!

La Jefa estaba muy enojada, primero no encontró los papeles y segundo, le llegó la noticia que una empresa extranjera no volvería a hacer más negocios con nosotros por el motivo que dimos la excusa que nosotros los rechazamos y se lo dimos a otra empresa para que lo aceptara.

Es totalmente loco esto.

Yo estaba decepcionada por él, lo que según sé, es que nos tienen a mil los jefes hacia nosotros, sus secretarios, ¿pero mandar a hacer algo así sólo por poder? En realidad, no sé si lo hizo porque quiso o lo obligaron. Desconozco las causas.

La Jefa se comunicó con todo mundo para que la ayudaran. A veces pienso que es muy manipuladora, pero, no puedo hacer nada al respecto. Sabe manejar bien por algo está al frente. 

En todo el día recibí regaños, regaños y más regaños. Estaba cansada ya, pero no podía ni opinar siquiera. Me puse nerviosa en un momento, pensando en que me echarían del trabajo, pero no.
Cuando iba de un lado para otro, la mayoría me miraban con lástima. No quería que me vieran así, pero me las tuve que aguantar, no iba a llorar.

—¿Por qué no lo detuviste?

—¡Porque no sabía que estaba haciendo eso! —sujeto mi rostro con las manos.

Aturdida. 

—¿No pudiste preguntarle más?

—Se fue rápido y yo tenía que estar contigo adelante para la reunión. 

—Si pero...

Me levanto de golpe dejando caer la silla atrás. —¡¿YO QUÉ IBA A SABER?! 

Cansada.

—¡Laira...!

—¡NO THOMAS, NO SÉ, NO SÉ, NO SÉ! —mi respiración la siento más agitada y el corazón me martillea los oídos. 

—¡Por favor...!

—¡NO, NO SÉ! —mis ojos pican por querer dejar escapar las lágrimas—, no sé... no sé. 

Caigo.

Siento una suave tela en mi mejilla y unos brazos rodeando mi espalda. Nunca me había sentido tan mal como lo fue todo el día, yo acepté esto y debo seguir me guste o no.
Por fin puede entender por lo que paso con esto y también me da a entender por qué Thomas no tiene alguien que le ayude, aunque a veces lo hago por querer ayudarlo, pero lo entiendo bien. 
Necesitaba esto, un abrazo, un...

—Todo va a estar bien, Laira —se aleja para mirarme a los ojos—. Respira, inhala, exhala.

Asiento varias veces haciendo lo que dijo. —Gracias.

Esto me da esperanzas.

Si hay una persona muy negativa, esa soy yo. No creo mucho. Casi toda mi vida me daba aliento de que podía seguir pero como las cosas seguían iguales dejé de creer en las esperanzas y en las "segundas oportunidades" como suelen llamarlos muchos. Si pasa, pasa, y sino... llegará el tiempo. Tan paciente tampoco soy pero sé esperar y cuando me canso de acumular y soportar muchas veces, exploto. 

Ni yo me entiendo, perfecto.

En la hora del descanso, me encerré en mi oficina. No quería que me vieran en este estado. He estado en momentos así, cuando estudiaba, pero ahora me resulta muy vergonzoso. 

Antes de que todos se fueran, la Jefa me obligó a hacer lo que menos quería: dar la cara por la empresa y avergonzarme delante de todos. 

Es excelente. 

— ... y por ese motivo, por tres meses, saldrán todos a las once de la noche de trabajar, a partir de mañana. 

Todos se sorprendieron, hasta yo, y algunos me dedicaron miradas envenenadas, otros de lástima y un grupo no me querían mirar. Como si necesitara de sus miradas y quejas para vivir.
Cuando se van todos, la Jefa me da más trabajo, yo solo tengo que aceptarlo, no queda otra.

¿¡POR QUÉ ME TENÍA QUE PASAR ESTO, POR QUÉ?!

—Está enojada, ya se le pasará.

—Eso espero —murmuro mientras nos alejamos de todos ellos.

—¿Puedes hacerme un favor?

—Dilo —para y me entrega un sobre marrón rectangular que tenía en la parte interna de su saco gris—. ¿A quién debo entregarlo?

—A mi abogado —también me pasa la dirección—. Es urgente. 

—¿Atiende hasta tarde? Porque no puedo salir y...

—Yo te cubro —mira con disimulo a todas partes.

—Pero...

—Sé distraer a Sara.

—No quisiera saber como.

No por favor. 

—Ya te dije que no mezclo lo laboral con lo personal —me mira frunciendo el ceño. 

—Ah, cierto.

Menos mal.

—Así que ve.

—¿Se lo dejo a su secretaria o...?

—Estará afuera del lugar, tiene unas puertas de vidrios oscuros. Él estará ahí esperando y a cambio te da otro.

—Bien.

—Rápido debes ir y volver —me mira a los ojos.

—Haré lo posible. 

—Gracias, ve con cuidado.

Le doy la espalda y voy casi corriendo a mi oficina, tomo la billetera y el celular. Entro al ascensor y marco el subsuelo. Llego con éxito sin que alguien más se suba. 
El estacionamiento está casi totalmente vacío, claro, con la noticia también de seguro se fueron desquitándose con sus autos. Veo el taxi está esperándome, subo y le indico en dónde es.

Debe de ser serio el asunto, nunca me pidió esto antes.
Es algo lejos el lugar así que trato de distraerme con otra cosa... y mi mirada recae en el sobre nuevamente por sexta vez. Lo tomo ya que lo había dejado en el asiento. No dice nada adelante, atrás tampoco.

No tendrías que estar revisando lo que no te incumbe. 

No lo puedo evitar. 

Como para confiarte algo...

Alto. Dice algo atrás.

Subo el nivel de brillo del teléfono, se ven unas letras con imprenta mayúscula y en cursivas: "F. S".
Son como iniciales. 



María Carrizo

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En el texto hay: amor, dolor, odio

Editado: 27.02.2020

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